27 ago. 2011

Música como forma de vida


No sé como empezar a escribir estas líneas, no tengo esa mordiente sed por escribir como días atrás, pero sin duda mi mente tiene un idea en la cabeza que quiere sacar. Hace tiempo os conté que todos tenemos una BSO en nuestra vida, una canción que nos identifica, una letra, una melodía que cuando escuchamos sabemos perfectamente que ha sido escrito y compuesto para nosotros.

Sin duda la música tiene un poder que infravaloramos. Un poder que puede cambiar el estado anímico de cualquiera en cuestión de segundos,  y ya no hablo de aquel que se dedica a tocar un instrumento que por lo tanto tiene más sensibilidad por ella que otros.

Dos historias se han cruzado en mi vida en menos de 24 horas… Dos historias totalmente diferentes, pero paralelas ya que tienen como punto de inflexión la música. Una me ha tocado vivirla de lleno, hoy he empezado el día con mucho sueño pero con muchas ganas.

Sin embargo la cosa ha ido menguando gracias a la música, y es que escuchar un tema demasiado tranquilo, triste, con una languidez anormal, a mí me afecta. La música forma parte esencial de mi vida, y puede marcar el camino entre una sonrisa y un llanto sin esforzarse mucho más.

Eso si, lo cierto es que me siento bastante masoca, en momentos de bajón encima soy capaz de ponerme mi lista más “choff”. Cuando debería hacer todo lo contrario, poner toda la más enérgica, la que me de buen rollo y la que me saque de ese trance. Pero que le vamos hacer soy así, y creo que como yo muchísimos más, me gusta torturarme de vez en cuando con según que tipo de canciones, o simplemente tener un cd en común con alguien y cuando ese alguien desaparece de mi vida, ponérmelo a todas horas, recordarle y echarle aún más de menos. Santa paciencia la de mis vecinos!!!

Aunque últimamente, solo disfruto de verdad con un par de grupos… Llevo unas semanas que casi solo escucho Tenpel y Nuevenoventaicinco. Curioso ahora que me paro a pensar.

En fin esta era la idea que tenía en la mente, estaba dándole una y otra vez vueltas a mí mente, de hecho el otro día de vuelta a casa en un bus amarillo de dimensiones reducidas, la otra persona y yo nos miramos e hicimos esa pequeña reflexión en cuestión de segundos… 





Ya empiezo a caminar
Ya empiezo a respirar
Hoy amanece para mí

 

25 ago. 2011

Holocausto: Ensayo y error


8 de Abril de 2012, ayer pude comprender que no hay límites cuando quieres proteger a alguien a quien quieres, cuando oía los gritos de J desde la terraza viendo que no podía acceder de ninguna forma a la casa, una fuerza irracional se apoderó de mí y a base de patadas conseguí abrir la puerta que daba acceso a la casa desde la terraza.

Bajé corriendo las escaleras, entré como una exhalación en la habitación y pude ver que E y N estaban cogiendo de los brazos de J para mantenerlo tumbando, parecía que se había vuelto loco, estaba fuera de sí y además no hacía demasiado le había dejado inconsciente en la cama… como podía sacar esa fuerza en esos momentos.

Petrificado ante la situación, si saber bien que estaba pasando, pude ver la mirada de J perdida en la nada, no estaba luchando contra ellos, simplemente parecía que algo le impulsaba a reaccionar de esa manera. N me sacó de mi letargo y me instó a ayudarles a contener las energías de J. Así fue como actué… tardó unos cuantos minutos en calmarse, y segundos después caía rendido nuevamente sobre la cama, durmiendo plácidamente en un charco de sudor. E había preparado agua con un paño y le limpió, secó el sudor.

N también parecía cansado, se echó la mano a la frente, pensativo, dubitativo. Se giró hacia a mí, resopló y me llevó fuera de la habitación. Le costó decirme que había usado la última muestra sintetizada que le quedaba de lo que creían que era la cura. Mientras le curaban, N encontró varios mordiscos en el cuerpo de J, así que la única solución que encontró era probar la medicina con él. N no sabía cómo reaccionaría, ni si de verdad le curaría evitando que se propagara la infección.
Como ya me había contado antes la cura no estaba terminada había cientos de posibles efectos secundarios, uno de ellos la muerte del paciente.

Lo que no sabía N es que J ya había sido infectado en otra ocasión, hacía ya dos años cuando le mordieron cuando escapábamos del ataque al pueblo, cuando el foco de podridos era aún mayor que el de ahora. Habían pasado 2 años, y no había dado síntomas de infección, aunque los últimos días había hecho un par de cosas raras, su comportamiento cambiaba, cosa que me preocupaba.

Sin duda, aún no era tiempo de darle esta información a N, su actitud era extraña, no había nada que ver con el que conocía desde la infancia y este N. Y ahora qué? Sólo me quedaba esperar y ver cómo evolucionaba mi hermano. Nunca he pedido nada, pero si existe su Dios espero que no le abandone en este momento.




One Shoot... One Oportunity



24 ago. 2011

Cómo podría olvidarme de ti!


Hoy me he dado cuenta que soy un jodido desagradecido, siempre os he hablado de mis dos pasiones, aquellas a las que tengo que agradecerle que el día a día se me haga menos pesado si están conmigo. Pero siempre he dejado de lado este momento… esta afición que me ha acompañado desde que tengo uso de razón, esa que también ha ayudado a esta mente rota desde que era un crío.

Supongo que os habréis dado cuenta que hablo de plasmar mis pensamientos en un folio en blanco… Escribir es vital para mí, ya sea cualquier chorrada como algo que realmente esté sintiendo en ese momento. Es un medio de expresión tan puramente fiel, una forma de evadirme por un rato de la realidad, dejar que mi mente vuele y me enseñe nuevos caminos a través de mis personajes.

Siempre me he infravalorado mucho con mis textos, les doy mil y una vueltas antes de colgarlos, de hecho puedo tener muchísimos textos escritos que jamás verán la luz, pero ese momento en que enfrento mi pluma contra la hoja en blanco es un pequeño momento de paz. Aunque a veces no lo parezca por lo que escribo, ese pequeño instante en que mi mente y las líneas escritas se funden en uno da un pequeño respiro a mi vida.

Releyendo hasta aquí, este es uno de esos escritos que posiblemente jamás saldrían, no lo considero bueno, pero es una forma de expresar mi agradecimiento a otra de mis ayudas en estos momentos de flaqueza. Sé que habrá bastantes gente que comprenderá este sentimiento, posiblemente muchos de vosotros hagáis como yo, os ponéis a escribir en cuanto algo no va bien, o todo lo contrario para demostrar que estáis felices, y lógicamente no todo sale a la luz.

Así que este texto va dedicado a ti mi gran amiga, y por mi perfeccionismo a veces enemiga, por que me ayudas a evadirme y a escupir los que siento, a decir lo que a veces me cuesta decir… y a todos vosotros, los que compartáis esta afición. 




Vivir al niño de mayor, la tonta excusa es...
Cesar mi orgullo perderdor, y mañana aquí estaré


20 ago. 2011

Holocausto: Podridos Perdidos


7 de abril de 2012, cuando J tenía un mal presentimiento el otro día, parecía que no se equivocaba. Al cabo de unos minutos de que N me contara toda la verdad, J apareció por la puerta de la casa, apoyándose en el marco pudimos verle cubierto de heridas, lleno de sangre, su ropa medio destrozada, sus rodillas se doblaron y cayó al suelo, pero antes de perder todas las fuerzas una sola palabra salió de sus labios: Podridos.

Giré el cuello para ver por la ventana y pude ver el horror en las calles de ese pequeño poblado que habitábamos. Empecé a ordenar directrices disciplinarias, mientras apartaba a J de la puerta, justo detrás de él dos podridos se acercaban siguiendo el rastro de la sangre, estaban demasiado cerca así que disparé dejándolos muertos, pero eso alertó a los demás. Tuve tiempo de cerrar la puerta y atrancarla bien para que no pudieran entrar.

E y N no habían hecho nada de lo que les había pedido, tal vez no me había entendido, o el miedo les paralizaba el cuerpo. Subí rápidamente hasta la puerta de la terraza y la atranqué también, no había forma física de que pudieran entrar, en ese momento volví a por J, lo lleve hasta su habitación y lo tumbé sobre su cama. Algún que otro quejido salía de su boca, sin embargo no estaba consciente. Me acerqué hasta N y le cogí del pecho, le insinué sutilmente que más valía que se ocupara de J.

N se soltó bruscamente dándome a entender que no necesitaba decírselo de esa forma y junto a E prepararon material para poder tratar a J.  Miré por la ventana y centenares de no muertos caminaban libremente, no entendía como no había sonado nuestro sistema de seguridad… tal vez no era el más efectivo, pero no solía fallar. Me acerqué hasta el arcón donde guardábamos todas las armas, saqué un poco de C4… ya me quedaba poco, debía racionarlo. Fui hasta la nevera y cogí un pedazo de carne fresca. Era una pena no poder comerse ese pedazo de carne pero sería una buena carnaza si el plan salía bien.




Le dejé un walki en el cuarto de J, les dije que iba a salir y cuando necesitara entrar se los haría saber por el walki, pero que en ningún momento me devolvieran la “llamada”, eso podría desvelar mi posición. Salí por la terraza, salté de nuevo al tejado de enfrente y empecé a hacer ruido para un gran número de zombies se fijaran en mí. Funcionó, la mayoría de ellos empezaron a caminar a paso ligero hacía dónde estaba situado.

Les esperé, daba verdadero pánico dar un paso en falso, esa marabunta podía comerme en pocos segundos. Me imaginé la situación, sintiendo como se me desgarraba la piel, los músculos… y un escalofrío recorrió mi espalda, una gota de sudor frío besaba mi mejilla. Entonces abrí los ojos, despejé mis dudas, y ahí estaban casi todos los podridos a mis pies. Lancé el trozo de carne en medio de todos ellos… rápidamente como perros salvajes se giraron para llevarse su porción.

Cuando valoré que el número máximo de infectados a los que podría afectar la explosión, estaba entretenido con la carnaza, me tumbé sobre el tejado, y apreté el botón. El estallido fue más del esperado, tuve que cogerme con fuerza a cualquier resquicio que consiguiera algo de estabilidad, para no rodar hasta el suelo. Cuando todo pasó me levanté lentamente, aturdido y con una sordera considerable.

Pude observar el gran destrozo que había creado, cientos de cuerpos quemándose y retorciéndose en las llamas, un agujero en medio de la calzada. Me senté en el tejado observando la bella escena, saqué el rifle y cuando me recuperé, apunté uno a uno a los que se retorcían de dolor, a los que daban signos de vida. Disparé, uno a uno, una bala un muerto más.

Cuando terminé, me comuniqué con el walki con E y N, no obtuve respuesta como esperaba, pero tampoco me abrieron la puerta. Observé por la ventana pero no pude ver nada, intenté abrir la puerta pero no pude, lógicamente seguía atrancada. Escalé por la fachada  del edificio, llegué hasta la terraza e intenté entrar, pero tampoco pude… Oí un grito, parecía de J y venía del interior de la casa, sabía que tenía que entrar como fuera. 


Tell me what you kill to save your life? 
Tell me what you kill to prove you’re right? 
Crash, crash, burn let it all burn 
This hurricane’s chasing us all underground 



19 ago. 2011

Y la fórmula funciona...


Es curioso ese síntoma que crea ese deporte en mí, ya comenté por aquí una vez, que cuando práctico mi deporte favorito siento una sensación de libertad que consigue que me deshaga por unos instantes de todas mis preocupaciones. Aunque llevaba unos cuantos partidos que no conseguía que eso pasara, por desgracia.

Pero ayer después de muchos días, incluso semanas, cabizbajo, sin ganas de mucho, y comiéndome la cabeza más que viviendo, el fútbol me hizo sentirme algo más distraído y despreocupado, me hizo sentir ese instante de felicidad que tanta falta me hacía. Lógicamente es algo efímero que durará unos días… es difícil que se prolongue mucho más.

Sin embargo, esa sensación de plenitud me la dio el simple hecho de jugar un partido con los amigos, disfrutar del momento, sentirme libre, sentirme vivo. Y eso se notó en mi juego, en mi forma de moverme entre líneas, a la hora de definir de cara a portería, o dar un pase de gol sin mirar.

Supongo que para el que vea el fútbol como un deporte zafio, de bárbaros, que se dedican a correr detrás de un balón como unos pollos descabezados. No comprenderá esa sensación, cosa que entiendo sin problemas. Para gustos colores, y para tetas sujetadores.

De hecho a mí esa sensación de felicidad me cogió de sorpresa, que se marque una sonrisa en mi cara sin que tenga que forzarla, es un tanto raro, algo que se consigue en contadas ocasiones, cosa que como pude observar yo mismo, se dejó ver en mis pies mucho más sueltos, en mi cabeza mucho más atrevido que en partidos atrás, en mi mente.

Tal vez os parezca una tontería, pero era algo que tenía dentro y quería compartir, es una lástima que no pueda jugar de esta forma más a menudo… de hecho es una lástima que se haya perdido el mundo mi talento, egos a parte. Ya sabéis que no tengo abuela, así que me lo tengo que decir yo mismo.




Dame vida, dame
Dame un momento, dame

17 ago. 2011

Holocausto: Dosis de Fe


6 de abril de 2012, la tensión se podía cortar con un cuchillo para mantequilla, N hacía escasas horas que había despertado. J y yo apenas nos mirábamos. E no entendía que estaba pasando, ese cambio de humor de un día para otro. Había intentado hablar con J después de ese repentino empujón, sin embargo él me había evitado, no sé si por vergüenza de sus actos, o porque realmente estaba enfadado conmigo.

N se despertó hambriento, su herida iba curando bien, y por suerte E nos preparó un desayuno digno de campeones. Eso sí, lleno de azúcar por todos lados… algo que realmente escaseaba en nuestras vidas fuera de la ciudad flotante. Durante el desayuno N estuvo poco receptivo, esquivaba nuestras preguntas con signos de glotonería, por lo menos el hambre no lo había perdido.

Viendo la situación y las pocas ganas de todos de charlar, subí a la terraza a vigilar un poco y a pensar que le podía suceder a J. Me senté en la cómoda tumbona con los prismáticos, todo estaba en calma, no había ruidos, tan solo una leve brisa que me helaba las mejillas y las manos. Vi salir a J por la puerta del pequeño almacén, llevaba el hacha en la mano y esa especie de cesto donde traíamos la leña cortada.

El sol empezaba apretar, el frío se había calmado y se estaba bastante a gusto, me acurruqué en la tumbona, y me concentré en disfrutar de ese momento de paz. Una conversación que venía del interior de la casa me sacó de mi trance, no conseguía oír del todo de que estaban hablando así que me acerqué hasta la salida de la chimenea, el eco retumbaba por sus carbónicas paredes, y las palabras llegaban hasta mi situación.

Parecía que aquellos dos discutían sobre contarnos algo sumamente importante, algo que sin duda quería saber y no me estaba enterando de nada. Bajé a hurtadillas, sigiloso como una cobra en busca de su víctima, pero una racha de viento delató mi posición cerrando de un portazo la puerta que daba a la terraza. Ambos callaron al instante… pero estaba harto de tanto secretismo. No pensé en tonterías, bajé las escaleras, me planté delante de ellos y saqué la pistola apuntando directamente a la cabeza de N.




Una situación tensa, que yo mismo tampoco comprendería en otro momento, N no me veía capaz de dispararle. Aunque hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, sabía que tenía razón, sin embargo él no había vivido el holocausto de la misma manera que lo había hecho yo, y no conocía la sangre fría que me recorría el cuerpo. Jalé el gatillo, una sonrisa se dibujó en su cara. Segundos más tarde disparé a la mesa, a escasos milímetros de donde su mano reposaba tranquilamente, desde ahí podía notar el calor que emitía la bala.

Su expresión cambió repentinamente, E se puso delante de él gritándome, creía que estaba loco, que le disparara a ella. ¿Eso es amor…? Pensé yo. Sin duda mis ojos debían expresar una mezcla entre locura y violencia, ya que no tardaron en reaccionar y empezaron a contarnos que hacían ahí.

Una jodida cura, creían haber encontrado una maldita cura para los infectados que hubieran sido mordidos o contagiados de cualquier otra forma, sin embargo solo servía para aquellos que habían sido infectados con pocas horas de diferencias desde la exposición al virus. Les salvamos el culo, y tienen cojones a escondernos esto…  Según N lo habían hecho para protegernos, cuanto menos gente supiera esto mejor.

N y E habían escapado de la ciudad en ese tanque con los datos de la formula, el gobierno quería comercializar la cura para embolsarse una cantidad de dinero enorme, pero la medicina no era perfecta, y muchos de los especímenes de prueba se habían vuelto más violentos, incluso llegando a superar el hambre de los infectados, otros sin embargo habían sobrevivido y otros habían muerto directamente. Pero eso a los altos mandos de la ciudad flotante les importaba poco. Sin embargo yo me preguntaba qué pintaba E en todo esto…


I won't take no prisoners, won't spare no lives
Nobody's putting up a fight





16 ago. 2011

Holocausto: Doblan las Campanas


4 de abril de 2012, habían pasado 2 días desde nuestro apoteósico rescate, N seguía durmiendo plácidamente en mi cama. E había estado a su lado cuidándole, de forma realmente extraña, vamos que parecían algo más que amigos. J y yo habíamos estado intentando sacarle información, lo único que conseguimos averiguar que habían estado trabajando en algo juntos desde hacía unos meses… Demasiado secreto en sus palabras.

Durante esos dos días el ataque de podridos había menguado de manera considerable, se podía hasta vivir en harmonía. Tal vez la explosión había conseguido llamar a ese gran número de podridos e intentaban llegar hasta la ciudad.  Seguí charlando con E, me contó que la ciudad era casi peor que vivir en nuestras condiciones. Si bien es cierto que estaban completamente protegidos de la plaga, vivían como ratas, amontonados en pequeños zulos. Trabajando en las calles para el beneficio de los peces gordos. Tan solo los nobles tenían privilegios y vivían en el corazón de la ciudad flotante como verdaderos reyes. Cosa que me enfurecía.

Dentro de lo que cabe las noticias eran buenas, una pequeña cantidad de nuestros amigos seguían vivos, por lo menos sabía que V seguía viva. Era la única que quedaba del grupo inicial, a parte de J y un servidor. Por lo que me contó E, las mujeres de los barrios bajos eran tratadas como esclavas y los hombres como mercenarios… El mundo se ha vuelto jodidamente loco allí dentro, doy gracias de estar fuera de esos muros.




Nuestra conversación cesó en el instante en que oímos unas pequeñas campanas, J y yo habíamos colocados pequeñas trampas, y un sistema que nos avisara que teníamos visita. Miré a E y no hizo falta decir nada más. Se escondió en el cuarto junto a N, sin hacer ruido. Subí por las escaleras hasta la terraza, J tomó su posición habitual de defensa. Desde donde estaba los dos nos veíamos perfectamente, nos teníamos cubiertos el uno al otro.

Miré con los prismáticos, un pequeño grupo de podridos estaba caminando por en medio del pueblo. Era raro que a plena luz del día estuvieran por ahí, monté el silenciador a mi rifle mientras le hacía señas a mi compañero de batalla. 5 podridos al este de su posición, J parecía intranquilo, no entendí su reacción… Salió como una exhalación hacía el grupo de podridos, haciendo un escándalo. Los podridos corrieron hacía él, les combatió con el machete en mano, tuve que moverme, no tenía a tiro a ninguno debido a esa estupidez.

Salté al tejado contiguo, corrí unos cuantos metros hasta el borde y por suerte llegué a tiempo, después de verle desmembrar a uno de los podridos, uno de los restantes saltó sobre él, le iba a coger por detrás. Solo un segundo más tarde, y solo Dios sabe lo que hubiera pasado, pero llegué a tiempo para disparar y reventarle la cabeza a ese animal apunto de cazar a su presa.  Otro disparo certero en uno de los podridos que aún se movía en el suelo. Sin embargo en la cara de J no había signo alguno de bienestar al a ver sido salvado. Seguía con esa cara mustia.

Bajé de aquel tejado como pude y me acerqué lentamente, cerciorándome de que estábamos solos. Cuando llegué J estaba regando los cuerpos con un poco de gasolina para quemarlos, como hacíamos habitualmente. Le puse una mano en el hombro y enseguida se apartó, le miré extrañado, y sentí una sensación que jamás había sentido viniendo de él, un mal rollo que se vio in crescendo cuando con un tu no lo entenderías me apartó de un empujón, tirándome al suelo. Y se fue a paso rápido… ¿qué cojones le pasaba?



Me he girado a ver todo lo que dejo atrás
Pensar que he crecido aquí, entre vuestra mezquindad


15 ago. 2011

Holocausto: Fuegos Artificiales


2 de abril de 2012, fue una ardua tarea pero les sacamos de ese embrollo. Un tanque sin gasolina en medio de una multitud de zombies y soldados disparando desde el otro lado del puente. Parecía que lo que llevaban aquellos dos era sumamente importante, sino para que se habrían molestado en seguirles…

Con todo lo que habíamos vivido juntos, J y yo sabíamos que no había mejor forma de pasar desapercibidos entre los zombies, que camuflando nuestro olor a humano. La primera vez que realizamos tal acto, los dos vomitamos como dos malditas colegialas, untarse el cuerpo con la sangre de los podridos y llevar pedazos de vísceras metidos en los bolsillos o en una mochila, no es realmente agradable. Pero funciona.

Así fue como pudimos llegar hasta el tanque sin ser detectados, nos arrastramos por debajo de las enormes urugas que elevaban la cabina y conseguimos entrar por abajo. Cuando entramos en la cabina descubrí quien era N. No podía imaginar cómo había llegado hasta ahí, pero me alegraba tanto de verle, habíamos crecido juntos, era uno de mis mejores amigos, y ahí estaba vivo y coleando, bueno coleando no tanto ya que tenía una herida bastante fea en la pierna provocada por una bala.

No fue fácil cargar con él, y mucho menos que aceptaran embadurnarse con las vísceras que llevábamos en una mochila. Por suerte entendieron que la situación era a vida o muerte, si querían salir de ahí necesitaban pasar por ese trámite, un asqueroso y maloliente trámite. Por suerte para nosotros, los dos nos demostraron que nuestra manera de vomitar la primera vez no era única. Sendos potados llenaron el tanque creando un olor nauseabundo entre la sangre, las vísceras y lo que recién acaban de sacar de sus estómagos. Tuvimos que salir casi a la fuerza de allí dentro.




Caminamos entre los podridos, tambaleándonos de lado a lado, siguiendo su ritmo lento y pesado, de fondo podíamos observar fogonazos de esas armas que disparaban al otro lado del puente. Por suerte entre todo el tumulto de zombies, era imposible que nos distinguieran, sin embargo antes de marcharnos dejé un recadito en el tanque. Era una pena, pero fue una fuente de distracción mucho más duradera y divertida. Cuando llegamos a la altura de dónde teníamos el coche, saqué un pequeño mando… Miré una vez más atrás y apreté el botón.

El tanque explotó en mil pedazos, haciendo añicos una gran parte del puente, y matando a un buen centenar de podridos.  J, E y N se quedaron atónitos ante la situación, una sonrisa se dibujó en mi cara y nos subimos al coche como si nada hubiera pasado. Salimos de ahí cagando leches. No tardamos en llegar a nuestra humilde morada, rápidamente sacamos un poco de agua del pozo para curar lo mejor posible la herida de N, y sobre todo quitarnos la pestilencia de encima.

La primera en usarla fue E, estaba ansiosa por quitarse la pestilencia de encima, rápidamente se quedó en ropa interior frente a nosotros. J y yo no podíamos apartar la vista de ese cuerpo femenino semidesnudo ante nosotros, en un holocausto de tal magnitud el contacto humano era mínimo desde hacia tiempo y mucho menos con una mujer. En ese momento pudimos asegurar que no estábamos tan muertos como creíamos.

J se aseguró de curar bien la herida de N, sacando la bala que estaba alojada en su gemelo, después de todo el dolor que había estado soportando con la herida más el esfuerzo que tuvo que hacer durante la cura, N cayó rendido, en un profundo sueño. Por el momento le íbamos a dejar descansar, pero necesitábamos algunas respuestas.


Oh Mama I´m fear for my life


13 ago. 2011

Holocausto: Presagios


1 de Abril de 2012, la noche nos abrazaba, más espesa de lo normal su oscuridad besaba el cielo, repleto de nubes. Parecía que iba a ser una larga noche, larga y aburrida noche. Sin embargo J estaba intranquilo, no le gustaba el tiempo, creía que era un presagio de que algo iba a pasar, así que decidió quedarse despierto, aunque me tocaba a mí hacer guardia.

Estuvimos hablando durante horas, inmersos en conversaciones de lo que más raras, incluso hablando de lo que sentíamos, y lo que haríamos si conseguíamos salir de esa situación. Bueno lo que J haría, ya que yo no tenía ningún motivo más que su amistad para seguir viviendo. Un ruido muy poco familiar nos hizo salir de esa anestesiante conversación, los dos agarramos nuestras armas con firmeza y miramos por cada recoveco, por el cual nos pudiera atacar.

Sin embargo el ruido venía de dentro, debajo de una manta, un ruido como de rasgado. J apuntó mientras que yo apartaba la manta de un tirón. Y para nuestra sorpresa mayúscula, solo encontramos esa radio de campaña, las ondas nos saludaban. Una voz femenina venía desde el otro lado. Una voz que extrañamente nos sonaba familiar. Contesté rápidamente, y entablamos una conversación para saber quién era y dónde se encontraba.  Su nombre E, su acompañante, N, se encontraba herido y necesitaban ayuda. Juraban tener algo sumamente importante pero que por precaución no podía decir.

E y N, se encontraban a las afueras de la ciudad, al otro lado del puente. Era demasiado arriesgado, era acercarnos demasiado al enemigo. J y yo estuvimos debatiendo que hacer, nos parecía igual de peligroso a los dos, sin embargo J me recordó el presentimiento que había tenido, y no sabía el porqué pero algo le decía que teníamos que ayudarles. Siempre confiaba ciegamente en él, así que le miré, pulsé el botón de la radio y les dije que no se movieran de ahí.



Nos armamos hasta los dientes, miramos que hubiera gasolina suficiente en la carraca que usábamos para transportarnos de un lugar a otro, no queríamos quedarnos tirados a medio camino, y mucho menos con la plaga de zombies que rodeaba la zona del puente. El ruido y las luces que emitían esa ciudad en medio del mar les atraía como la miel a los osos. En parte era bueno para nosotros que vivíamos en un pueblucho entre montañas, dónde la oscuridad nos mantenía a salvo y el silencio era nuestra mejor baza.

No tardamos mucho en llegar a la zona, le dije a J que debíamos dejar el coche cubierto en alguna zona, si por lo que fuera lo perdíamos… estábamos casi muertos. Lo dejamos cubierto de unas cuantas ramas, un camuflaje que en esa noche era casi perfecto. Y seguimos a pie, por el camino eliminamos a unos cuantos podridos, hasta llegar a la zona conflictiva. Con los prismáticos se podía ver como miles de podridos estaban caminando sin cesar por el puente, lenta y pesadamente, ensimismados por las luces que emitía la ciudad. Y en medio de esa muchedumbre no muerta, un jodido tanque.

J y yo nos miramos sin saber qué hacer, ese tanque se nos escapaba a nuestras posibilidades bélicas… De pronto desde la escotilla de arriba, pude ver como se asomaba una persona, volví a mirar por los prismáticos, y descubrí quien era E, que hacía ella ahí, ni idea, como había conseguido un tanque tampoco, y porque no lo estaba usando para barrer a los zombies menos aún. Pero cuando le dije a J que mirara por los prismáticos, los dos sabíamos que debíamos llegar hasta ahí.


Can you feel that?
Oh Shit...

10 ago. 2011

Mi única enemiga es esta mente rota


Sentado entre las rocas, una noche más, mira al mar. Las olas chocan contra el peñón que separa el agua de la zona peatonal. Los brazos cruzados sobre sus rodillas, el mentón apoyado sobre el antebrazo, sus ojos clavados en la distancia, sin ver nada. Oye el ritmo de esas bicicletas que pasan tras él, el sonido del mar, los pasos de esos peatones que dan un paseo agradable.

La brisa fresca le acaricia la cara, mece su pelo y refresca su cuerpo, su mente sigue dándole vueltas a ese mundo de ideas que se ha generado. Las horas van pasando y esa botella de ese néctar alcohólico que le acompaña en su soledad va menguando. Trago a trago, sigue evocando a sus fracasos, viendo como todo se frustró cuando parecía que la felicidad se estancaba en su vida.

Cada vez más oscuro, cada vez menos gente, oye de fondo a algún coche desperdigado en esa madrugada. Se acomoda de nuevo entre las rocas y mira al cielo despejado de nubes, la luna parece saludarle. Suspira y aprieta el puño. Recuerda otros momentos vividos en ese mismo lugar, acompañado o solo… Y piensa en que en un mes empezará una nueva vida, y tiene miedo, miedo a fracasar una vez más, siente ese frío susurro en su oído que la frustración se encarga de recordarle.

Cierra los ojos, aprieta el puño nuevamente, saca el carácter y borra ese miedo de una tacada. Y piensa en que si él puede por qué ella no. Le evita, huye de él, y aunque su paciencia está llegando al límite, él sigue apostando por no mandarlo todo a la mierda, hablar las cosas, y esperar, que aunque no le guste el tiempo puede ayudar… pero necesita aclarar, poder escupir lo que siente de una vez, y no tener ese nudo en el estómago, esa bola de nervios y sentimientos que se ha aglutinan en su garganta. Está cansado de ese frío que les separa, esa sensación de verse como completos desconocidos, y ese cariño que se ha perdido.

Y esa frase que se repite una y otra vez en su cabeza: Wake up and face me…




Y Maldito una y mil veces esta distancia,
Que va de tus manos a mis manos


8 ago. 2011

Holocausto: Nueva Era

28 de Marzo de 2011, han pasado casi 2 meses desde que desperté, la locura que viví en aquel pueblecito infestado de podridos no tiene nada que ver con la que vivimos en estos momentos.  Militares buscándonos sin parar, cada vez más y más podridos se levantan de su letargo para buscar alimento.

Encontrar alimento cada vez se está volviendo más peligroso… y mi mente no consigue recordar nada de lo que me pasó antes de caer en coma. Lo último que recuerdo es entrar en la ciudad… y luego despertarme en esa fría habitación. Si tan solo tuviera mi antiguo cuaderno de notas. Era reticente a empezar uno nuevo, perder el otro ha sido un golpe de moral muy fuerte, casi mi única manera de saber que pasó.

J y los demás se han convertido en auténticos guerreros, supervivientes natos. Sin duda parece que el tiempo en el que nos separamos le vino bien para fortalecerse.  Aún no me dejan unirme al grupo de las pequeñas misiones, simplemente me quedo aquí como un centinela más. Apostado en mi puesto, cual francotirador esperando un objetivo al que disparar. Por lo menos me entretengo intentado arreglar una pequeña radio de campaña que les robaron a unos soldados que casi delatan nuestra nueva posición.

La verdad es que no tengo mucha idea de esto, pero bueno unos cables por aquí, unas tuercas por allá. Mientras que la placa no esté quemada es posible que obre el milagro.




 29 de Marzo de 2012, ha pasado un año desde que escribí las últimas líneas en esta libreta, han pasado tantas cosas que he sido incapaz de sentarme a garabatear esas cosas que han estado surgiendo en el día a día de nuestro apocalipsis zombie. 

He perdido amigos, familiares, conocidos… es duro recordar cómo encontré a mis padres muertos en lo que era mi casa. Ver como perdí la cabeza y empecé a hacer cosas que harían vomitar a una cabra, y el peor sentimiento de ver cómo mientras que los no muertos se levantan de sus tumbas, el gobierno crea un estado de crisis en el que solo se defienden a los adinerados.

Después de estar huyendo durante más de 4 meses de los militares, nos encontraron, nos acorralaron como ratas de cloaca y abrieron fuego sin preguntar. El ser humano perdiendo el tiempo en matar a otro ser humano “indefenso”, en vez de juntarnos todos y luchar contra la plaga. Por suerte J y yo pudimos escapar, al ser los más jóvenes del grupo, los demás decidieron por nosotros, crearon un movimiento de distracción y huimos sin que nadie se diera cuenta.

Nos dieron por muertos y desde entonces vivimos entre las ruinas de un pueblecito solitario, en el que cada día nos tenemos que defender de los podridos. Desde lo alto de la montaña se puede observar la majestuosa torre que han levantado en el centro de Mallorica, esos malditos gobernantes separaron un trozo de tierra de la isla, solo un puente une nuestra isla con lo que era nuestra capital. El único espacio libre de podridos, custodiado por el ejército los nobles viven su vida de opulencia y excesos sin que nadie les pueda parar. ¿Ayudas por partes de quien? De Nadie. 

7 ago. 2011

Poner cera, pulir cera

¿Recordáis el tema de las barreras psicológicas? Ese texto que escribí para explicaros cómo podéis saber algo más de mí, y sobre todo de mi estado de ánimo... Pues como veis el mundo nerdo ha vuelto a cambiar de colores. Y es algo parecido a una de esas barreras que mi mente ha creado, una forma de dar un cambio a un aspecto menos importante de mi vida, pero que sin embargo me ayuda a desahogarme.

A desahogarme, a comunicarme con vosotros, a expresar sentimientos que no soy capaz de decir de otra manera... viéndolo así su grado de importancia no parece tan pequeño como he querido dar a entender. Pues bien como iba diciendo, vuelvo a estrenar cambio de formato, colores... Esta vez todo ha sido personalizado por mí, tanto el fondo como el diseño, una mañana intensa de cambios. 

El primer vistazo no engaña  a nadie, un diseño simple, un fondo abstracto que ha salido la espiral que mi mente ha creado, unos colores un tanto oscuros... Pero son los colores que más me representan, y algo de naranja combinando dado que es uno de mis colores favoritos. ¿Quién sabe lo que durará este diseño? Nadie puede responder a este pregunta, ni yo mismo lo sé, puede que una mañana me levante de buen humor y vuelva con tonos más esperanzadores o puede que duré muchísimo tiempo... como decía ayer: El tiempo dirá... 

Y no es que no me guste el anterior modelo, de hecho he guardado la plantilla por si se me cruzan los cables, pero notaba que era tiempo de darle un aire nuevo. Ya son 5 años los que llevo usando esta forma de expresión "bloguera", y cada x tiempo habéis visto cambios de lo más variados, tanto en la temática como en la imagen. Limpiarle la cara de vez en cuando a esto viene bien, sobre todo hoy me ha venido bien para no pensar en ciertas cosas. 

Así que nada, para estrenar este nuevo formato os voy a subir un vídeo, que siempre me hace reír, de mi película favorita: Una de Zombies 

Caspas y Azote Satánico - Una de Amor


Y como me siento generoso, además de que me apetece, os pongo la canción del grupo original al final del post, no hace falta que me deis las gracias. Cómo anécdota, hay que decir que el grupo que en la película sale como Azote Satánico, es en realidad Sick Brains y ellos mismos interpretan su canción disfrazados. Ahora si os dejo con los zaragozanos, para que disfruteis de:


Nunca será tarde para ir al infierno,
Aunque TU lo niegues



6 ago. 2011

Tiempo el mejor maestro pero el peor enemigo

Muchos de nosotros usamos un par de dichosas frases que en tiempos de tempestad, que para mí la verdad ha perdido todo su significado. Ejemplos claros como: “Tiempo al tiempo”, “Deja pasar el tiempo…”, “El tiempo lo cura todo”. Y como digo para mí este tipo, en concreto, de frases, ha perdido su valor, su credibilidad está por los suelos. Sobre todo porque si puedes dejar pasar el tiempo, pero las cosas no se solucionan solas, vamos al menos a mí, no se a vosotros.

Además que cuando hecho cuenta al pasado, y observas todo lo sucedido, viéndolo objetivamente, a mí el tiempo nunca me ha ayudado. De hecho el tiempo es lo que más daño me ha haciendo, viendo como mis dos pasiones morían como un pez fuera del agua, ahogándose lenta y dolorosamente.

Ahora el tiempo se me ha echado encima. Carezco del tiempo necesario para realizar actividades ociosas que podrían ponerle un punto de color a mi vida, o seguir estudiando algo que me llame la atención. Y podréis decir que si quiero puedo sacar tiempo de dónde sea para realizarlo, y yo responderé que es cierto, podría esforzarme un poco más y sacar ese tiempo, como he hecho en otras ocasiones. Pero esta vez sería un esfuerzo en vano, dado que ni tengo fuerzas para ello ni ganas después de estar casi 2 años, casi ya que aún no ha llegado septiembre, trabajando en un puesto del tipo turnos.

Saca tu tiempo de ahí cada semana para realizar algo que apetezca de verdad… Entre cambiar turnos, dar por saco a los compañeros y demás, acabaría desquiciado. Y ya me basta la locura que se ha instalado en mi vida últimamente. Por estas razones mi tiempo es corto pero muy valioso, y no me gusta oír frases como el tiempo curará. Ya que en mi caso sé que no es verdad, dejar pasar esos minutos, horas o días tan valiosos me parece una crueldad. Y sentir que estoy dejando pasar los mejores años de mi vida.



Razón y piel, difícil mezcla
Agua y Sed, Serio problema...

5 ago. 2011

Cadenas de infortunios

La frustración, esa pequeña amiga que le ha rascado la espalda durante años, se presentó en su vida sin hacer mucho ruido. Se instaló y le acompañó susurrándole al oído frases que ahora no quiere recordar. Por alguna razón, cuando todo parecía coger un nuevo color en su vida algo ocurría para que ella volviera a salir.

Ya fuera por su propia voluntad o porque simplemente el destino lo requería así, las cosas se truncaban. Cuando era un canijo, pasó dos temporadas metido en el mundo del baloncesto, el primer año pasó de ser un don nadie al máximo anotador del equipo, y el segundo año… se juego cambió, su vida en ese mundo había acabado, iba a los entrenamientos por compromiso. Lanzaba desde cualquier posición con tal de soltar la bola, cabizbajo en el banquillo, nadie entendía que le pasaba. Y es que sin saber cómo todos le veían distante, nadie sabía nada pero él se había cansado, y lo dejó.

Y entonces encontró esa piedra angular que de verdad le llenaba, una pasión escondida tras ese balón que rodaba por el césped. Parecía feliz, corría tras el balón, dirigía al equipo, golpeaba con fuerza para marcar esos goles que tanta falta hacían. Y poco a poco esa frustración fue despareciendo, se esforzó al máximo, y disfrutaba, sentía la libertad que le faltaba en su vida. Pero todo acabó una trágica mañana en la que el destino quiso que una lesión de rodilla tan grave como para dejar el deporte rey. Y después de un año y medio en rehabilitación la cosa no mejoró… y su frustración le ahogaba el corazón.

Su pasión había terminado  ahí, ahora solo quedaba un viejo sueño roto que solo podía reconstruir jugando de forma gradual con los amigos. Y entonces siguió luchando, siguiendo el camino que la música le había dado. Esa música le había salvado la vida, le había dado alas para seguir pensando que su fracaso se podía arreglar. Y así fue como se enamoró de ese instrumento con cuerpo con las curvas de una mujer y un mástil que se dejaba acariciar sin más. Se enfrasco en una banda, vivió un sueño que poco a poco se fue apagando, al igual que su vida… un nuevo fracaso, probará lo que probara lo único que le quedaba era vivir en solitario para su propia música. Dónde otros habían triunfado, o conseguido seguir él no.

Sus dos pasiones se habían truncado por completo, su vida se había visto esclavizada por un trabajo con unos horarios dañinos, una responsabilidad mayor de la que podía asumir, su sueño había vuelto a desaparecer, todo cuanto le podía ilusionar desaparecía. Y se fue apagando lenta y pesadamente, su vida era una monótona languidez, la juventud que la caracterizaba en sus acciones se había marchado, y la única vía de escape… Desapareció. Sin duda todo eso juntado a diferentes movidas que su mente intentó mantener al margen, cosa que no logró, le hizo caer en la oscuridad, abrazándose a la soledad, y sintiendo como esa frustración seguía besándole el cuello.

Pero tranquilos, que tarde o temprano volverá, como tantas otras veces se levantará, dará la cara y afrontará la vida de nuevo.  Pero cuándo o cómo… nadie lo sabe, siendo francos ni él mismo lo sabe. 



Skydancer - Lleva mi cruz

Lleva Mi Cruz
Da Luz A Mi Camino
Consuela Esta Vida Negra
Dale Un Poco De Inocencia