27 ago 2011

Música como forma de vida


No sé como empezar a escribir estas líneas, no tengo esa mordiente sed por escribir como días atrás, pero sin duda mi mente tiene un idea en la cabeza que quiere sacar. Hace tiempo os conté que todos tenemos una BSO en nuestra vida, una canción que nos identifica, una letra, una melodía que cuando escuchamos sabemos perfectamente que ha sido escrito y compuesto para nosotros.

Sin duda la música tiene un poder que infravaloramos. Un poder que puede cambiar el estado anímico de cualquiera en cuestión de segundos,  y ya no hablo de aquel que se dedica a tocar un instrumento que por lo tanto tiene más sensibilidad por ella que otros.

Dos historias se han cruzado en mi vida en menos de 24 horas… Dos historias totalmente diferentes, pero paralelas ya que tienen como punto de inflexión la música. Una me ha tocado vivirla de lleno, hoy he empezado el día con mucho sueño pero con muchas ganas.

Sin embargo la cosa ha ido menguando gracias a la música, y es que escuchar un tema demasiado tranquilo, triste, con una languidez anormal, a mí me afecta. La música forma parte esencial de mi vida, y puede marcar el camino entre una sonrisa y un llanto sin esforzarse mucho más.

Eso si, lo cierto es que me siento bastante masoca, en momentos de bajón encima soy capaz de ponerme mi lista más “choff”. Cuando debería hacer todo lo contrario, poner toda la más enérgica, la que me de buen rollo y la que me saque de ese trance. Pero que le vamos hacer soy así, y creo que como yo muchísimos más, me gusta torturarme de vez en cuando con según que tipo de canciones, o simplemente tener un cd en común con alguien y cuando ese alguien desaparece de mi vida, ponérmelo a todas horas, recordarle y echarle aún más de menos. Santa paciencia la de mis vecinos!!!

Aunque últimamente, solo disfruto de verdad con un par de grupos… Llevo unas semanas que casi solo escucho Tenpel y Nuevenoventaicinco. Curioso ahora que me paro a pensar.

En fin esta era la idea que tenía en la mente, estaba dándole una y otra vez vueltas a mí mente, de hecho el otro día de vuelta a casa en un bus amarillo de dimensiones reducidas, la otra persona y yo nos miramos e hicimos esa pequeña reflexión en cuestión de segundos… 





Ya empiezo a caminar
Ya empiezo a respirar
Hoy amanece para mí

 

25 ago 2011

Holocausto: Ensayo y error


8 de Abril de 2012, ayer pude comprender que no hay límites cuando quieres proteger a alguien a quien quieres, cuando oía los gritos de J desde la terraza viendo que no podía acceder de ninguna forma a la casa, una fuerza irracional se apoderó de mí y a base de patadas conseguí abrir la puerta que daba acceso a la casa desde la terraza.

Bajé corriendo las escaleras, entré como una exhalación en la habitación y pude ver que E y N estaban cogiendo de los brazos de J para mantenerlo tumbando, parecía que se había vuelto loco, estaba fuera de sí y además no hacía demasiado le había dejado inconsciente en la cama… como podía sacar esa fuerza en esos momentos.

Petrificado ante la situación, si saber bien que estaba pasando, pude ver la mirada de J perdida en la nada, no estaba luchando contra ellos, simplemente parecía que algo le impulsaba a reaccionar de esa manera. N me sacó de mi letargo y me instó a ayudarles a contener las energías de J. Así fue como actué… tardó unos cuantos minutos en calmarse, y segundos después caía rendido nuevamente sobre la cama, durmiendo plácidamente en un charco de sudor. E había preparado agua con un paño y le limpió, secó el sudor.

N también parecía cansado, se echó la mano a la frente, pensativo, dubitativo. Se giró hacia a mí, resopló y me llevó fuera de la habitación. Le costó decirme que había usado la última muestra sintetizada que le quedaba de lo que creían que era la cura. Mientras le curaban, N encontró varios mordiscos en el cuerpo de J, así que la única solución que encontró era probar la medicina con él. N no sabía cómo reaccionaría, ni si de verdad le curaría evitando que se propagara la infección.
Como ya me había contado antes la cura no estaba terminada había cientos de posibles efectos secundarios, uno de ellos la muerte del paciente.

Lo que no sabía N es que J ya había sido infectado en otra ocasión, hacía ya dos años cuando le mordieron cuando escapábamos del ataque al pueblo, cuando el foco de podridos era aún mayor que el de ahora. Habían pasado 2 años, y no había dado síntomas de infección, aunque los últimos días había hecho un par de cosas raras, su comportamiento cambiaba, cosa que me preocupaba.

Sin duda, aún no era tiempo de darle esta información a N, su actitud era extraña, no había nada que ver con el que conocía desde la infancia y este N. Y ahora qué? Sólo me quedaba esperar y ver cómo evolucionaba mi hermano. Nunca he pedido nada, pero si existe su Dios espero que no le abandone en este momento.




One Shoot... One Oportunity



24 ago 2011

Cómo podría olvidarme de ti!


Hoy me he dado cuenta que soy un jodido desagradecido, siempre os he hablado de mis dos pasiones, aquellas a las que tengo que agradecerle que el día a día se me haga menos pesado si están conmigo. Pero siempre he dejado de lado este momento… esta afición que me ha acompañado desde que tengo uso de razón, esa que también ha ayudado a esta mente rota desde que era un crío.

Supongo que os habréis dado cuenta que hablo de plasmar mis pensamientos en un folio en blanco… Escribir es vital para mí, ya sea cualquier chorrada como algo que realmente esté sintiendo en ese momento. Es un medio de expresión tan puramente fiel, una forma de evadirme por un rato de la realidad, dejar que mi mente vuele y me enseñe nuevos caminos a través de mis personajes.

Siempre me he infravalorado mucho con mis textos, les doy mil y una vueltas antes de colgarlos, de hecho puedo tener muchísimos textos escritos que jamás verán la luz, pero ese momento en que enfrento mi pluma contra la hoja en blanco es un pequeño momento de paz. Aunque a veces no lo parezca por lo que escribo, ese pequeño instante en que mi mente y las líneas escritas se funden en uno da un pequeño respiro a mi vida.

Releyendo hasta aquí, este es uno de esos escritos que posiblemente jamás saldrían, no lo considero bueno, pero es una forma de expresar mi agradecimiento a otra de mis ayudas en estos momentos de flaqueza. Sé que habrá bastantes gente que comprenderá este sentimiento, posiblemente muchos de vosotros hagáis como yo, os ponéis a escribir en cuanto algo no va bien, o todo lo contrario para demostrar que estáis felices, y lógicamente no todo sale a la luz.

Así que este texto va dedicado a ti mi gran amiga, y por mi perfeccionismo a veces enemiga, por que me ayudas a evadirme y a escupir los que siento, a decir lo que a veces me cuesta decir… y a todos vosotros, los que compartáis esta afición. 




Vivir al niño de mayor, la tonta excusa es...
Cesar mi orgullo perderdor, y mañana aquí estaré


20 ago 2011

Holocausto: Podridos Perdidos


7 de abril de 2012, cuando J tenía un mal presentimiento el otro día, parecía que no se equivocaba. Al cabo de unos minutos de que N me contara toda la verdad, J apareció por la puerta de la casa, apoyándose en el marco pudimos verle cubierto de heridas, lleno de sangre, su ropa medio destrozada, sus rodillas se doblaron y cayó al suelo, pero antes de perder todas las fuerzas una sola palabra salió de sus labios: Podridos.

Giré el cuello para ver por la ventana y pude ver el horror en las calles de ese pequeño poblado que habitábamos. Empecé a ordenar directrices disciplinarias, mientras apartaba a J de la puerta, justo detrás de él dos podridos se acercaban siguiendo el rastro de la sangre, estaban demasiado cerca así que disparé dejándolos muertos, pero eso alertó a los demás. Tuve tiempo de cerrar la puerta y atrancarla bien para que no pudieran entrar.

E y N no habían hecho nada de lo que les había pedido, tal vez no me había entendido, o el miedo les paralizaba el cuerpo. Subí rápidamente hasta la puerta de la terraza y la atranqué también, no había forma física de que pudieran entrar, en ese momento volví a por J, lo lleve hasta su habitación y lo tumbé sobre su cama. Algún que otro quejido salía de su boca, sin embargo no estaba consciente. Me acerqué hasta N y le cogí del pecho, le insinué sutilmente que más valía que se ocupara de J.

N se soltó bruscamente dándome a entender que no necesitaba decírselo de esa forma y junto a E prepararon material para poder tratar a J.  Miré por la ventana y centenares de no muertos caminaban libremente, no entendía como no había sonado nuestro sistema de seguridad… tal vez no era el más efectivo, pero no solía fallar. Me acerqué hasta el arcón donde guardábamos todas las armas, saqué un poco de C4… ya me quedaba poco, debía racionarlo. Fui hasta la nevera y cogí un pedazo de carne fresca. Era una pena no poder comerse ese pedazo de carne pero sería una buena carnaza si el plan salía bien.




Le dejé un walki en el cuarto de J, les dije que iba a salir y cuando necesitara entrar se los haría saber por el walki, pero que en ningún momento me devolvieran la “llamada”, eso podría desvelar mi posición. Salí por la terraza, salté de nuevo al tejado de enfrente y empecé a hacer ruido para un gran número de zombies se fijaran en mí. Funcionó, la mayoría de ellos empezaron a caminar a paso ligero hacía dónde estaba situado.

Les esperé, daba verdadero pánico dar un paso en falso, esa marabunta podía comerme en pocos segundos. Me imaginé la situación, sintiendo como se me desgarraba la piel, los músculos… y un escalofrío recorrió mi espalda, una gota de sudor frío besaba mi mejilla. Entonces abrí los ojos, despejé mis dudas, y ahí estaban casi todos los podridos a mis pies. Lancé el trozo de carne en medio de todos ellos… rápidamente como perros salvajes se giraron para llevarse su porción.

Cuando valoré que el número máximo de infectados a los que podría afectar la explosión, estaba entretenido con la carnaza, me tumbé sobre el tejado, y apreté el botón. El estallido fue más del esperado, tuve que cogerme con fuerza a cualquier resquicio que consiguiera algo de estabilidad, para no rodar hasta el suelo. Cuando todo pasó me levanté lentamente, aturdido y con una sordera considerable.

Pude observar el gran destrozo que había creado, cientos de cuerpos quemándose y retorciéndose en las llamas, un agujero en medio de la calzada. Me senté en el tejado observando la bella escena, saqué el rifle y cuando me recuperé, apunté uno a uno a los que se retorcían de dolor, a los que daban signos de vida. Disparé, uno a uno, una bala un muerto más.

Cuando terminé, me comuniqué con el walki con E y N, no obtuve respuesta como esperaba, pero tampoco me abrieron la puerta. Observé por la ventana pero no pude ver nada, intenté abrir la puerta pero no pude, lógicamente seguía atrancada. Escalé por la fachada  del edificio, llegué hasta la terraza e intenté entrar, pero tampoco pude… Oí un grito, parecía de J y venía del interior de la casa, sabía que tenía que entrar como fuera. 


Tell me what you kill to save your life? 
Tell me what you kill to prove you’re right? 
Crash, crash, burn let it all burn 
This hurricane’s chasing us all underground 



19 ago 2011

Y la fórmula funciona...


Es curioso ese síntoma que crea ese deporte en mí, ya comenté por aquí una vez, que cuando práctico mi deporte favorito siento una sensación de libertad que consigue que me deshaga por unos instantes de todas mis preocupaciones. Aunque llevaba unos cuantos partidos que no conseguía que eso pasara, por desgracia.

Pero ayer después de muchos días, incluso semanas, cabizbajo, sin ganas de mucho, y comiéndome la cabeza más que viviendo, el fútbol me hizo sentirme algo más distraído y despreocupado, me hizo sentir ese instante de felicidad que tanta falta me hacía. Lógicamente es algo efímero que durará unos días… es difícil que se prolongue mucho más.

Sin embargo, esa sensación de plenitud me la dio el simple hecho de jugar un partido con los amigos, disfrutar del momento, sentirme libre, sentirme vivo. Y eso se notó en mi juego, en mi forma de moverme entre líneas, a la hora de definir de cara a portería, o dar un pase de gol sin mirar.

Supongo que para el que vea el fútbol como un deporte zafio, de bárbaros, que se dedican a correr detrás de un balón como unos pollos descabezados. No comprenderá esa sensación, cosa que entiendo sin problemas. Para gustos colores, y para tetas sujetadores.

De hecho a mí esa sensación de felicidad me cogió de sorpresa, que se marque una sonrisa en mi cara sin que tenga que forzarla, es un tanto raro, algo que se consigue en contadas ocasiones, cosa que como pude observar yo mismo, se dejó ver en mis pies mucho más sueltos, en mi cabeza mucho más atrevido que en partidos atrás, en mi mente.

Tal vez os parezca una tontería, pero era algo que tenía dentro y quería compartir, es una lástima que no pueda jugar de esta forma más a menudo… de hecho es una lástima que se haya perdido el mundo mi talento, egos a parte. Ya sabéis que no tengo abuela, así que me lo tengo que decir yo mismo.




Dame vida, dame
Dame un momento, dame

17 ago 2011

Holocausto: Dosis de Fe


6 de abril de 2012, la tensión se podía cortar con un cuchillo para mantequilla, N hacía escasas horas que había despertado. J y yo apenas nos mirábamos. E no entendía que estaba pasando, ese cambio de humor de un día para otro. Había intentado hablar con J después de ese repentino empujón, sin embargo él me había evitado, no sé si por vergüenza de sus actos, o porque realmente estaba enfadado conmigo.

N se despertó hambriento, su herida iba curando bien, y por suerte E nos preparó un desayuno digno de campeones. Eso sí, lleno de azúcar por todos lados… algo que realmente escaseaba en nuestras vidas fuera de la ciudad flotante. Durante el desayuno N estuvo poco receptivo, esquivaba nuestras preguntas con signos de glotonería, por lo menos el hambre no lo había perdido.

Viendo la situación y las pocas ganas de todos de charlar, subí a la terraza a vigilar un poco y a pensar que le podía suceder a J. Me senté en la cómoda tumbona con los prismáticos, todo estaba en calma, no había ruidos, tan solo una leve brisa que me helaba las mejillas y las manos. Vi salir a J por la puerta del pequeño almacén, llevaba el hacha en la mano y esa especie de cesto donde traíamos la leña cortada.

El sol empezaba apretar, el frío se había calmado y se estaba bastante a gusto, me acurruqué en la tumbona, y me concentré en disfrutar de ese momento de paz. Una conversación que venía del interior de la casa me sacó de mi trance, no conseguía oír del todo de que estaban hablando así que me acerqué hasta la salida de la chimenea, el eco retumbaba por sus carbónicas paredes, y las palabras llegaban hasta mi situación.

Parecía que aquellos dos discutían sobre contarnos algo sumamente importante, algo que sin duda quería saber y no me estaba enterando de nada. Bajé a hurtadillas, sigiloso como una cobra en busca de su víctima, pero una racha de viento delató mi posición cerrando de un portazo la puerta que daba a la terraza. Ambos callaron al instante… pero estaba harto de tanto secretismo. No pensé en tonterías, bajé las escaleras, me planté delante de ellos y saqué la pistola apuntando directamente a la cabeza de N.




Una situación tensa, que yo mismo tampoco comprendería en otro momento, N no me veía capaz de dispararle. Aunque hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, sabía que tenía razón, sin embargo él no había vivido el holocausto de la misma manera que lo había hecho yo, y no conocía la sangre fría que me recorría el cuerpo. Jalé el gatillo, una sonrisa se dibujó en su cara. Segundos más tarde disparé a la mesa, a escasos milímetros de donde su mano reposaba tranquilamente, desde ahí podía notar el calor que emitía la bala.

Su expresión cambió repentinamente, E se puso delante de él gritándome, creía que estaba loco, que le disparara a ella. ¿Eso es amor…? Pensé yo. Sin duda mis ojos debían expresar una mezcla entre locura y violencia, ya que no tardaron en reaccionar y empezaron a contarnos que hacían ahí.

Una jodida cura, creían haber encontrado una maldita cura para los infectados que hubieran sido mordidos o contagiados de cualquier otra forma, sin embargo solo servía para aquellos que habían sido infectados con pocas horas de diferencias desde la exposición al virus. Les salvamos el culo, y tienen cojones a escondernos esto…  Según N lo habían hecho para protegernos, cuanto menos gente supiera esto mejor.

N y E habían escapado de la ciudad en ese tanque con los datos de la formula, el gobierno quería comercializar la cura para embolsarse una cantidad de dinero enorme, pero la medicina no era perfecta, y muchos de los especímenes de prueba se habían vuelto más violentos, incluso llegando a superar el hambre de los infectados, otros sin embargo habían sobrevivido y otros habían muerto directamente. Pero eso a los altos mandos de la ciudad flotante les importaba poco. Sin embargo yo me preguntaba qué pintaba E en todo esto…


I won't take no prisoners, won't spare no lives
Nobody's putting up a fight





16 ago 2011

Holocausto: Doblan las Campanas


4 de abril de 2012, habían pasado 2 días desde nuestro apoteósico rescate, N seguía durmiendo plácidamente en mi cama. E había estado a su lado cuidándole, de forma realmente extraña, vamos que parecían algo más que amigos. J y yo habíamos estado intentando sacarle información, lo único que conseguimos averiguar que habían estado trabajando en algo juntos desde hacía unos meses… Demasiado secreto en sus palabras.

Durante esos dos días el ataque de podridos había menguado de manera considerable, se podía hasta vivir en harmonía. Tal vez la explosión había conseguido llamar a ese gran número de podridos e intentaban llegar hasta la ciudad.  Seguí charlando con E, me contó que la ciudad era casi peor que vivir en nuestras condiciones. Si bien es cierto que estaban completamente protegidos de la plaga, vivían como ratas, amontonados en pequeños zulos. Trabajando en las calles para el beneficio de los peces gordos. Tan solo los nobles tenían privilegios y vivían en el corazón de la ciudad flotante como verdaderos reyes. Cosa que me enfurecía.

Dentro de lo que cabe las noticias eran buenas, una pequeña cantidad de nuestros amigos seguían vivos, por lo menos sabía que V seguía viva. Era la única que quedaba del grupo inicial, a parte de J y un servidor. Por lo que me contó E, las mujeres de los barrios bajos eran tratadas como esclavas y los hombres como mercenarios… El mundo se ha vuelto jodidamente loco allí dentro, doy gracias de estar fuera de esos muros.




Nuestra conversación cesó en el instante en que oímos unas pequeñas campanas, J y yo habíamos colocados pequeñas trampas, y un sistema que nos avisara que teníamos visita. Miré a E y no hizo falta decir nada más. Se escondió en el cuarto junto a N, sin hacer ruido. Subí por las escaleras hasta la terraza, J tomó su posición habitual de defensa. Desde donde estaba los dos nos veíamos perfectamente, nos teníamos cubiertos el uno al otro.

Miré con los prismáticos, un pequeño grupo de podridos estaba caminando por en medio del pueblo. Era raro que a plena luz del día estuvieran por ahí, monté el silenciador a mi rifle mientras le hacía señas a mi compañero de batalla. 5 podridos al este de su posición, J parecía intranquilo, no entendí su reacción… Salió como una exhalación hacía el grupo de podridos, haciendo un escándalo. Los podridos corrieron hacía él, les combatió con el machete en mano, tuve que moverme, no tenía a tiro a ninguno debido a esa estupidez.

Salté al tejado contiguo, corrí unos cuantos metros hasta el borde y por suerte llegué a tiempo, después de verle desmembrar a uno de los podridos, uno de los restantes saltó sobre él, le iba a coger por detrás. Solo un segundo más tarde, y solo Dios sabe lo que hubiera pasado, pero llegué a tiempo para disparar y reventarle la cabeza a ese animal apunto de cazar a su presa.  Otro disparo certero en uno de los podridos que aún se movía en el suelo. Sin embargo en la cara de J no había signo alguno de bienestar al a ver sido salvado. Seguía con esa cara mustia.

Bajé de aquel tejado como pude y me acerqué lentamente, cerciorándome de que estábamos solos. Cuando llegué J estaba regando los cuerpos con un poco de gasolina para quemarlos, como hacíamos habitualmente. Le puse una mano en el hombro y enseguida se apartó, le miré extrañado, y sentí una sensación que jamás había sentido viniendo de él, un mal rollo que se vio in crescendo cuando con un tu no lo entenderías me apartó de un empujón, tirándome al suelo. Y se fue a paso rápido… ¿qué cojones le pasaba?



Me he girado a ver todo lo que dejo atrás
Pensar que he crecido aquí, entre vuestra mezquindad