24 abr. 2011

Holocausto: No hay lugar seguro...

11 de Diciembre de 2010, que difícil se me hacen escribir estas líneas con las manos manchadas de sangre,  las últimas 24 horas han sido una completa locura. Desde que salí al pasillo y me encontré a N infectada y con ganas de arrancarme el corazón, comérselo mientras aún estaba latiendo e ir a por más víctimas, hasta hace escasos minutos. El olor de cuerpos quemados en medio de un campo de fútbol, el montón de cadáveres incinerados para prevenir otro ataque.

Después de sentirme como un asesino, y acabar a sangre fría con N, corrí hasta la habitación para despertar a J. El sonido de la bala, el fogonazo del disparo entrando por la rendija de la puerta, y el gruñido ahogado de un infectado muriendo, le habían despertado. Le encontré preparándose para lo peor.

No pude decirle nada a J, simplemente entré, cerré la puerta y él mismo vio que la situación no estaba bien, me preparé para salir de ahí, escopeta en mano y la pistola nuevamente en el cinturó, J llevaba el arma de JK. Cogí una cartuchera que me habían dado en la armería de Nueva Espanza… y sin mediar palabra salimos por la puerta. Tomé la dirección contraría del lugar donde se encontraba el cuerpo de N, y aceleré el paso.

A nuestra izquierda una puerta se abrió de repente, un niño de unos 7 años salió a toda velocidad chocando contra mí y tirándonos a ambos al suelo. Las lágrimas se habían apoderado de su desesperación, la luz de un relámpago nos hizo contemplar la desagradable escena, lo que parecía ser la madre del niño estaba devorando a una velocidad pasmosa el estómago de su marido. El niño no paraba de repetirle a su madre que parara, miré a J y él me entendió sin mediar palabra, cogió al niño en brazos y se lo llevó de ahí. Más tarde nos reuniríamos.


Entré dentro de la habitación cerrando la puerta, saqué la pistola de mi cinturón, en cuanto el zombie se dio cuenta de mi presencia, se giró hacia mí. Justo en ese instante apoyaba mi pistola contra su frente apretando el gatillo que le hizo libre de su enfermedad. El cuerpo del marido, extrañamente aún con vida, reposaba sobre el escritorio de la habitación, con un esfuerzo sobre humano me pidió que no le dejara convertirse en uno de ellos, cerré los ojos… Era la primera vez que mataba a alguien que aún estaba cuerdo, que aunque su cuerpo estuviera infectado, tuviera vida. Y aunque dudé, no le podía fallar en mi promesa.

No sé el tiempo que pudo pasar, tal vez no llego a ser ni una hora, o tal vez pasaron más de dos, pero después de tantos disparos, tantos cadáveres liberados de su cabeza para que no se levantaran nuevamente. Volver a ver una cara conocida era como un regalo del cielo, lástima que esa cara no duraría demasiado y además fuera la de E.

Cuando bajé a la planta baja, donde estaba todo el centro “tecnológico” de la planta, posiblemente el mejor lugar puesto que la armería estaba a dos pasos de ahí, para defenderse. No había nadie, el silencio me acompañaba a cada paso que daba, la sala estaba con las luces encendidas, por suerte no debía caminar a tientas. Podía oír como la lluvia golpeaba contra los cristales con fuerza, unos minutos en aquella estancia eran sobrecogedores. Tanto espacio y ni un alma, y detrás de mí podía oír como alguien se acercaba corriendo. Me giré y pude ver al cobarde de E, llevaba el pecho lleno de sangre, cojeaba de una pierna… pero aún seguía vivo. Detrás de él a lo lejos 3 o 4 podridos le seguían.

Empecé a caminar, cargando la escopeta, cuando estuve a su altura, E se apoyo en mi hombro y siguió corriendo, apunté, podrido tras podrido fueron cayendo al suelo.  Me acerqué hasta E que había cogido una silla y se estaba examinando la pierna. Cuando estaba a su lado, se giro hacia otro lado, dándome a entender que no quería mostrar su herida, lo que causó más intriga en mi persona.

Al conseguir que me dejara ayudarle pude ver el desastre que le habían hecho. Lo que no entendía es como podía seguir corriendo después de lo que vi, casi llevaba la pierna colgando, apenas le quedaba carne en el músculo del gemelo, se podía ver el hueso, los ligamentos que aguantaban su pierna… Di un paso hacia atrás, E se estaba poniendo muy nervioso, golpeaba la mesa. De repente vomitó cerca de mis pies, entre sangre y bilis, no creía lo que estaba viendo. Una milésima de segundo perdida y habría muerto… se había transformado un podrido delante de ojos y se lanzó contra mi cuello. Un segundo más tarde y posiblemente sería uno de ellos. Ese momento en que pude disparar y tumbarle de una vez por todas.

Y si la noche fue mala, el día no ha sido mucho mejor, recogiendo los cadáveres y llevándolos hasta el camión para llevarlos hasta donde iban a incinerarlos, cuando J encontró el cuerpo de N se lo expliqué todo, durante unas horas prefirió estar solo… Y yo nuevamente me he refugiado en mis notas.



Hoy acompaño de este vídeo que me sirve de BSO para el texto... me gusta más que esta misma versión de otro grupo que os iba a poner. Pero bueno los CommonPlaces no tienen nada por Spotify así que os pongo el vídeo.

23 abr. 2011

Talento en las calles

Saludos amijos del nerdismo, antes de postear el siguiente capítulo de ese pequeño caos literario que tengo en la cabeza. Quiero hacer un alto y aprovechar un vídeo, que ha hecho que se me ponga la piel de gallina. Y tocar un tema que por desgracia se repite cada día en nuestras calles.

Hay un talento pudriéndose en las zonas más transitadas de nuestras ciudades, gente que canta, gente que toca algún instrumento, pintores, dibujantes y un largo etc, están ahí durante largas jornadas, amenizando nuestras caminatas por tan solo unos cuantos euros. Realmente no sé que pueden llegar a recaudar a lo largo del día... pero imagino que poco. Lo justo para poder comer algo al día.

Sin embargo vemos la Tv llena de desperdicios humanos ganando una burrada por simular un mareo, o oímos en la radio artistas (si es que se les puede llamar así), que por que han tenido un buen padrino, o simplemente un golpe de suerte, sacando discos como churros. Sabiendo que realmente ni cantan tan bien, ni son tan humildes, ni escriben ellos ni componen sus propias canciones... Algo muy frustrante. El vídeo en cuestión que ha desencadenado este post es el siguiente:



Este señor se presentó al concurso de talentos que hacían en una radio americana, con sus pintas de vagabundo, sin una guitarra que tocar. Pero aseguraba que él sabía tocarla, y quería intentar ganar ese concurso. Lógicamente para ganar el premio en metálico, ni sabía que podría optar a grabar su propio EP. Le dieron algo de ropa, le dejaron una guitarra y se puso a interpretar esta versión de Creep de Radiohead dejando a oyentes y los propios jueces del concurso con la boca abierta. Después de varios días interpretando canciones, fue elegido como ganador del concurso... optando a grabar su propio disco.

No sabemos que le deparará el futuro, pero al menos que ese dinero le haya venido bien para salir de la calle y comenzar una nueva vida. Recuerdo que cuando era un crío, me sentaba muchas tardes antes de entrar a clase o después, con un hombre muy parecido a este, se llamaba Michel aunque le llamáramos el inglés, vivía en la calle pero su manera de tocar la guitarra me fascinaba, de hecho puedo asegurar que fue quien me enseñó a tocar mis primeras notas... Le perdí de vista, y de hecho no le he vuelto a ver por la isla, pero ese hombre no tocaba la guitarra, le hacía el amor con una delicadeza jamás vista.



A disfrutar del talento callejero ;)

22 abr. 2011

Holocausto: Malas Sensaciones

10 de Diciembre de 2010, tengo un mal presentimiento, la chica que rescaté en la panadería ha caído enferma, tiene una fiebre muy alta, dice que le duelen todos los huevos. Ha sido todo tan repentino ayer estaba bien. J se está encargando de sus cuidados, debido a su carrera como enfermero está siendo de gran ayuda para los enfermos y heridos.

Desde que empezó el holocausto ninguno de nosotros había trabajado en lo suyo, J estaba ahora de enfermero, yo me había dedicado a configurar la parte informática de la base,  había conseguido recolocar el sistema de cámaras, con eso había conseguido que más gente pudiera descansar y hacer menos guardias.
Después de estar un par de días por ahí, me había topado con E, nos miramos y tan solo nos saludamos con cordialidad. Se sorprendía de verme con vida, pero tampoco parecía alegrarse. A mí simplemente me daba igual, no me inspiraba ningún sentimiento, y aunque le conocía más que mucha gente de ahí, era del menos confiaba. Solo por salvar su vida podía poner en peligro la de otros.

Hoy he recuperado mi móvil, cuando llegamos a Nueva Esperanza nos hicieron dejar todos nuestros objetos personales, para examinarnos y ver si no éramos espías del ejército. Había mucha paranoia allí dentro… No me atrevía a encenderlo y hacer la llamada que estaba esperando. Me armé de valor, encendí el móvil, un par de mensajes asediaron mi buzón de entrada. Varias llamadas, y mensajes de E. En todos se preocupaba por mi estado, pedía que respondiera… es extraño ver tanto cariño entre tanto caos y miedo. Intenté llamar pero no había cobertura. Me trataban de iluso, por no saber que el gobierno había cortado todas las comunicaciones hacia el exterior. De hecho no me di cuenta que internet había muerto y por mucho que tuviéramos Red, todo era interno.  

No entendía como me podían haber llegado esos mensajes, igual eran de antes que todo eso pasara, o alguna antena por el pueblucho hacía de repetidora y nadie con poder se había dado cuenta.
Pasaron las horas, J vino a verme a la habitación que teníamos condicionadas. Estaba preocupado, N, no mejoraba. No entendía como podía haber caído tan enferma de un día para otro. Le dieron la mejor medicación posible,  pero seguían sin reaccionar. J y yo intentamos descansar un rato.



 Ya de noche, salí por el pasillo, estaba oscuro, ese mal presentimiento iba aumentando. Salí con la pistola que le había quitado a JK en el cinturón. Aquel pasillo que otra época había estado repleto de estudiantes y luz, ahora tan solo reflejaba la emisión de los focos colocados fuera. Caminaba en busca de agua, debía traspasar el pasillo para llegar a mi destino.

Caminaba lento y pesado, asegurando cada paso. Miraba a mi alrededor y me apoyaba en la pared pensando en mis cosas, mirando al suelo. De repente una sombra se alargaba hasta el final del pasillo. Levante la cabeza, nunca se me va olvidar lo que pude ver en ese momento, una chica, me miraba fijamente. De repente un trueno rompió en la noche, un rayo iluminó toda la estancia. Era N, de su boca salía un chorro de sangre, su cabeza estaba torcida, como un perro que mira con atención a su dueño. Sus ojos rojos como el fuego, no podía creer lo que estaba pasando. N empezó a correr hacía mí gritando, gruñendo. Otro grito se oyó por detrás de ella.

Saqué la pistola y le dije que parara, no hacía caso, estaba loca, los nervios me hicieron dispararle en la pierna, cayó al suelo y me acerqué lentamente, me miraba desde el suelo. A pocos metros de ella y con lágrimas en los ojos pude ver que se había transformado en un podrido. No dudé, le disparé a la cabeza, segundos después dejó de moverse, estaba completamente muerta…

Holocausto: Nueva Esperanza II

6 de Diciembre 2010, No entendíamos nada de lo que estaba pasado, pero un golpe de suerte hizo que no nos mataran. Cuando el ejército nos dio el aviso para que parásemos, viendo que nos estaban apuntando no me dio ninguna sensación de seguridad. Pise el freno y dimos marcha atrás… a los pocos minutos una moto del ejército nos alcanzó, intenté una maniobra de escape, pero el soldado nos apuntó. J, me hizo parar el tractor en seco, el soldado se bajó de la moto, nos estuvo apuntando unos segundos, y de repente bajó el arma, se quitó el casco y enseguida le reconocí. Era Jk, un amigo desde hacía muchos años…

Estábamos lo suficientemente lejos para que no nos vieran, nos bajamos del trato y Jk nos comentó que estaba pasando. Se había declarado el Estado de Sitio, por el cual las fuerzas armadas tenían todo el poder sobre la ciudad. Tenían la orden de disparar a cualquier persona o zombie que se acercara a la ciudad, creasen peligro o no… Eso lo decidían ellos. Después nos contó que en Nueva Esperanza se había establecido un campamento base de lo que vendrían a ser los rebeldes, se defendían entre ellos con cualquier tipo de arma, e intentaban incursiones a la ciudad o poblados cercanos para conseguir alimentos. Muchos habían muerto otros habían caído a manos de los podridos o ellos mismos.

J y yo decidimos unirnos a la rebelión, nos parecía ridículo lo que estaba haciendo el ejército, y queríamos ayudar. Aunque realmente no sabía si podríamos… Jk trazó un plan, quería que le golpeáramos, nos lleváramos su moto y su arma. Ni J, ni yo queríamos, pero nos obligó necesitaba una excusa para dejarnos escapar y que no le pegaran un tiro a él. No pudimos hacer otra cosa, le dejamos un par de morados por todo el cuerpo, le robamos el arma y salimos por patas. Esta vez le tocaba conducir a J, las motos y yo no nos llevamos precisamente bien, de hecho el camino fue casi una tortura para mí más que un placer.

En pocos minutos estábamos en Nueva Esperanza… que nos podía deparar ese lugar, solo lo sabríamos al entrar.



8 de Diciembre de 2010, estoy escribiendo esto después de haber dormido casi 24 horas seguidas, aunque ahora me toca una nueva guardia. Nueva Esperanza se parece mucho a la pequeña comunidad que teníamos montada en aquel pequeño restaurante donde tantas guardias hice, solo que aquí soy uno más…

Aunque somos muchos, se respira un ambiente casi familiar, muchos de los que está aquí han perdido a sus seres queridos, y por tanto lo han perdido todo desde que los militares tomaron el mando. El nombre del lugar está bien elegido, nadie pierde la esperanza de que esto acabará, de que volverán a tener una familia a quien cuidar. Otros están seguros que sus familiares han encontrado otro sitio como este.

Me siento un extraño entre tanta gente, no consigo pensar en positivo como ellos, J está en su salsa. De hecho hemos podido reencontrarnos con la panadera, lo primero que hizo fue darme una galleta con la mano abierta en toda la cara, luego me abrazó y me amenazó diciéndome que no me volviera a hacer el valiente. Luego vio a J, se sonrojó y sonrió de oreja a oreja, me hizo mucha gracia ese momento, así que he decidido dejarles su tiempo. Que acaben lo que no pudieron hacer en su momento. Aunque he de tener siempre un ojo encima de J, han pasado muchos días y no se ha transformado un podrido… Cosa que me causa miedo, no quiero ni imaginarme qué pasar si se transformara aquí en medio, y no estuviera pendiente de él.


21 abr. 2011

Holocausto: Nueva Esperanza


6 de Diciembre de 2010, tardé casi dos días en recuperarme de mi caída, el dolor de espalda había remitido, tenía el hombro al 100%. R era un auténtico genio con las medicinas naturales, hacía ungüentos para cualquier tipo de herida, golpe, quemadura, y en cuestión de horas sanaban. No me quiero ni imaginar que podría hacer con un poco de opiáceo…

J, aunque le estaba agradecido por haberme curado. También estaba algo receloso aún por haberle atado, aunque le explicó sus motivos extraoficiales, pensando que éramos saqueadores… J no era tonto y sabía que algo raro había. La suerte es que salimos de ahí armados, por lo menos yo. R, me regalo la escopeta que había usado para deshacerme de los zombies en su casa aunque el motivo no era para un enfrentamiento directo.

Aún no sabíamos si J se transformaría en un podrido, habían pasado 48 horas desde que le mordieran, y no había dado síntomas. También cabe la posibilidad que los sedantes que le dio R, hubieran entorpecido el proceso de mutación. Pero si el final era inevitable, tenía que estar bien armado para acabar con su sufrimiento.

Me pregunto si seré capaz, vale puede que se convierta en un zombie, y lo primero que hará será intentar comerme. Pero seguirá siendo mi hermano, por que no dejar que se alimente de mí… y yo… me transformaré como él. Se acabó el problema. Realmente no sería capaz de transformarme en un bicho de esos, si supiera que estoy infectado me pegaría un tiro. Y creo que J también lo habría hecho.
Pero cuando el mundo está sumido en un caos, has visto como tus amigos caían presa de los podridos mientras que lo único que podías hacer, era correr como un cobarde. Pensar que tus padres están más que muertos…  Te aferras a un clavo ardiendo para no quedarte solo en ese infierno. 

Después de varias horas caminando, llegamos hasta la carretera de nuevo, habíamos bordeado el pequeño arroyo, habíamos atravesado el campo tal y como nos dijo R, viendo verdaderas atrocidades cuerpos colgando de árboles, muchos de ellos sin cabeza. Ni el paraje ni el olor eran lo más alentador del mundo, pero si seguíamos el camino como tocaba, aunque nos atacaran zombies, no llegaría a pasarnos nada. Y así fue, un pequeño grupo de 4 infectados, perdidos por el monte, intentaron llegar hasta nosotros, sin verlas venir, varias trampas les atraparon y decapitaron, un espectáculo digno de cualquier carnicería dentro del circo romano.



Ya en la carretera, seguimos el camino que nos llevaría hasta la ciudad, aunque estaba demasiado cansado para seguir andando, la rodilla empezaba a darme problemas. Así que decidí pararme a coger aire y respirar. Necesitaba aliviar ese dolor que se genera en mis ligamentos… J estaba preocupado, pensaba que la espalda volvía a dolerme. Le tranquilicé diciéndole que era mi lesión de toda la vida. 

Nos sentamos en el suelo, el lugar estaba desierto, ni un coche, ni una persona, ni un ruido, y lo mejor de todo ni un zombie. En ese momento J me habló con sinceridad, sabía que algo no andaba bien y quería saber que pasaba. Había estado negando lo evidente, sabía que ese momento llegaría y tendríamos esa charla que me daba tanto miedo. 

No pude negarme, le expliqué todo lo que sabía hasta el momento de su situación. Le dije que creía que podía estar infectado, ya que tenía unas marcas de un mordisco cerca de las costillas. Él  bajó la mirada y decepcionado me dijo que esperaba que ya le hubiera disparado, sabía que había sido mordido, de hecho agradeció los cuidados de R y sobre todo el haberle atado. Me explicó que realmente su intención cuando me atacó en el arroyo era la de dejarme noqueado y a salvo en algún lado. Después de que todo se truncara, me hizo prometerle que le dispara en cuanto se transformara, de momento quería ayudarme a llegar a la ciudad… él aún mantenía la esperanza de encontrar a alguien con vida.

Después de esa conversación tan profunda, divisamos un tractor en medio del campo… Nos reímos a plena carcajada. Nuestra risa parecía cada vez más enferma, el eco nos devolvía la misma enfermedad. Un viejo tractor verde, bastante oxidado, pero nos sirvió, arrancó a la primera, me subí a la aleta de sus grandes ruedas. J me miró y me instó a que lo llevara yo, hasta ahora había conducido él… En realidad pensaba que no podía ser muy difícil llevar ese trasto, al fin y al cabo había jugado a muchos videojuegos. 

Pasamos por la entrada a la universidad, un cartel nos llamó la atención, Bienvenidos a Nueva Esperanza, se leía en letras grandes. No paramos… teníamos un objetivo y habíamos perdido demasiado tiempo.
Cuando llegamos a la entrada de la ciudad, desde lejos podíamos observar 2 furgonetas del ejército que cortaban el paso. La situación debía estar jodida para tener al ejército apostado ahí… cuando nos acercamos a una distancia que para nosotros parecía una eternidad, una voz potente guiada por un megáfono nos instó a que nos paráramos o abrirían fuego…

19 abr. 2011

Holocausto: Mayday, Mayday!!!

4 de Diciembre de 2010, en mis largas noches de guardia me preguntaba qué podría haber más peligroso que un zombie hambriento. Ese día lo descubrí, un cazador al que le habían invadido su casa.

Cuando entramos en la pequeña cabaña, no encontramos rastros de mucha tecnología, una pequeña radio de campaña reposaba sobre el escritorio. Un centenar de hojas escritas a mano relataban hazañas heroicas sobre verdaderas carnicerías y poco más. J buscó un poco de alimento no enlatado en la cocina y un poco de agua potable. Yo cansado por todo lo que estaba pasando y las noches que llevaba sin dormir, me senté en un cómodo sillón… poco a poco mis parpados se fueron cerrando hasta que quedé dormido en un sueño profundo.

No sé cuanto dormí pero lo cierto es que mi despertar no fue mucho más plácido que otros días, una escopeta de doble cañón a escasos centímetros de mi cara. Un hombre sureño, un verdadero armario de 2 por 2, me estaba apuntando a la cabeza. Rápidamente sin hacer movimientos bruscos miré alrededor buscando a J. Le encontré adormilado, amordazado y atado a una de las sillas de la cocina.

Respiré profundamente y con voz firme incité al cazador a que me matara, realmente no tenía nada que perder. El cazador jaló el gatillo y segundos después me quitó el arma de la cara. Después de esa nueva experiencia frente a la muerte, el cazador se presentó. Me explicó que había tenido que amordazar a J ya que al verlo lleno de sangre y con tantas heridas pensó que era uno de los podridos que se había colado en casa. No me tomé muy bien que le amordazara de esa manera y le inste primero a que me soltara, y segundo a que explicara por qué a mí no me amordazó.

Su respuesta causó un choque en mi mente que me dejó inmóvil durante unos minutos. Había estado examinando el cuerpo de J por las heridas y el mío. Debía estar tan cansado que ni me di cuenta, y en mí no había encontrado nada raro. Sin embargo había una marca de dientes que podía significar que un infectado había mordido a J. Cuando salí del shock, me explicó que nada era seguro, pero prefería no arriesgarse, ya había matados a otros mordidos por zombies y no era nada agradable.

Empezaba a caer la noche y J seguía dormido, la droga que le había inyectado dejarle sedado durante buena parte del día, también era un indicativo para saber si estaba infectado. Encendió la chimenea y me hizo cargo de la radio, repitiendo el mensaje que había escrito en uno de los folios. Un mensaje de auxilio, intentado comunicarnos con otro ser humano. Después de varias horas repitiendo el mensaje llegó la hora de cenar… me sentía frustrado por no poder desatar a J, de hecho en una ocasión lo intenté, pero nuevamente sentí como me apuntaban en la nuca. R, era increíblemente ágil y sigiloso para ser un hombre tan grande.

Ya cenando, intenté saber qué hacía allí y por qué no había salido del bosque, con su habilidad podría haber llegado a la civilización. Tenía las ideas claras, ahí estaba el solo con la naturaleza, sabía que podía morir, pero nadie le aseguraba que un núcleo urbanita le ofreciera más protección contra los podridos que dónde habitaba.  Sin percatarme de nada, la cara de R cambió, se puso serio y se levantó llevando consigo su escopeta, me miró y me señaló un pequeño armario cerca de la chimenea.


Me acerqué, abrí la fina puerta de madera, dentro había 4 escopetas más, y varias cajas de cartuchos. Le miré, y no hizo falta decir nada más. Cogí una escopeta corredera, una caja de cartuchos y seguí a R. Sin duda su oído era finísimo, en cuanto salimos por la puerta el tintinar de unas campanillas se escuchaba levemente. R cerró la puerta con llave y me hizo seguirle hasta una escalera que llevaba al techo de la cabaña. Subí, esa sería mi posición, lanzó la escalera al suelo para que nadie inteligente pudiera subir por ella hasta a mí.

Él empezó a moverse entre los arbustos inspeccionando la zona. Unos segundos después oí el primer disparo, gracias a la luz del fogonazo pude observar unos 10 podridos que se acercaban lentamente hasta la casa, con un gesto R me indico que cubriera la parte trasera. Me acerqué hasta ahí, me aposté para poder disparar con más comodidad. Mientras oía disparos de la parte delantera, podía ver gracias a los fogonazos de luz donde venían los zombies. Apunté… y bingo! El primero cayó como una mosca. Después de varios disparos y de creerme el rey del mundo. Me levanté y disparé a los últimos podridos. Graso error.

El retroceso de la escopeta me hizo perder el equilibrio y caí del tejado como un saco de patatas, me hice añicos la espalda, el arma cayó unos cuantos metros alejada de mí. Y entre la conmoción del golpe podía oír unos pies arrastrándose hacía mí, cada vez estaban más cerca, me arrastré gritando de dolor, ya que no podía levantarme, cada brazada que daba para llegar hasta el arma era una agonía. Cuando estaba a punto alcanzarla, noté como unas manos afiladas me agarraban el gemelo tirando de mí, me giré y ahí estaba un podrido, tirando de mí, arrodillándose lentamente para morder su manjar preferido.

Saqué fuerzas de donde no las había y le golpeé con mi otra pierna, eso me dio unos segundos de vida para alcanzar por fin la escopeta. Cuando la tenía ya en mis manos, me giré, justo a tiempo para meterle le cañón al zombie que se había lanzado sobre mí. Sus ojos clavados en mí, sus manos intentado golpearme sin suerte. Respiré profundamente y disparé… todo habría acabado si no me hubiera quedado sin balas, después del último disparo debía haber recargado. Uno segundos después oí un disparo y la cabeza del podrido reventó en mil pedazos, llenándome la cara de sangre. R, había llegado a tiempo para salvarme la vida, nunca se lo podré agradecer… 

18 abr. 2011

Holocausto: Desterrados II

3 de Diciembre de 2010, después de pasar la noche en el bosque, sanos y salvos, el sol empezó a asomar por el horizonte. No sabíamos la hora en la que nos podíamos encontrar,  durante la caída J había perdido su preciado reloj. Y yo nunca he sido de llevar relojes… una vez que la luz empezó a incidir con fuerza pude ver todas las heridas que se había hecho J.

Varias magulladuras por todo el abdomen, cientos de pequeños cortes por todo el cuerpo, un corte en la cena que habíamos podido cortar la hemorragia gracias al agua del arroyo. Nunca me había sentido tan aliviado de no ser él, después de todo lo que habíamos pasado, tan solo tenía unos pequeños cortes superfluos en los brazos, y algunos  en las manos tras todo el trabajo que había realizado para crear las armas.

Estaba todo tranquilo, no había indicios de zombies a las cercanías, tampoco habíamos podido pegar ojo, esta vez queríamos estar los dos en pie por si había que salir corriendo. Durante las horas que pasamos en silencio no paraba de pensar en el momento en que vi como J era arrastrado a una muerte casi segura por el precipicio. Y me preguntaba que habría hecho yo en ese momento, me hubiera rendido o habría seguido luchando, es algo que nunca podré saber.

Cuando la niebla de la mañana se escampó, J y yo decidimos que era hora de movernos, volver a la carretera, encontrar algún método para salir de la zona e intentar llegar hasta la ciudad. J quería volver a subir por donde habíamos bajado. Pero razonando que por ahí podríamos encontrarnos con podridos, le comenté deberíamos seguir caminando a través del bosque, ya que no habíamos visto indicios de podridos.
Una vez elegido el camino nos pusimos en marcha, los dos caminábamos pesadamente, entre sus golpes y el cansancio de ambos, debíamos reservar energías por si acaso. Si no hubiera sido por el miedo a ser atacados, podríamos haber asegurado de que estábamos dando un paseo por uno de los paisajes más bonitos que nuestros ojos habían visto.

No podía asegurar cuanto habíamos caminado, ni en tiempo ni kilómetros, pero parecía que el sol estaba picando con mucha más fuerza, el sudor empezaba a escocer en las heridas de J. Podía verle la cara, pero dado a que siempre le digo que es una princesa cuando le duele algo, se estaba haciendo el duro. Saqué una botella de agua de mi mochila que había rellenado en el arroyo y se la di para que se refrescara o al menos limpiara sus heridas.

Mientras se paraba para adecentarse las heridas, yo me subí a un árbol. J no daba crédito a lo que estaba haciendo, pero todo tenía una lógica explicación, y funcionó. A lo lejos en medio de una explanada, pude divisar una pequeña casa de madera, de la chimenea salía humo. Miré a J con una cara de satisfacción y le marqué el nuevo rumbo a seguir.

Sin prisa pero sin pausa fuimos hasta su localización, durante el camino una macabra escena nos sobre cogía el corazón. Una veintena de trampas de Oso, colocadas estratégicamente para que destrozaran literalmente la cabeza de cualquiera que cayera sobre ellas. Y parecía que funcionaba, el mismo número de podridos muertos.

Encontramos casquillos de armas, y cartuchos de escopeta vacíos, alguno que otro podrido colgado de los árboles, eso parecía una verdadera masacre.  Ahora comprendíamos porque esa zona estaba libre de infectados. El olor realmente era nauseabundo, no parecía que fuera reciente la caza del infectado.
J y yo pensamos en que tal vez en esa casa encontraríamos al autor de esta dantesca escena, y podría echarnos una mano a salir de nuestra situación. Así que llegamos hasta la casa, nada más llegar a la puerta toqué con los nudillos... No contestó nadie. J se asomó por la ventana y no vio nadie dentro. Giré el pomo de la puerta y ésta se abrió dejándonos entrar sin problemas a la casa.

La casa parecía el museo de cualquier cazador, totalmente limpia, se notaba que quien viviera ahí era un ser ordenado.  Y de repente oí un sonido familiar de mi mochila, venía del bolsillo donde guardaba el móvil y una carcajada salió de mi boca pude observar un mensaje tan claro: “Daddy, estás bien? QUE COÑO ESTÁ PASANDO EN MALLORCA??”.


Holocausto: Desterrados

2 de Diciembre de 2010, todo el mundo sabe que cuando las cosas van mal… siempre pueden ir peor.  Aunque es increíble lo que está durando este boli, y este pequeño bloc de notas. Parece casi más resistente que nuestra fuerza de voluntad. Pero después de esta huída fatídica poco falta para que perdamos la cabeza y acabemos matándonos a nosotros mismo.

Después de salir de la azotea, y encontrar una vía de escape para salir de ese pueblo infestado de podridos, las cosas no mejoraron mucho. Encontramos un pequeño coche, llevaba algunos golpes a los lados, los cristales de ambas puertas rotos… Pero el motor, aunque costó, arrancó. El coche era tan pequeño que apenas cabíamos 3 de nosotros.  La suerte por una vez no nos daba la espalda, y a unos escasos metros del coche había una moto, de pequeña cilindrada. Por la situación y la sangre que había en el suelo, parecía que el coche había atropellado a la motocicleta.

J, la cogió, la probó y con la dirección bastante tocada, por lo menos se podía conducir. Eligió subirse en ella y que los demás fuéramos en el coche. Y así fue como partimos por un camino largo, oscuro y con muchas curvas… la ansiada libertad.

Cuando llevábamos un par de kilómetros, en un pequeño paso que daba paso en la curva a un barranco bastante profundo, J decidió adelantarnos y usar la luz de coche para guiarse por tan oscuro paraje. Su montura iba sin luces desde hacía un rato, y debida a la densa oscuridad prefirió ponerse delante del coche, a una velocidad de crucero que no nos retrasara demasiado.

La inercia de la curva hizo que me girara hacía la izquierda, mirando una roca que se agolpaba a la vera del arcén. Mi mirada siguió subiendo hasta encontrarme con una grotesca visión de un podrido abalanzándose sobre J y su moto. Todo ocurrió en decimas de segundo, y cuando quise darme cuenta J estaba rodando colina abajo, desapareció en la espesa noche junto al podrido.

Ante el asombro de la situación, y viendo que el conductor no tenía intención de parar el coche, puse el freno de mano. Las ruedas frenaron en seco, dejando ese desagradable olor a rueda quemada detrás de nosotros. Cuando fui a salir del coche noté como se me arrugaba la camiseta y me tiraba del cuello. E, estaba agarrándome y empezó a darme explicaciones de por qué no debía ir a ver qué había pasado con J. Me recordó la regla de que no se volvía atrás por nadie, y me instó a que si salía del coche él seguiría su camino junto a la joven panadera.

Posiblemente mi única familia viva, había caído por un barranco y algo me decía que no podía estar muerto. Les expliqué que mis esperanzas de sobrevivir eran leves, pero tenía claro que no iba a dejar a mi hermano pudrirse en ese sitio. Le iba a sacar como fuera. Aunque comprendían mi dolor, no estaban de acuerdo en que me fuera… pero no podían detenerme.

Salí del coche, cogí mi pequeña mochila de suministros, me armé con el bate de baseball. Cerré la puerta del coche, y golpeé el capó para que siguieran su camino. Por la luna trasera podía ver como la chica me miraba, con lágrimas en los ojos y se despedía sin entender muy bien porque su salvador había decidido quedarse atrás. Encendí la linterna y me asomé al barranco, no fue fácil pero bajé agarrado a toda rama saliente que me pudiera aguantar tras un mal resbalón.

Al llegar abajo, me acerqué a un pequeño riachuelo, enfocando a las piedras con la linterna encontré restos de sangre. Hubiera temido lo peor si no fuera porque dos metros más y encontré el cuerpo del zombie con la cabeza llena de golpes… Oí pasos detrás de mí, y menos mal que me dio tiempo a reaccionar ya que de otra manera hubiera acabado con el cráneo roto. J, pensaba que era un podrido que había llegado hasta allí y esgrimiendo un tronco casi me abre la cabeza.

J, estaba lleno de sangre, moratones por todos lados, raspaduras por doquier, pero estaba vivo… milagrosamente me contó que durante la caída pudo usar el cuerpo del podrido como parapeto y al chocar contra las rocas su golpe fue acolchado. Después de eso me echó la bronca por haber ido a buscarle, y me abrazó. Ahí estábamos los dos en medio de no se sabe dónde, tan solo nos quedaba rezar para que el bosque no acabara definitivamente con nuestras vidas.


17 abr. 2011

Holocausto: Sin salida

30 de Noviembre de 2010, hace casi una semana que no escribo estas líneas que me separan de la locura… y no ha sido por falta de ganas, sino por falta de tiempo.  El grupo se ha reducido drásticamente, tan solo quedamos la chica de la panadería, el tozudo de E… y por suerte mi hermano J, y yo.

Después de varias incursiones al pueblo a recuperar más víveres y armas, aprendimos que el hambre puede conducir a un grupo de podridos a tornarse mucho más inteligentes de lo que aparentan. Sin darnos cuenta empezaron a agruparse en las puertas y ventanales del pequeño restaurante que usábamos como refugio. Cada día que pasaba estábamos más condenados a morir, reducidos reductos de zombies se agolpaban hora tras hora detrás de los muros que nos protegían.

Durante esta última semana una frase sonaba en la cabeza de todos, “estamos muertos…”, nos mirábamos a la cara y veíamos el rostro de decepción en algunos, otros el miedo, y en el  de J solo había resignación. Yo hacía tiempo que había sumido que no volvería a ver a mis seres queridos, que posiblemente no sobreviviríamos en estas precarias condiciones, pero no iba a morir sin luchar.

Mi tempo era limitado, cuestión de días, horas o tal vez minutos en que algún podrido consiguiera tirar una puerta abajo, romper un ventanal, un par de tablas mal puestas… no había luz, no había teléfono, no había forma de salir de ahí sin ser vistos. Pero mi mente no aceptaba ser uno más y dejarme llevar por el pesimismo. Me he dedicado el tiempo que he podido a preparar armas, palos con pinchos, orcas de doble cabezal… Por suerte J me ayudó en la ardua tarea.

Los demás simplemente no querían perder sus energías en algo que creían que no podía salir bien, sin duda no les faltaba razón. Ni yo mismo creía poder salir de ahí… Esa semana se me hizo mucho más larga que el otro tiempo, lo estaba casi pasando solo, sumido en mis pensamientos, buscando un plan que pudiera funcionar en mi cabeza. J hizo buenas migas con la panadera, así que les dejé acercarse. Es un holocausto… quien te va a juzgar por tirarte a una menor. No se lo he dicho, pero creo que me conoce bien para saber lo que pienso.

Y el día fatídico llegó, una noche de luna llena, los demás dormían mientras yo hacía guardia. Podía verles ahí, pegados al cristal, golpeando una y otra vez sin cansarse.  Me hacía gracia pensar cosas tan triviales como si los podridos tenían miopía, eran momentos en los que mi mente se evadía de la realidad y todo era mucho más gracioso. Cerca de las 3 de la madrugada, la luna estaba en pleno auge, los rayos atravesaban el cristal y se reflejaban en mi cara.

Un pequeño ruido casi imperceptible, un segundo en el que todo se paró, en cámara lenta… Ya no había vuelta atrás, los podridos habían encontrado el modo de entrar. Todos agolpados contra el cristal, una pequeña brecha quebró la luna y un grito ahogado alertó al grupo. Después de despertarles, me giré empuñando un bate de baseball tachonado. Dos segundos más tarde estaba en el suelo con dos zombies intentado morderme, y otros tantos entrando por la vía que habían abierto.

Hice un acopio de fuerza para quitármelos de encima, J golpeo a uno en la cabeza, yo terminé con el otro… pero cuando nos dimos cuenta más de 10 estaban dentro del local, se acercaban pesadamente pero sin parar. Por una vez, E, había encontrado algo útil, una pequeña salida a la parte superior del piso, una terraza descubierta. Sin pensarlo dos veces entramos por la escalera y cerramos la puerta de la azotea. La vista no era mucho más acogedora, cientos de ellos estaban paseando libremente por las calles, como se había multiplicado de esa forma, nadie lo sabía… pero lo cierto es que ahí estaban.

Minutos después de nuestro asombro, pudimos ver como la puerta de metal que nos separaba de una muerte segura, empezaba a aboyarse, la cerradura parecía que iba a ceder de un momento a otro. Y ahí apareció el señor P, un hombre mayor que iba cada mañana a desayunar a esa cafetería, que se había visto envuelto en esa tortuosa situación viendo como un podrido devoraba a su esposa… Se apeó delante de la puerta y nos hizo señales para que continuáramos nuestro camino. Un héroe, allí donde estés, mil gracias.

J divisó desde la lejanía un camino que parecía limpio de infectados, un pequeño salto entre terrazas colindantes, y estaríamos un paso más cerca de la libertad. Me quedé rezagado, el valor del señor P me había llegado al corazón y mientras todos iban saltando sin mirar atrás, yo le observaba y le daba las gracias con la mirada, segundos después la puerta se le echó encima, un tumulto de zombies entraron cebándose con él… Mi única reacción fue lanzar a modo de jabalina el palo de escoba que había preparado como lanza, atravesando el cuello del zombie que estaba mordiendo su tórax, una última cruzada de miradas, entre ese héroe y yo había bastado para darme fuerzas y continuar, mientras J me gritaba desde el otro lado alentándome a que saltara… Nos hemos salvado una vez más, pero me pregunto si la próxima vez será igual… 


Y un poco de sonido para ambientar que hoy me apetece: Bso Walking Dead

16 abr. 2011

Holocausto II

23 de Noviembre de 2010, se ve algo de luz al final del túnel. Después de casi 20 días, los podridos dan síntomas de debilidad, están demasiado hambrientos para moverse con algo de peligro. Puedo observarlos desde la ventana, cada vez caminan mucho más lento, muchos están tumbados en el suelo como si hubieran vuelto a morir… Pero todos sabemos que no es así.

Parece que el sol les perjudica, tal vez será el calor que emana, o simplemente la luz, pero entre el hambre y la luz solar se han convertido en unos dóciles perros abandonados. Eso sí, no dudarán en comernos si nos cogen. J y yo, hemos planeado salir a buscar suministros, alimentos y armas, cuando el sol más pegue. Si todo sale bien tenemos unas 3 horas, si salimos a las 12:00 y volvemos antes de las 16:00. El problema es que los demás no quieren salir… y parece que vamos a tener que ir solos.

Con la expedición del otro día, creen que tenemos comida para pasar unas semanas más si la racionamos correctamente. Estoy harto de racionar comida… es un puto apocalipsis, podemos comer hasta hartarnos y gratis, y lo gratis siempre es bueno. De todas formas, tenemos muy claro que vamos a salir por esa puerta. Nos estamos volviendo locos, encerrados como animales, vamos a morir de una manera u otra. Mejor morir luchando que morir enjaulado. Al menos eso es lo que pienso yo. Se acerca la hora… voy a preparar mi equipo y salir por esa puerta. Espero volver de una pieza.



24 de Noviembre de 2010, estoy en un estado bastante raro, por una parte me siento como un enfermo psicópata y por la otra me siento como un héroe. El plan de ayer funcionó a la perfección, pero trajo consecuencias que no sé si me pasarán factura con el paso del tiempo.

Como estaba dictado, salimos a las 12:00 por la puerta trasera de la cafetería, en el pequeño callejón tan solo había un podrido, tirado en el suelo, casi sin fuerzas para moverse. Sin embargo su olfato era digno de admirar, dos pasos y nos olió como si fuera un perro de caza. Intentó arrastrarse hacia nosotros, J cogió el palo de madera que llevaba para protegerse, yo empuñaba un palo de escoba al que le había sacado punta como si de un lápiz se tratara. J le golpeó rápidamente en la cabeza, yo no me quedé atrás y le ensarté la cabeza como si fuera un pinchito. Aquí empieza lo preocupante, sentí un placer increíble al ver como acababa con el muerto viviente. No tiene porqué ser malo verdad?

Después de eso, los dos salimos por el callejón que daba a la calle principal, ahí estaban un grupo tirado en el suelo, y otros tantos caminando de un lado para otro, a paso lento e irregular. Muchos se chocaban entre ellos, parecían desorientados. Era el momento, J y D, juntos de nuevo como los dos hermanos de aquella serie que nos gustaba tanto. Nos miramos, hicimos la cuenta atrás y salimos corriendo como almas que lleva el diablo.

Cada cual en una dirección diferente, con objetivos claros. La gente se preguntaría en este caso si no deberíamos seguir juntos, y si posiblemente nos arriesgábamos más de la cuenta así, pero qué coño son zombies, muertos resucitados, creo que los dos podemos correr más que un podrido. Así abarcamos más terreno, cada cual equipado con la mochila de las excursiones a la espalda, un par de cacerolas colgando de los cinturones y cada cual con un arma contundente en la mano.

Mi destino fue bastante placentero, en mi recorrido encontré una pequeña tienda de bricolaje. Martillos, clavos, pequeñas hachas para cortar madera, un par de horcas para la paja… no había mucha más cosa, estábamos en un pueblo pequeño a las afueras de la ciudad no podía esperar nada más.  Después de esa pequeña tienda de herrería encontré, otra pequeña tienda de pueblo. La típica panadería que cada mañana asaltaba el pueblo con su olor tan especial, cuando el pan está recién hecho y más ganas dan de comérselo.
Entre por la puerta, como pude ya que estaba un poco atrancada, el olor era nauseabundo, pero una vez dentro no podía echarme atrás. Podía ver en la oscuridad gracias a una pequeña linterna que llevaba conmigo, pan mohoso por todas partes, en las estanterías hallé el tesoro, pequeñas latas de conservas de varios alimentos… y junto a la siguiente estantería el cuerpo de una mujer, semidesnuda.

Lo toqué levemente para ver si era un podrido al que había que rematar, no parecía moverse ni un ápice. Enfoqué la cara y no había síntomas de infección, revisé el cuerpo y tampoco había mordiscos por algún lado. Empecé a golpearle la cara, la muchacha empezó a responder a los estímulos. Cuando abrió los ojos y me vio sobre ella, se asusto y empezó a golpearme… después de unos cuantos manotazos en la cara pude atraparle las muñecas e intentar dialogar con ella.

Era una cría de 17 años, trabajaba en la panadería y el holocausto zombie la cogió por sorpresa, como a todos. Me contó que gracias a su padre pudieron tapiar la puerta principal y la trasera y quedarse ahí. Sin embargo una de las noches, los podridos hicieron hueco en la entrada y cogieron a su padre. Después de eso, volvió a tapiar la puerta como pudo e intento sobrevivir con  la comida enlatada. La verdad es que no lo había hecho nada mal hasta ese momento…

No le quise preguntar por qué iba tan ligera de ropa, las chicas cada vez se ponen modelitos más extraños, pero se ve que mi rostro delató lo que estaba pensando y me comentó que había usado los trozos de ropa de su vestido para tapar los resquicios de luz, para que no pudieran verla a través de ninguna ranura. Al fin y al cabo, los zombies no piensan en que detrás de una puerta puede a ver algo más que nada. Actúan por el instinto asesino, eso nos daba una ventaja.

Convencí a la chica para que viniera conmigo, nuestro refugio era bastante más agradable que esta pequeña panadería llena de pan mohoso y que pronto atraería a todas las ratas del pueblo. Le di una de las horcas, y salimos de aquel tugurio bien cargados de mercancías.  No tardamos en llegar a nuestro refugio, por el camino nos topamos con J, que venía corriendo a toda velocidad. Detrás suyo un rebaño de podridos se acercaba pesadamente, J había conseguido cargar su mochila de alimentos, así que el peso hacía que fuera más lento que nosotros.  Comuniqué a la chica que se acercara a la puerta y diera la clave para que abrieran, mientras empuñando una de las horcas que había conseguido, cubría a J de que ningún zombie se le acercara. Sanos y salvos, con provisiones y nuevas armas… Un día bastante completo.




14 abr. 2011

Holocausto

22 de Noviembre de 2010, han pasado exactamente 17 días desde que empezó el holocausto zombie. Nadie sabe cómo ni qué ha hecho que los muertos revivan y están hambrientos.  Son las 3 de la madrugada y estoy escribiendo esto en un pequeño blog de notas que he podido rescatar en nuestra escapada matinal en busca de alimentos. Aprovecho estos momentos de guardia para no caer sucumbido en el sueño, escribiendo las pocas líneas que soy capaz de pensar sin desmoronarme.

Hace 18 días estaba tan plácidamente acampando con un par de amigos en medio de la naturaleza, y hoy estoy en un pequeño pueblo a las afueras de mi ciudad, vigilando que los apestosos zombies no encuentren un hueco por donde pasar y devorarnos a todos. Siempre había pensado que si pasaba algo así, estaría preparado para ello… demasiados libros, películas, historias. Y ahora sé que por mucho que esté preparado para sobrevivir, no he sido capaz de proteger a todos mis amigos. Del grupo solo quedamos 2, nos sorprendió un reducido grupo en medio del bosque… estaban tan hambrientos que su fuerza parecía inhumana, se abalanzaron sobre la tienda de campaña. Solo pudimos salir de ahí 2, y correr con todas nuestras fuerzas, para los demás era demasiado tarde.

Podía oír sus gritos, sus llantos, podía sentir como desgarraban la carne de sus huesos y la masticaban sin piedad. Durante unos segundos mi orgullo, me hizo pararme y querer volver atrás, no podía dejarles ahí. Pero J estaba ahí, me arrastró con él con lágrimas en los ojos. Llegamos hasta el coche casi sin aliento y no paramos hasta llegar al pueblo más cercano.

Aquello era un caos, infectados por todas partes, coches ardiendo en medio de la calle, gente huyendo, niños perdidos de su familia. Un tumulto de infectados intentó parar el coche, de repente golpes y más golpes, hasta que consiguieron romper parte de la luna trasera. J empezó arroyarlos hasta que una maldita farola imposible de divisar por el disturbio nos paró en seco. Destrozando literalmente el morro del coche… por suerte para nosotros los airbags nos salvaron la vida.

Salimos del coche, buscando entre la multitud un lugar donde escondernos, se podía oír disparos y la voz de un hombre tosco dando indicaciones de donde ponernos a salvo.  Y aquí es donde paramos, una pequeña cafetería que por suerte no está mal reforzada. En un principio éramos una veintena de personas… ahora tan solo quedamos 6.

Los más osados, salieron a primera mañana buscando suerte y encontrar un modo de comunicarse con otros, saber si podíamos recibir ayuda era primordial. Nunca se imaginaron que los podridos aún estaban con energías, pudimos verlo desde una ventana trasera de la cafetería, los acorralaron y se los zamparon delante de nuestras narices. Durante estos 17 días he comprendido que hacerse el valiente solo te lleva a una muerte asegurada. En estos pocos días hemos aprendido a convivir y a trabajar como un equipo. Las reglas son simples, nadie sale solo, no se vuelve atrás a por ningún rezagado, tan solo nos llevamos lo imprescindible para sobrevivir.

Puede ser cruel el no volver atrás a por nadie… pero ya nos pasó factura cuando aún éramos 10, S, una simpática cajera de supermercado. Cuando volvíamos de una incursión en dicho establecimiento con reservas de alimentos, se torció el tobillo en la carrera, su novio no la iba a dejar atrás… Los demás cedimos, volvimos para ayudarla. Segundos después la horda de zombies estaba encima de nosotros, S y su novio fueron los primeros en caer, dos chicos más al ver cómo estaban a punto de cogerlos tiraron de ellos para ayudarles. Lo único que consiguieron es tirarse a la horda encima. Así es como acabamos siendo 6, he de decir que el siguiente podría haber sido yo, ya que mi idea fue la misma que la de aquellos dos chicos, por suerte y para desgracia de ellos. Llevaba demasiado peso, demasiada mercancía vital, para soltarla y llegar a tiempo.

No hemos tenido contacto con nadie más durante estas dos semanas, nadie ha llegado hasta el pueblo y nadie ha salido. De los que quedamos la mayoría aún se motivan pensando que cuando salgamos de aquí verán a sus seres queridos. Yo lo doy por perdido, si han llegado hasta aquí, los núcleos urbanos serán los más arrasados. Y si no fuera así seguro que habrían mandado ayuda.



10 abr. 2011

Y es que un par de Ostias a tiempo siempre vienen bien!!!

Tranquilos amigos del nerdismo, el título no es que me apetezca darle un par de ostiejas a alguien, pero que ehh a mí darle un par de ostiejas a alguien porque sí siempre me ha gustado.
Pero bueno el tema es que este fin de semana me he juntado con un buen amigo, y nos hemos hecho un par de sesiones de cine.

Al tener poco tiempo hemos elegido varias películas en las que esperabamos ver acción sin más... pero el caso es que una ha sido algo más complicada y la otra ha tenido momentos en que nos ha hecho reflexionar. Sin duda, no puedo decir para nada que hayan sido malas elecciones, sino todo lo contrario. A mí personalmente me han gustado mucho.

La primera que vimos fue una película basada de un cómic de DC, un thriller a la americana en el que nuestro protagonista es el encasillado Bruce Willis en el papel de Frank Moses. Un retirado agente de la CIA que dedica su vida a la nada, y a hablar por teléfono para quejarse de que no le llegan sus recibos... Sin duda verle a él, es como ver al mismísimo John McClane con unos cuantos años más (para el que no lo sepa... el prota de Jungla de Cristal).

El reparto de la pelicula no se queda ahí, encarnando a otros ex-agentes tenemos a dos actorazos como son Morgan Freeman, John Malkovich y una antigua dama, Helen Mirren. Sin duda el mejor papel de esta película no podía ser ni nada menos que para JM, su personaje es un paranoico conspirador que nos sorprendará a todos en más de un momento. En fin a lo que iba que me lío!!

El argumento de la película es sencillo aunque tiene momentos que te hacen pensar pero ahí va: 4 amigos que se unen para sobrevivir al intento de asesinato de cada uno de ellos... el porqué lógicamente no lo voy a desvelar, solo diré que de ahí viene el nombre del film: RED




La siguiente película que me deleitó fue una dirección de Zack Snyder, ¿qué, qué no sabéis quién es? Por Dios en que mundo nerdo vivimos!!!, fácil si os digo 300 o Watchmen seguro que ya os suena más... Zack reventó las taquillas del cine con su visión sobre el "slow motion", gracias a esa tecnología se podía deiletar con cruentas luchas, saltos, efectos y un largo etcetera.

Y como no de nuevo para esta película lo ha vuelto a usar, sin duda sabe cuando usarlo y como impactar más sobre el espectador. En este film, nos lleva a un mundo de locura en el que nada es lo que parece y todo puede cambiar. Gracias al poder... al poder de la imaginación. Una dulce joven de 20 años es internada en un psiquiátrico de los años 55, después de que su padrastro intentará violarla y matarla. Como ya hizo con su madre para quedarse con la herencia.

Una vez dentro del centro mental, la joven empieza a vislumbrar un nuevo mundo de fantasía dónde intentará escapar de la tiranía del director del lugar. De esta forma se transforma el psiquiátrico en una digamos casa de alterne, donde se gananaría la vida bailando, pero ya dentro de su imaginación para bailar la chica va más allá e imagina otros mundos...

Se podría decir que la acción no cesa, la historia es interesante, y él único fallo que le veo es que bebe mucho de otras películas, claramente se ven referencias a otras filmaciones como son: ESDLA, Zombies Nazis, Tron, Yo Robot... que no voy a negar que es algo que me guste, pero podría ser menos explícito. Después de andarme por las ramas la película es Sucker Punch




Me hubiera explayado más con mi comentario sobre las actrices que interpretan esta película, pero para mí son un tanto desconocidas, de la única que podría hablar sería de Vanessa Hudgens, coprotagonista de películas como High School Musical,eso sí no se puede negar que están todas de muuuuy buen ver.




2 abr. 2011

Siempre hay una gotita que derrama el vaso

Últimamente me estoy dando cuenta que hay gente que dice conocerme, que realmente no tiene ni idea de cómo soy realmente. Como mucha gente sabe soy una persona que siempre va de cara, a mí la gente hipócrita no me gusta. No me gusta que la gente se pase el día diciéndole a otros lo que quieren oír y no lo que sienten de verdad.

Gente que se considera mi amiga, dice conocerme de verdad… Creo que estos son los que más me decepcionan, son los que siempre tienen una palabra exacta para joderlo todo. Y otros que de verdad son mis amigos, saben cuál es mi rollo y saben que nunca voy escupiendo veneno a traición, de hecho me repugnaría a mí mismo si lo hiciera. No podría mirarme al espejo, ya que cuando lo hiciera vería que ese no soy yo.

De hecho, otra cosa de la que me sorprende es que gente que he conocido en estos dos últimos años, y que hemos pasado mucho menos tiempo juntos del que podría querer por mis horarios. Me conoce mejor que alguien que puede llevar muchos años más, no estoy hablando de los que están a mi lado. Los que están a mi vera cada día saben perfectamente como soy, si me pasa algo o no… 

Aunque la respuesta a por qué esta gente nueva en mi vida me conoce mejor que otros, es fácil. Ven la realidad de mi persona, ven la transparencia de mis palabras y no tergiversan a su antojo… Y os preguntaréis también porqué escribo ahora, otra respuesta fácil, simplemente como dice el titulo de esta entrada:  Siempre hay una gotita que derrama el vaso

1 abr. 2011

Viejas costumbres


Sucedió una extraña tarde verano, el sol pegaba con fuerza, el calor era sofocante y D estaba sentando en el cobertizo. Una leve brisa le acariciaba la cara, el porche que tanto trabajo le costó construir, servía como perfecta excusa para vaguear en las tardes, tirado en un viejo balancín que había encontrado en la basura y había restaurado.

“Ohh esto es vida si señor…” pensaba mientras le daba un buen trago a su cerveza de importación, bien fría y espumosa. Tras un sonado eructo, cerró los ojos y empezó a pensar en todo lo que había pasado, su vida aunque corta aún, había sido muy intensa. Cerca de los 40 ya, había vivido una adolescencia y juventud plena de aventuras. Sin duda, historias que nadie creería, de hecho quién podía creer que había cazado a un hombre lobo, o había mandado al infierno a un demonio. Nadie excepto el pequeño reducto de amigos que como él, habían estado inmersos en esa vida.

La sombra de un cuerpo femenino se alargaba desde la puerta hasta el cobertizo, su mujer, una esbelta joven que no aparentaba más de 25 años y que podría ser la envidia de cualquier quinceañera, se asomaba por la puerta. Con una sonrisa en la cara y con una rebeca que tapa levemente su vestido de enfermera, ella le acariciaba la cabeza, mientras le besaba la frente…

-          No te metas en líos muchachote…
-          ¿Te vas ya?
-          Si, tengo turno de noche y empiezo a las 20:00 de la tarde, por cierto J está de turno conmigo, ¿Quieres que le diga algo?
-          Dile a ese mal nacido que se pase por aquí alguna noche a cenar, tengo ganas de verle, y desde que se casó no ha vuelto a hacer vida normal.

A, sonrió nuevamente, le guiñó un ojo, y se fue por la puerta trasera de la casa. Se fondo se podía oír el taconeo incesante de sus zapatos… “Quizás debería darme una ducha empiezo a oler a puro macho…” pensó D en voz alta. Mientras se levantaba para irse a la ducha, pudo observar como el coche de A, un pequeño pero confortable Dogde de color rojo, se alejaba en la distancia. “Eso es un coche de nenas… mi coche si que mola, solo aquí podría conseguirlo!!” dijo mientras miraba la entrada de su garaje.

Un Ford Mustang del 65, azul oscuro con unas rayas blancas que atravesaban desde el capó hasta el maletero del coche, asomaba cual bestia dormida. D entró en el comedor, quitándose la camiseta dejando ver todas las marcas que su extraña vida le había ofrecido y cicatrices varias. Un cuerpo esculpido tras duras batallas, forjado con golpes y sudor. Sin duda nadie podría decir que estaba a punto de cumplir 40 años… Soltó el agua bien fría de la ducha y se metió dentro una vez desnudo. Encendió la radio, sintonizada su habitual frecuencia de Rock, empezó a enjabonarse el pelo.

De repente la radio empezó a hacer ruidos raros, las luces se apagaron y encendieron. D conocía esta situación pero no quería que sucediera. “¿Qué cojones…?” dijo mientras la frecuencia de la radio se había parado en una emisora de radio local.

“Esto es increíble queridos oyentes de F. Nations, si están en sus casas tapien sus puertas y ventanas, hagan acopio de comida y no abran a cualquier desconocido. No sabemos que extraño fenómeno está ocurriendo pero los muertos se están levantando de sus tumbas, cientos de no muertos caminan por las calles atacando a sus hermanos vivos… Nosotros Jack y yo, hemos conseguido sobrevivir gracias a la seguridad de la estación de radio no es así Jack… Jack… JAAAACKKK!! NOOOOOOO!!!”

D salió rápidamente de la ducha, se secó y vistió a la velocidad del rayo. Entró en el garaje como una exhalación, abrió un pequeño baúl y ahí estaba todo su arsenal, varias pistolas desert eagel, una escopeta semiautomática, varios cuchillos de caza… D sacó el armamento y varias cajas de munición y lo colocó toco en el maletero de su coche. Cuando abrió la puerta del maletero, pudo observar el símbolo grabado que había en el interior, un pequeño círculo rodeado de varias estrellas y puntos. “Que recuerdos me trae esto… yo no debería hacer esto, estoy retirado joder!!” dejo en voz alta.

Después de colocar el arsenal en el coche, se subió en su pequeño pony, arrancó el motor y lo hizo rugir, unos segundos más tarde, aceleró de tal forma que se pudo oír un gran chillido de las ruedas en el asfalto, una extraña sonrisa se dibujaba en la cara de D, se le podía ver nervioso pero feliz a través del retrovisor. “Se van a cagar esos malditos bastardos, hagamos que vuelvan a sus tumbas!” dijo encendiendo la radio donde sonaba un viejo CD…