18 abr 2011

Holocausto: Desterrados II

3 de Diciembre de 2010, después de pasar la noche en el bosque, sanos y salvos, el sol empezó a asomar por el horizonte. No sabíamos la hora en la que nos podíamos encontrar,  durante la caída J había perdido su preciado reloj. Y yo nunca he sido de llevar relojes… una vez que la luz empezó a incidir con fuerza pude ver todas las heridas que se había hecho J.

Varias magulladuras por todo el abdomen, cientos de pequeños cortes por todo el cuerpo, un corte en la cena que habíamos podido cortar la hemorragia gracias al agua del arroyo. Nunca me había sentido tan aliviado de no ser él, después de todo lo que habíamos pasado, tan solo tenía unos pequeños cortes superfluos en los brazos, y algunos  en las manos tras todo el trabajo que había realizado para crear las armas.

Estaba todo tranquilo, no había indicios de zombies a las cercanías, tampoco habíamos podido pegar ojo, esta vez queríamos estar los dos en pie por si había que salir corriendo. Durante las horas que pasamos en silencio no paraba de pensar en el momento en que vi como J era arrastrado a una muerte casi segura por el precipicio. Y me preguntaba que habría hecho yo en ese momento, me hubiera rendido o habría seguido luchando, es algo que nunca podré saber.

Cuando la niebla de la mañana se escampó, J y yo decidimos que era hora de movernos, volver a la carretera, encontrar algún método para salir de la zona e intentar llegar hasta la ciudad. J quería volver a subir por donde habíamos bajado. Pero razonando que por ahí podríamos encontrarnos con podridos, le comenté deberíamos seguir caminando a través del bosque, ya que no habíamos visto indicios de podridos.
Una vez elegido el camino nos pusimos en marcha, los dos caminábamos pesadamente, entre sus golpes y el cansancio de ambos, debíamos reservar energías por si acaso. Si no hubiera sido por el miedo a ser atacados, podríamos haber asegurado de que estábamos dando un paseo por uno de los paisajes más bonitos que nuestros ojos habían visto.

No podía asegurar cuanto habíamos caminado, ni en tiempo ni kilómetros, pero parecía que el sol estaba picando con mucha más fuerza, el sudor empezaba a escocer en las heridas de J. Podía verle la cara, pero dado a que siempre le digo que es una princesa cuando le duele algo, se estaba haciendo el duro. Saqué una botella de agua de mi mochila que había rellenado en el arroyo y se la di para que se refrescara o al menos limpiara sus heridas.

Mientras se paraba para adecentarse las heridas, yo me subí a un árbol. J no daba crédito a lo que estaba haciendo, pero todo tenía una lógica explicación, y funcionó. A lo lejos en medio de una explanada, pude divisar una pequeña casa de madera, de la chimenea salía humo. Miré a J con una cara de satisfacción y le marqué el nuevo rumbo a seguir.

Sin prisa pero sin pausa fuimos hasta su localización, durante el camino una macabra escena nos sobre cogía el corazón. Una veintena de trampas de Oso, colocadas estratégicamente para que destrozaran literalmente la cabeza de cualquiera que cayera sobre ellas. Y parecía que funcionaba, el mismo número de podridos muertos.

Encontramos casquillos de armas, y cartuchos de escopeta vacíos, alguno que otro podrido colgado de los árboles, eso parecía una verdadera masacre.  Ahora comprendíamos porque esa zona estaba libre de infectados. El olor realmente era nauseabundo, no parecía que fuera reciente la caza del infectado.
J y yo pensamos en que tal vez en esa casa encontraríamos al autor de esta dantesca escena, y podría echarnos una mano a salir de nuestra situación. Así que llegamos hasta la casa, nada más llegar a la puerta toqué con los nudillos... No contestó nadie. J se asomó por la ventana y no vio nadie dentro. Giré el pomo de la puerta y ésta se abrió dejándonos entrar sin problemas a la casa.

La casa parecía el museo de cualquier cazador, totalmente limpia, se notaba que quien viviera ahí era un ser ordenado.  Y de repente oí un sonido familiar de mi mochila, venía del bolsillo donde guardaba el móvil y una carcajada salió de mi boca pude observar un mensaje tan claro: “Daddy, estás bien? QUE COÑO ESTÁ PASANDO EN MALLORCA??”.


Holocausto: Desterrados

2 de Diciembre de 2010, todo el mundo sabe que cuando las cosas van mal… siempre pueden ir peor.  Aunque es increíble lo que está durando este boli, y este pequeño bloc de notas. Parece casi más resistente que nuestra fuerza de voluntad. Pero después de esta huída fatídica poco falta para que perdamos la cabeza y acabemos matándonos a nosotros mismo.

Después de salir de la azotea, y encontrar una vía de escape para salir de ese pueblo infestado de podridos, las cosas no mejoraron mucho. Encontramos un pequeño coche, llevaba algunos golpes a los lados, los cristales de ambas puertas rotos… Pero el motor, aunque costó, arrancó. El coche era tan pequeño que apenas cabíamos 3 de nosotros.  La suerte por una vez no nos daba la espalda, y a unos escasos metros del coche había una moto, de pequeña cilindrada. Por la situación y la sangre que había en el suelo, parecía que el coche había atropellado a la motocicleta.

J, la cogió, la probó y con la dirección bastante tocada, por lo menos se podía conducir. Eligió subirse en ella y que los demás fuéramos en el coche. Y así fue como partimos por un camino largo, oscuro y con muchas curvas… la ansiada libertad.

Cuando llevábamos un par de kilómetros, en un pequeño paso que daba paso en la curva a un barranco bastante profundo, J decidió adelantarnos y usar la luz de coche para guiarse por tan oscuro paraje. Su montura iba sin luces desde hacía un rato, y debida a la densa oscuridad prefirió ponerse delante del coche, a una velocidad de crucero que no nos retrasara demasiado.

La inercia de la curva hizo que me girara hacía la izquierda, mirando una roca que se agolpaba a la vera del arcén. Mi mirada siguió subiendo hasta encontrarme con una grotesca visión de un podrido abalanzándose sobre J y su moto. Todo ocurrió en decimas de segundo, y cuando quise darme cuenta J estaba rodando colina abajo, desapareció en la espesa noche junto al podrido.

Ante el asombro de la situación, y viendo que el conductor no tenía intención de parar el coche, puse el freno de mano. Las ruedas frenaron en seco, dejando ese desagradable olor a rueda quemada detrás de nosotros. Cuando fui a salir del coche noté como se me arrugaba la camiseta y me tiraba del cuello. E, estaba agarrándome y empezó a darme explicaciones de por qué no debía ir a ver qué había pasado con J. Me recordó la regla de que no se volvía atrás por nadie, y me instó a que si salía del coche él seguiría su camino junto a la joven panadera.

Posiblemente mi única familia viva, había caído por un barranco y algo me decía que no podía estar muerto. Les expliqué que mis esperanzas de sobrevivir eran leves, pero tenía claro que no iba a dejar a mi hermano pudrirse en ese sitio. Le iba a sacar como fuera. Aunque comprendían mi dolor, no estaban de acuerdo en que me fuera… pero no podían detenerme.

Salí del coche, cogí mi pequeña mochila de suministros, me armé con el bate de baseball. Cerré la puerta del coche, y golpeé el capó para que siguieran su camino. Por la luna trasera podía ver como la chica me miraba, con lágrimas en los ojos y se despedía sin entender muy bien porque su salvador había decidido quedarse atrás. Encendí la linterna y me asomé al barranco, no fue fácil pero bajé agarrado a toda rama saliente que me pudiera aguantar tras un mal resbalón.

Al llegar abajo, me acerqué a un pequeño riachuelo, enfocando a las piedras con la linterna encontré restos de sangre. Hubiera temido lo peor si no fuera porque dos metros más y encontré el cuerpo del zombie con la cabeza llena de golpes… Oí pasos detrás de mí, y menos mal que me dio tiempo a reaccionar ya que de otra manera hubiera acabado con el cráneo roto. J, pensaba que era un podrido que había llegado hasta allí y esgrimiendo un tronco casi me abre la cabeza.

J, estaba lleno de sangre, moratones por todos lados, raspaduras por doquier, pero estaba vivo… milagrosamente me contó que durante la caída pudo usar el cuerpo del podrido como parapeto y al chocar contra las rocas su golpe fue acolchado. Después de eso me echó la bronca por haber ido a buscarle, y me abrazó. Ahí estábamos los dos en medio de no se sabe dónde, tan solo nos quedaba rezar para que el bosque no acabara definitivamente con nuestras vidas.


17 abr 2011

Holocausto: Sin salida

30 de Noviembre de 2010, hace casi una semana que no escribo estas líneas que me separan de la locura… y no ha sido por falta de ganas, sino por falta de tiempo.  El grupo se ha reducido drásticamente, tan solo quedamos la chica de la panadería, el tozudo de E… y por suerte mi hermano J, y yo.

Después de varias incursiones al pueblo a recuperar más víveres y armas, aprendimos que el hambre puede conducir a un grupo de podridos a tornarse mucho más inteligentes de lo que aparentan. Sin darnos cuenta empezaron a agruparse en las puertas y ventanales del pequeño restaurante que usábamos como refugio. Cada día que pasaba estábamos más condenados a morir, reducidos reductos de zombies se agolpaban hora tras hora detrás de los muros que nos protegían.

Durante esta última semana una frase sonaba en la cabeza de todos, “estamos muertos…”, nos mirábamos a la cara y veíamos el rostro de decepción en algunos, otros el miedo, y en el  de J solo había resignación. Yo hacía tiempo que había sumido que no volvería a ver a mis seres queridos, que posiblemente no sobreviviríamos en estas precarias condiciones, pero no iba a morir sin luchar.

Mi tempo era limitado, cuestión de días, horas o tal vez minutos en que algún podrido consiguiera tirar una puerta abajo, romper un ventanal, un par de tablas mal puestas… no había luz, no había teléfono, no había forma de salir de ahí sin ser vistos. Pero mi mente no aceptaba ser uno más y dejarme llevar por el pesimismo. Me he dedicado el tiempo que he podido a preparar armas, palos con pinchos, orcas de doble cabezal… Por suerte J me ayudó en la ardua tarea.

Los demás simplemente no querían perder sus energías en algo que creían que no podía salir bien, sin duda no les faltaba razón. Ni yo mismo creía poder salir de ahí… Esa semana se me hizo mucho más larga que el otro tiempo, lo estaba casi pasando solo, sumido en mis pensamientos, buscando un plan que pudiera funcionar en mi cabeza. J hizo buenas migas con la panadera, así que les dejé acercarse. Es un holocausto… quien te va a juzgar por tirarte a una menor. No se lo he dicho, pero creo que me conoce bien para saber lo que pienso.

Y el día fatídico llegó, una noche de luna llena, los demás dormían mientras yo hacía guardia. Podía verles ahí, pegados al cristal, golpeando una y otra vez sin cansarse.  Me hacía gracia pensar cosas tan triviales como si los podridos tenían miopía, eran momentos en los que mi mente se evadía de la realidad y todo era mucho más gracioso. Cerca de las 3 de la madrugada, la luna estaba en pleno auge, los rayos atravesaban el cristal y se reflejaban en mi cara.

Un pequeño ruido casi imperceptible, un segundo en el que todo se paró, en cámara lenta… Ya no había vuelta atrás, los podridos habían encontrado el modo de entrar. Todos agolpados contra el cristal, una pequeña brecha quebró la luna y un grito ahogado alertó al grupo. Después de despertarles, me giré empuñando un bate de baseball tachonado. Dos segundos más tarde estaba en el suelo con dos zombies intentado morderme, y otros tantos entrando por la vía que habían abierto.

Hice un acopio de fuerza para quitármelos de encima, J golpeo a uno en la cabeza, yo terminé con el otro… pero cuando nos dimos cuenta más de 10 estaban dentro del local, se acercaban pesadamente pero sin parar. Por una vez, E, había encontrado algo útil, una pequeña salida a la parte superior del piso, una terraza descubierta. Sin pensarlo dos veces entramos por la escalera y cerramos la puerta de la azotea. La vista no era mucho más acogedora, cientos de ellos estaban paseando libremente por las calles, como se había multiplicado de esa forma, nadie lo sabía… pero lo cierto es que ahí estaban.

Minutos después de nuestro asombro, pudimos ver como la puerta de metal que nos separaba de una muerte segura, empezaba a aboyarse, la cerradura parecía que iba a ceder de un momento a otro. Y ahí apareció el señor P, un hombre mayor que iba cada mañana a desayunar a esa cafetería, que se había visto envuelto en esa tortuosa situación viendo como un podrido devoraba a su esposa… Se apeó delante de la puerta y nos hizo señales para que continuáramos nuestro camino. Un héroe, allí donde estés, mil gracias.

J divisó desde la lejanía un camino que parecía limpio de infectados, un pequeño salto entre terrazas colindantes, y estaríamos un paso más cerca de la libertad. Me quedé rezagado, el valor del señor P me había llegado al corazón y mientras todos iban saltando sin mirar atrás, yo le observaba y le daba las gracias con la mirada, segundos después la puerta se le echó encima, un tumulto de zombies entraron cebándose con él… Mi única reacción fue lanzar a modo de jabalina el palo de escoba que había preparado como lanza, atravesando el cuello del zombie que estaba mordiendo su tórax, una última cruzada de miradas, entre ese héroe y yo había bastado para darme fuerzas y continuar, mientras J me gritaba desde el otro lado alentándome a que saltara… Nos hemos salvado una vez más, pero me pregunto si la próxima vez será igual… 


Y un poco de sonido para ambientar que hoy me apetece: Bso Walking Dead

16 abr 2011

Holocausto II

23 de Noviembre de 2010, se ve algo de luz al final del túnel. Después de casi 20 días, los podridos dan síntomas de debilidad, están demasiado hambrientos para moverse con algo de peligro. Puedo observarlos desde la ventana, cada vez caminan mucho más lento, muchos están tumbados en el suelo como si hubieran vuelto a morir… Pero todos sabemos que no es así.

Parece que el sol les perjudica, tal vez será el calor que emana, o simplemente la luz, pero entre el hambre y la luz solar se han convertido en unos dóciles perros abandonados. Eso sí, no dudarán en comernos si nos cogen. J y yo, hemos planeado salir a buscar suministros, alimentos y armas, cuando el sol más pegue. Si todo sale bien tenemos unas 3 horas, si salimos a las 12:00 y volvemos antes de las 16:00. El problema es que los demás no quieren salir… y parece que vamos a tener que ir solos.

Con la expedición del otro día, creen que tenemos comida para pasar unas semanas más si la racionamos correctamente. Estoy harto de racionar comida… es un puto apocalipsis, podemos comer hasta hartarnos y gratis, y lo gratis siempre es bueno. De todas formas, tenemos muy claro que vamos a salir por esa puerta. Nos estamos volviendo locos, encerrados como animales, vamos a morir de una manera u otra. Mejor morir luchando que morir enjaulado. Al menos eso es lo que pienso yo. Se acerca la hora… voy a preparar mi equipo y salir por esa puerta. Espero volver de una pieza.



24 de Noviembre de 2010, estoy en un estado bastante raro, por una parte me siento como un enfermo psicópata y por la otra me siento como un héroe. El plan de ayer funcionó a la perfección, pero trajo consecuencias que no sé si me pasarán factura con el paso del tiempo.

Como estaba dictado, salimos a las 12:00 por la puerta trasera de la cafetería, en el pequeño callejón tan solo había un podrido, tirado en el suelo, casi sin fuerzas para moverse. Sin embargo su olfato era digno de admirar, dos pasos y nos olió como si fuera un perro de caza. Intentó arrastrarse hacia nosotros, J cogió el palo de madera que llevaba para protegerse, yo empuñaba un palo de escoba al que le había sacado punta como si de un lápiz se tratara. J le golpeó rápidamente en la cabeza, yo no me quedé atrás y le ensarté la cabeza como si fuera un pinchito. Aquí empieza lo preocupante, sentí un placer increíble al ver como acababa con el muerto viviente. No tiene porqué ser malo verdad?

Después de eso, los dos salimos por el callejón que daba a la calle principal, ahí estaban un grupo tirado en el suelo, y otros tantos caminando de un lado para otro, a paso lento e irregular. Muchos se chocaban entre ellos, parecían desorientados. Era el momento, J y D, juntos de nuevo como los dos hermanos de aquella serie que nos gustaba tanto. Nos miramos, hicimos la cuenta atrás y salimos corriendo como almas que lleva el diablo.

Cada cual en una dirección diferente, con objetivos claros. La gente se preguntaría en este caso si no deberíamos seguir juntos, y si posiblemente nos arriesgábamos más de la cuenta así, pero qué coño son zombies, muertos resucitados, creo que los dos podemos correr más que un podrido. Así abarcamos más terreno, cada cual equipado con la mochila de las excursiones a la espalda, un par de cacerolas colgando de los cinturones y cada cual con un arma contundente en la mano.

Mi destino fue bastante placentero, en mi recorrido encontré una pequeña tienda de bricolaje. Martillos, clavos, pequeñas hachas para cortar madera, un par de horcas para la paja… no había mucha más cosa, estábamos en un pueblo pequeño a las afueras de la ciudad no podía esperar nada más.  Después de esa pequeña tienda de herrería encontré, otra pequeña tienda de pueblo. La típica panadería que cada mañana asaltaba el pueblo con su olor tan especial, cuando el pan está recién hecho y más ganas dan de comérselo.
Entre por la puerta, como pude ya que estaba un poco atrancada, el olor era nauseabundo, pero una vez dentro no podía echarme atrás. Podía ver en la oscuridad gracias a una pequeña linterna que llevaba conmigo, pan mohoso por todas partes, en las estanterías hallé el tesoro, pequeñas latas de conservas de varios alimentos… y junto a la siguiente estantería el cuerpo de una mujer, semidesnuda.

Lo toqué levemente para ver si era un podrido al que había que rematar, no parecía moverse ni un ápice. Enfoqué la cara y no había síntomas de infección, revisé el cuerpo y tampoco había mordiscos por algún lado. Empecé a golpearle la cara, la muchacha empezó a responder a los estímulos. Cuando abrió los ojos y me vio sobre ella, se asusto y empezó a golpearme… después de unos cuantos manotazos en la cara pude atraparle las muñecas e intentar dialogar con ella.

Era una cría de 17 años, trabajaba en la panadería y el holocausto zombie la cogió por sorpresa, como a todos. Me contó que gracias a su padre pudieron tapiar la puerta principal y la trasera y quedarse ahí. Sin embargo una de las noches, los podridos hicieron hueco en la entrada y cogieron a su padre. Después de eso, volvió a tapiar la puerta como pudo e intento sobrevivir con  la comida enlatada. La verdad es que no lo había hecho nada mal hasta ese momento…

No le quise preguntar por qué iba tan ligera de ropa, las chicas cada vez se ponen modelitos más extraños, pero se ve que mi rostro delató lo que estaba pensando y me comentó que había usado los trozos de ropa de su vestido para tapar los resquicios de luz, para que no pudieran verla a través de ninguna ranura. Al fin y al cabo, los zombies no piensan en que detrás de una puerta puede a ver algo más que nada. Actúan por el instinto asesino, eso nos daba una ventaja.

Convencí a la chica para que viniera conmigo, nuestro refugio era bastante más agradable que esta pequeña panadería llena de pan mohoso y que pronto atraería a todas las ratas del pueblo. Le di una de las horcas, y salimos de aquel tugurio bien cargados de mercancías.  No tardamos en llegar a nuestro refugio, por el camino nos topamos con J, que venía corriendo a toda velocidad. Detrás suyo un rebaño de podridos se acercaba pesadamente, J había conseguido cargar su mochila de alimentos, así que el peso hacía que fuera más lento que nosotros.  Comuniqué a la chica que se acercara a la puerta y diera la clave para que abrieran, mientras empuñando una de las horcas que había conseguido, cubría a J de que ningún zombie se le acercara. Sanos y salvos, con provisiones y nuevas armas… Un día bastante completo.




14 abr 2011

Holocausto

22 de Noviembre de 2010, han pasado exactamente 17 días desde que empezó el holocausto zombie. Nadie sabe cómo ni qué ha hecho que los muertos revivan y están hambrientos.  Son las 3 de la madrugada y estoy escribiendo esto en un pequeño blog de notas que he podido rescatar en nuestra escapada matinal en busca de alimentos. Aprovecho estos momentos de guardia para no caer sucumbido en el sueño, escribiendo las pocas líneas que soy capaz de pensar sin desmoronarme.

Hace 18 días estaba tan plácidamente acampando con un par de amigos en medio de la naturaleza, y hoy estoy en un pequeño pueblo a las afueras de mi ciudad, vigilando que los apestosos zombies no encuentren un hueco por donde pasar y devorarnos a todos. Siempre había pensado que si pasaba algo así, estaría preparado para ello… demasiados libros, películas, historias. Y ahora sé que por mucho que esté preparado para sobrevivir, no he sido capaz de proteger a todos mis amigos. Del grupo solo quedamos 2, nos sorprendió un reducido grupo en medio del bosque… estaban tan hambrientos que su fuerza parecía inhumana, se abalanzaron sobre la tienda de campaña. Solo pudimos salir de ahí 2, y correr con todas nuestras fuerzas, para los demás era demasiado tarde.

Podía oír sus gritos, sus llantos, podía sentir como desgarraban la carne de sus huesos y la masticaban sin piedad. Durante unos segundos mi orgullo, me hizo pararme y querer volver atrás, no podía dejarles ahí. Pero J estaba ahí, me arrastró con él con lágrimas en los ojos. Llegamos hasta el coche casi sin aliento y no paramos hasta llegar al pueblo más cercano.

Aquello era un caos, infectados por todas partes, coches ardiendo en medio de la calle, gente huyendo, niños perdidos de su familia. Un tumulto de infectados intentó parar el coche, de repente golpes y más golpes, hasta que consiguieron romper parte de la luna trasera. J empezó arroyarlos hasta que una maldita farola imposible de divisar por el disturbio nos paró en seco. Destrozando literalmente el morro del coche… por suerte para nosotros los airbags nos salvaron la vida.

Salimos del coche, buscando entre la multitud un lugar donde escondernos, se podía oír disparos y la voz de un hombre tosco dando indicaciones de donde ponernos a salvo.  Y aquí es donde paramos, una pequeña cafetería que por suerte no está mal reforzada. En un principio éramos una veintena de personas… ahora tan solo quedamos 6.

Los más osados, salieron a primera mañana buscando suerte y encontrar un modo de comunicarse con otros, saber si podíamos recibir ayuda era primordial. Nunca se imaginaron que los podridos aún estaban con energías, pudimos verlo desde una ventana trasera de la cafetería, los acorralaron y se los zamparon delante de nuestras narices. Durante estos 17 días he comprendido que hacerse el valiente solo te lleva a una muerte asegurada. En estos pocos días hemos aprendido a convivir y a trabajar como un equipo. Las reglas son simples, nadie sale solo, no se vuelve atrás a por ningún rezagado, tan solo nos llevamos lo imprescindible para sobrevivir.

Puede ser cruel el no volver atrás a por nadie… pero ya nos pasó factura cuando aún éramos 10, S, una simpática cajera de supermercado. Cuando volvíamos de una incursión en dicho establecimiento con reservas de alimentos, se torció el tobillo en la carrera, su novio no la iba a dejar atrás… Los demás cedimos, volvimos para ayudarla. Segundos después la horda de zombies estaba encima de nosotros, S y su novio fueron los primeros en caer, dos chicos más al ver cómo estaban a punto de cogerlos tiraron de ellos para ayudarles. Lo único que consiguieron es tirarse a la horda encima. Así es como acabamos siendo 6, he de decir que el siguiente podría haber sido yo, ya que mi idea fue la misma que la de aquellos dos chicos, por suerte y para desgracia de ellos. Llevaba demasiado peso, demasiada mercancía vital, para soltarla y llegar a tiempo.

No hemos tenido contacto con nadie más durante estas dos semanas, nadie ha llegado hasta el pueblo y nadie ha salido. De los que quedamos la mayoría aún se motivan pensando que cuando salgamos de aquí verán a sus seres queridos. Yo lo doy por perdido, si han llegado hasta aquí, los núcleos urbanos serán los más arrasados. Y si no fuera así seguro que habrían mandado ayuda.



10 abr 2011

Y es que un par de Ostias a tiempo siempre vienen bien!!!

Tranquilos amigos del nerdismo, el título no es que me apetezca darle un par de ostiejas a alguien, pero que ehh a mí darle un par de ostiejas a alguien porque sí siempre me ha gustado.
Pero bueno el tema es que este fin de semana me he juntado con un buen amigo, y nos hemos hecho un par de sesiones de cine.

Al tener poco tiempo hemos elegido varias películas en las que esperabamos ver acción sin más... pero el caso es que una ha sido algo más complicada y la otra ha tenido momentos en que nos ha hecho reflexionar. Sin duda, no puedo decir para nada que hayan sido malas elecciones, sino todo lo contrario. A mí personalmente me han gustado mucho.

La primera que vimos fue una película basada de un cómic de DC, un thriller a la americana en el que nuestro protagonista es el encasillado Bruce Willis en el papel de Frank Moses. Un retirado agente de la CIA que dedica su vida a la nada, y a hablar por teléfono para quejarse de que no le llegan sus recibos... Sin duda verle a él, es como ver al mismísimo John McClane con unos cuantos años más (para el que no lo sepa... el prota de Jungla de Cristal).

El reparto de la pelicula no se queda ahí, encarnando a otros ex-agentes tenemos a dos actorazos como son Morgan Freeman, John Malkovich y una antigua dama, Helen Mirren. Sin duda el mejor papel de esta película no podía ser ni nada menos que para JM, su personaje es un paranoico conspirador que nos sorprendará a todos en más de un momento. En fin a lo que iba que me lío!!

El argumento de la película es sencillo aunque tiene momentos que te hacen pensar pero ahí va: 4 amigos que se unen para sobrevivir al intento de asesinato de cada uno de ellos... el porqué lógicamente no lo voy a desvelar, solo diré que de ahí viene el nombre del film: RED




La siguiente película que me deleitó fue una dirección de Zack Snyder, ¿qué, qué no sabéis quién es? Por Dios en que mundo nerdo vivimos!!!, fácil si os digo 300 o Watchmen seguro que ya os suena más... Zack reventó las taquillas del cine con su visión sobre el "slow motion", gracias a esa tecnología se podía deiletar con cruentas luchas, saltos, efectos y un largo etcetera.

Y como no de nuevo para esta película lo ha vuelto a usar, sin duda sabe cuando usarlo y como impactar más sobre el espectador. En este film, nos lleva a un mundo de locura en el que nada es lo que parece y todo puede cambiar. Gracias al poder... al poder de la imaginación. Una dulce joven de 20 años es internada en un psiquiátrico de los años 55, después de que su padrastro intentará violarla y matarla. Como ya hizo con su madre para quedarse con la herencia.

Una vez dentro del centro mental, la joven empieza a vislumbrar un nuevo mundo de fantasía dónde intentará escapar de la tiranía del director del lugar. De esta forma se transforma el psiquiátrico en una digamos casa de alterne, donde se gananaría la vida bailando, pero ya dentro de su imaginación para bailar la chica va más allá e imagina otros mundos...

Se podría decir que la acción no cesa, la historia es interesante, y él único fallo que le veo es que bebe mucho de otras películas, claramente se ven referencias a otras filmaciones como son: ESDLA, Zombies Nazis, Tron, Yo Robot... que no voy a negar que es algo que me guste, pero podría ser menos explícito. Después de andarme por las ramas la película es Sucker Punch




Me hubiera explayado más con mi comentario sobre las actrices que interpretan esta película, pero para mí son un tanto desconocidas, de la única que podría hablar sería de Vanessa Hudgens, coprotagonista de películas como High School Musical,eso sí no se puede negar que están todas de muuuuy buen ver.




2 abr 2011

Siempre hay una gotita que derrama el vaso

Últimamente me estoy dando cuenta que hay gente que dice conocerme, que realmente no tiene ni idea de cómo soy realmente. Como mucha gente sabe soy una persona que siempre va de cara, a mí la gente hipócrita no me gusta. No me gusta que la gente se pase el día diciéndole a otros lo que quieren oír y no lo que sienten de verdad.

Gente que se considera mi amiga, dice conocerme de verdad… Creo que estos son los que más me decepcionan, son los que siempre tienen una palabra exacta para joderlo todo. Y otros que de verdad son mis amigos, saben cuál es mi rollo y saben que nunca voy escupiendo veneno a traición, de hecho me repugnaría a mí mismo si lo hiciera. No podría mirarme al espejo, ya que cuando lo hiciera vería que ese no soy yo.

De hecho, otra cosa de la que me sorprende es que gente que he conocido en estos dos últimos años, y que hemos pasado mucho menos tiempo juntos del que podría querer por mis horarios. Me conoce mejor que alguien que puede llevar muchos años más, no estoy hablando de los que están a mi lado. Los que están a mi vera cada día saben perfectamente como soy, si me pasa algo o no… 

Aunque la respuesta a por qué esta gente nueva en mi vida me conoce mejor que otros, es fácil. Ven la realidad de mi persona, ven la transparencia de mis palabras y no tergiversan a su antojo… Y os preguntaréis también porqué escribo ahora, otra respuesta fácil, simplemente como dice el titulo de esta entrada:  Siempre hay una gotita que derrama el vaso