24 abr 2011

Holocausto: No hay lugar seguro...

11 de Diciembre de 2010, que difícil se me hacen escribir estas líneas con las manos manchadas de sangre,  las últimas 24 horas han sido una completa locura. Desde que salí al pasillo y me encontré a N infectada y con ganas de arrancarme el corazón, comérselo mientras aún estaba latiendo e ir a por más víctimas, hasta hace escasos minutos. El olor de cuerpos quemados en medio de un campo de fútbol, el montón de cadáveres incinerados para prevenir otro ataque.

Después de sentirme como un asesino, y acabar a sangre fría con N, corrí hasta la habitación para despertar a J. El sonido de la bala, el fogonazo del disparo entrando por la rendija de la puerta, y el gruñido ahogado de un infectado muriendo, le habían despertado. Le encontré preparándose para lo peor.

No pude decirle nada a J, simplemente entré, cerré la puerta y él mismo vio que la situación no estaba bien, me preparé para salir de ahí, escopeta en mano y la pistola nuevamente en el cinturó, J llevaba el arma de JK. Cogí una cartuchera que me habían dado en la armería de Nueva Espanza… y sin mediar palabra salimos por la puerta. Tomé la dirección contraría del lugar donde se encontraba el cuerpo de N, y aceleré el paso.

A nuestra izquierda una puerta se abrió de repente, un niño de unos 7 años salió a toda velocidad chocando contra mí y tirándonos a ambos al suelo. Las lágrimas se habían apoderado de su desesperación, la luz de un relámpago nos hizo contemplar la desagradable escena, lo que parecía ser la madre del niño estaba devorando a una velocidad pasmosa el estómago de su marido. El niño no paraba de repetirle a su madre que parara, miré a J y él me entendió sin mediar palabra, cogió al niño en brazos y se lo llevó de ahí. Más tarde nos reuniríamos.


Entré dentro de la habitación cerrando la puerta, saqué la pistola de mi cinturón, en cuanto el zombie se dio cuenta de mi presencia, se giró hacia mí. Justo en ese instante apoyaba mi pistola contra su frente apretando el gatillo que le hizo libre de su enfermedad. El cuerpo del marido, extrañamente aún con vida, reposaba sobre el escritorio de la habitación, con un esfuerzo sobre humano me pidió que no le dejara convertirse en uno de ellos, cerré los ojos… Era la primera vez que mataba a alguien que aún estaba cuerdo, que aunque su cuerpo estuviera infectado, tuviera vida. Y aunque dudé, no le podía fallar en mi promesa.

No sé el tiempo que pudo pasar, tal vez no llego a ser ni una hora, o tal vez pasaron más de dos, pero después de tantos disparos, tantos cadáveres liberados de su cabeza para que no se levantaran nuevamente. Volver a ver una cara conocida era como un regalo del cielo, lástima que esa cara no duraría demasiado y además fuera la de E.

Cuando bajé a la planta baja, donde estaba todo el centro “tecnológico” de la planta, posiblemente el mejor lugar puesto que la armería estaba a dos pasos de ahí, para defenderse. No había nadie, el silencio me acompañaba a cada paso que daba, la sala estaba con las luces encendidas, por suerte no debía caminar a tientas. Podía oír como la lluvia golpeaba contra los cristales con fuerza, unos minutos en aquella estancia eran sobrecogedores. Tanto espacio y ni un alma, y detrás de mí podía oír como alguien se acercaba corriendo. Me giré y pude ver al cobarde de E, llevaba el pecho lleno de sangre, cojeaba de una pierna… pero aún seguía vivo. Detrás de él a lo lejos 3 o 4 podridos le seguían.

Empecé a caminar, cargando la escopeta, cuando estuve a su altura, E se apoyo en mi hombro y siguió corriendo, apunté, podrido tras podrido fueron cayendo al suelo.  Me acerqué hasta E que había cogido una silla y se estaba examinando la pierna. Cuando estaba a su lado, se giro hacia otro lado, dándome a entender que no quería mostrar su herida, lo que causó más intriga en mi persona.

Al conseguir que me dejara ayudarle pude ver el desastre que le habían hecho. Lo que no entendía es como podía seguir corriendo después de lo que vi, casi llevaba la pierna colgando, apenas le quedaba carne en el músculo del gemelo, se podía ver el hueso, los ligamentos que aguantaban su pierna… Di un paso hacia atrás, E se estaba poniendo muy nervioso, golpeaba la mesa. De repente vomitó cerca de mis pies, entre sangre y bilis, no creía lo que estaba viendo. Una milésima de segundo perdida y habría muerto… se había transformado un podrido delante de ojos y se lanzó contra mi cuello. Un segundo más tarde y posiblemente sería uno de ellos. Ese momento en que pude disparar y tumbarle de una vez por todas.

Y si la noche fue mala, el día no ha sido mucho mejor, recogiendo los cadáveres y llevándolos hasta el camión para llevarlos hasta donde iban a incinerarlos, cuando J encontró el cuerpo de N se lo expliqué todo, durante unas horas prefirió estar solo… Y yo nuevamente me he refugiado en mis notas.



Hoy acompaño de este vídeo que me sirve de BSO para el texto... me gusta más que esta misma versión de otro grupo que os iba a poner. Pero bueno los CommonPlaces no tienen nada por Spotify así que os pongo el vídeo.

23 abr 2011

Talento en las calles

Saludos amijos del nerdismo, antes de postear el siguiente capítulo de ese pequeño caos literario que tengo en la cabeza. Quiero hacer un alto y aprovechar un vídeo, que ha hecho que se me ponga la piel de gallina. Y tocar un tema que por desgracia se repite cada día en nuestras calles.

Hay un talento pudriéndose en las zonas más transitadas de nuestras ciudades, gente que canta, gente que toca algún instrumento, pintores, dibujantes y un largo etc, están ahí durante largas jornadas, amenizando nuestras caminatas por tan solo unos cuantos euros. Realmente no sé que pueden llegar a recaudar a lo largo del día... pero imagino que poco. Lo justo para poder comer algo al día.

Sin embargo vemos la Tv llena de desperdicios humanos ganando una burrada por simular un mareo, o oímos en la radio artistas (si es que se les puede llamar así), que por que han tenido un buen padrino, o simplemente un golpe de suerte, sacando discos como churros. Sabiendo que realmente ni cantan tan bien, ni son tan humildes, ni escriben ellos ni componen sus propias canciones... Algo muy frustrante. El vídeo en cuestión que ha desencadenado este post es el siguiente:



Este señor se presentó al concurso de talentos que hacían en una radio americana, con sus pintas de vagabundo, sin una guitarra que tocar. Pero aseguraba que él sabía tocarla, y quería intentar ganar ese concurso. Lógicamente para ganar el premio en metálico, ni sabía que podría optar a grabar su propio EP. Le dieron algo de ropa, le dejaron una guitarra y se puso a interpretar esta versión de Creep de Radiohead dejando a oyentes y los propios jueces del concurso con la boca abierta. Después de varios días interpretando canciones, fue elegido como ganador del concurso... optando a grabar su propio disco.

No sabemos que le deparará el futuro, pero al menos que ese dinero le haya venido bien para salir de la calle y comenzar una nueva vida. Recuerdo que cuando era un crío, me sentaba muchas tardes antes de entrar a clase o después, con un hombre muy parecido a este, se llamaba Michel aunque le llamáramos el inglés, vivía en la calle pero su manera de tocar la guitarra me fascinaba, de hecho puedo asegurar que fue quien me enseñó a tocar mis primeras notas... Le perdí de vista, y de hecho no le he vuelto a ver por la isla, pero ese hombre no tocaba la guitarra, le hacía el amor con una delicadeza jamás vista.



A disfrutar del talento callejero ;)

22 abr 2011

Holocausto: Malas Sensaciones

10 de Diciembre de 2010, tengo un mal presentimiento, la chica que rescaté en la panadería ha caído enferma, tiene una fiebre muy alta, dice que le duelen todos los huevos. Ha sido todo tan repentino ayer estaba bien. J se está encargando de sus cuidados, debido a su carrera como enfermero está siendo de gran ayuda para los enfermos y heridos.

Desde que empezó el holocausto ninguno de nosotros había trabajado en lo suyo, J estaba ahora de enfermero, yo me había dedicado a configurar la parte informática de la base,  había conseguido recolocar el sistema de cámaras, con eso había conseguido que más gente pudiera descansar y hacer menos guardias.
Después de estar un par de días por ahí, me había topado con E, nos miramos y tan solo nos saludamos con cordialidad. Se sorprendía de verme con vida, pero tampoco parecía alegrarse. A mí simplemente me daba igual, no me inspiraba ningún sentimiento, y aunque le conocía más que mucha gente de ahí, era del menos confiaba. Solo por salvar su vida podía poner en peligro la de otros.

Hoy he recuperado mi móvil, cuando llegamos a Nueva Esperanza nos hicieron dejar todos nuestros objetos personales, para examinarnos y ver si no éramos espías del ejército. Había mucha paranoia allí dentro… No me atrevía a encenderlo y hacer la llamada que estaba esperando. Me armé de valor, encendí el móvil, un par de mensajes asediaron mi buzón de entrada. Varias llamadas, y mensajes de E. En todos se preocupaba por mi estado, pedía que respondiera… es extraño ver tanto cariño entre tanto caos y miedo. Intenté llamar pero no había cobertura. Me trataban de iluso, por no saber que el gobierno había cortado todas las comunicaciones hacia el exterior. De hecho no me di cuenta que internet había muerto y por mucho que tuviéramos Red, todo era interno.  

No entendía como me podían haber llegado esos mensajes, igual eran de antes que todo eso pasara, o alguna antena por el pueblucho hacía de repetidora y nadie con poder se había dado cuenta.
Pasaron las horas, J vino a verme a la habitación que teníamos condicionadas. Estaba preocupado, N, no mejoraba. No entendía como podía haber caído tan enferma de un día para otro. Le dieron la mejor medicación posible,  pero seguían sin reaccionar. J y yo intentamos descansar un rato.



 Ya de noche, salí por el pasillo, estaba oscuro, ese mal presentimiento iba aumentando. Salí con la pistola que le había quitado a JK en el cinturón. Aquel pasillo que otra época había estado repleto de estudiantes y luz, ahora tan solo reflejaba la emisión de los focos colocados fuera. Caminaba en busca de agua, debía traspasar el pasillo para llegar a mi destino.

Caminaba lento y pesado, asegurando cada paso. Miraba a mi alrededor y me apoyaba en la pared pensando en mis cosas, mirando al suelo. De repente una sombra se alargaba hasta el final del pasillo. Levante la cabeza, nunca se me va olvidar lo que pude ver en ese momento, una chica, me miraba fijamente. De repente un trueno rompió en la noche, un rayo iluminó toda la estancia. Era N, de su boca salía un chorro de sangre, su cabeza estaba torcida, como un perro que mira con atención a su dueño. Sus ojos rojos como el fuego, no podía creer lo que estaba pasando. N empezó a correr hacía mí gritando, gruñendo. Otro grito se oyó por detrás de ella.

Saqué la pistola y le dije que parara, no hacía caso, estaba loca, los nervios me hicieron dispararle en la pierna, cayó al suelo y me acerqué lentamente, me miraba desde el suelo. A pocos metros de ella y con lágrimas en los ojos pude ver que se había transformado en un podrido. No dudé, le disparé a la cabeza, segundos después dejó de moverse, estaba completamente muerta…

Holocausto: Nueva Esperanza II

6 de Diciembre 2010, No entendíamos nada de lo que estaba pasado, pero un golpe de suerte hizo que no nos mataran. Cuando el ejército nos dio el aviso para que parásemos, viendo que nos estaban apuntando no me dio ninguna sensación de seguridad. Pise el freno y dimos marcha atrás… a los pocos minutos una moto del ejército nos alcanzó, intenté una maniobra de escape, pero el soldado nos apuntó. J, me hizo parar el tractor en seco, el soldado se bajó de la moto, nos estuvo apuntando unos segundos, y de repente bajó el arma, se quitó el casco y enseguida le reconocí. Era Jk, un amigo desde hacía muchos años…

Estábamos lo suficientemente lejos para que no nos vieran, nos bajamos del trato y Jk nos comentó que estaba pasando. Se había declarado el Estado de Sitio, por el cual las fuerzas armadas tenían todo el poder sobre la ciudad. Tenían la orden de disparar a cualquier persona o zombie que se acercara a la ciudad, creasen peligro o no… Eso lo decidían ellos. Después nos contó que en Nueva Esperanza se había establecido un campamento base de lo que vendrían a ser los rebeldes, se defendían entre ellos con cualquier tipo de arma, e intentaban incursiones a la ciudad o poblados cercanos para conseguir alimentos. Muchos habían muerto otros habían caído a manos de los podridos o ellos mismos.

J y yo decidimos unirnos a la rebelión, nos parecía ridículo lo que estaba haciendo el ejército, y queríamos ayudar. Aunque realmente no sabía si podríamos… Jk trazó un plan, quería que le golpeáramos, nos lleváramos su moto y su arma. Ni J, ni yo queríamos, pero nos obligó necesitaba una excusa para dejarnos escapar y que no le pegaran un tiro a él. No pudimos hacer otra cosa, le dejamos un par de morados por todo el cuerpo, le robamos el arma y salimos por patas. Esta vez le tocaba conducir a J, las motos y yo no nos llevamos precisamente bien, de hecho el camino fue casi una tortura para mí más que un placer.

En pocos minutos estábamos en Nueva Esperanza… que nos podía deparar ese lugar, solo lo sabríamos al entrar.



8 de Diciembre de 2010, estoy escribiendo esto después de haber dormido casi 24 horas seguidas, aunque ahora me toca una nueva guardia. Nueva Esperanza se parece mucho a la pequeña comunidad que teníamos montada en aquel pequeño restaurante donde tantas guardias hice, solo que aquí soy uno más…

Aunque somos muchos, se respira un ambiente casi familiar, muchos de los que está aquí han perdido a sus seres queridos, y por tanto lo han perdido todo desde que los militares tomaron el mando. El nombre del lugar está bien elegido, nadie pierde la esperanza de que esto acabará, de que volverán a tener una familia a quien cuidar. Otros están seguros que sus familiares han encontrado otro sitio como este.

Me siento un extraño entre tanta gente, no consigo pensar en positivo como ellos, J está en su salsa. De hecho hemos podido reencontrarnos con la panadera, lo primero que hizo fue darme una galleta con la mano abierta en toda la cara, luego me abrazó y me amenazó diciéndome que no me volviera a hacer el valiente. Luego vio a J, se sonrojó y sonrió de oreja a oreja, me hizo mucha gracia ese momento, así que he decidido dejarles su tiempo. Que acaben lo que no pudieron hacer en su momento. Aunque he de tener siempre un ojo encima de J, han pasado muchos días y no se ha transformado un podrido… Cosa que me causa miedo, no quiero ni imaginarme qué pasar si se transformara aquí en medio, y no estuviera pendiente de él.


21 abr 2011

Holocausto: Nueva Esperanza


6 de Diciembre de 2010, tardé casi dos días en recuperarme de mi caída, el dolor de espalda había remitido, tenía el hombro al 100%. R era un auténtico genio con las medicinas naturales, hacía ungüentos para cualquier tipo de herida, golpe, quemadura, y en cuestión de horas sanaban. No me quiero ni imaginar que podría hacer con un poco de opiáceo…

J, aunque le estaba agradecido por haberme curado. También estaba algo receloso aún por haberle atado, aunque le explicó sus motivos extraoficiales, pensando que éramos saqueadores… J no era tonto y sabía que algo raro había. La suerte es que salimos de ahí armados, por lo menos yo. R, me regalo la escopeta que había usado para deshacerme de los zombies en su casa aunque el motivo no era para un enfrentamiento directo.

Aún no sabíamos si J se transformaría en un podrido, habían pasado 48 horas desde que le mordieran, y no había dado síntomas. También cabe la posibilidad que los sedantes que le dio R, hubieran entorpecido el proceso de mutación. Pero si el final era inevitable, tenía que estar bien armado para acabar con su sufrimiento.

Me pregunto si seré capaz, vale puede que se convierta en un zombie, y lo primero que hará será intentar comerme. Pero seguirá siendo mi hermano, por que no dejar que se alimente de mí… y yo… me transformaré como él. Se acabó el problema. Realmente no sería capaz de transformarme en un bicho de esos, si supiera que estoy infectado me pegaría un tiro. Y creo que J también lo habría hecho.
Pero cuando el mundo está sumido en un caos, has visto como tus amigos caían presa de los podridos mientras que lo único que podías hacer, era correr como un cobarde. Pensar que tus padres están más que muertos…  Te aferras a un clavo ardiendo para no quedarte solo en ese infierno. 

Después de varias horas caminando, llegamos hasta la carretera de nuevo, habíamos bordeado el pequeño arroyo, habíamos atravesado el campo tal y como nos dijo R, viendo verdaderas atrocidades cuerpos colgando de árboles, muchos de ellos sin cabeza. Ni el paraje ni el olor eran lo más alentador del mundo, pero si seguíamos el camino como tocaba, aunque nos atacaran zombies, no llegaría a pasarnos nada. Y así fue, un pequeño grupo de 4 infectados, perdidos por el monte, intentaron llegar hasta nosotros, sin verlas venir, varias trampas les atraparon y decapitaron, un espectáculo digno de cualquier carnicería dentro del circo romano.



Ya en la carretera, seguimos el camino que nos llevaría hasta la ciudad, aunque estaba demasiado cansado para seguir andando, la rodilla empezaba a darme problemas. Así que decidí pararme a coger aire y respirar. Necesitaba aliviar ese dolor que se genera en mis ligamentos… J estaba preocupado, pensaba que la espalda volvía a dolerme. Le tranquilicé diciéndole que era mi lesión de toda la vida. 

Nos sentamos en el suelo, el lugar estaba desierto, ni un coche, ni una persona, ni un ruido, y lo mejor de todo ni un zombie. En ese momento J me habló con sinceridad, sabía que algo no andaba bien y quería saber que pasaba. Había estado negando lo evidente, sabía que ese momento llegaría y tendríamos esa charla que me daba tanto miedo. 

No pude negarme, le expliqué todo lo que sabía hasta el momento de su situación. Le dije que creía que podía estar infectado, ya que tenía unas marcas de un mordisco cerca de las costillas. Él  bajó la mirada y decepcionado me dijo que esperaba que ya le hubiera disparado, sabía que había sido mordido, de hecho agradeció los cuidados de R y sobre todo el haberle atado. Me explicó que realmente su intención cuando me atacó en el arroyo era la de dejarme noqueado y a salvo en algún lado. Después de que todo se truncara, me hizo prometerle que le dispara en cuanto se transformara, de momento quería ayudarme a llegar a la ciudad… él aún mantenía la esperanza de encontrar a alguien con vida.

Después de esa conversación tan profunda, divisamos un tractor en medio del campo… Nos reímos a plena carcajada. Nuestra risa parecía cada vez más enferma, el eco nos devolvía la misma enfermedad. Un viejo tractor verde, bastante oxidado, pero nos sirvió, arrancó a la primera, me subí a la aleta de sus grandes ruedas. J me miró y me instó a que lo llevara yo, hasta ahora había conducido él… En realidad pensaba que no podía ser muy difícil llevar ese trasto, al fin y al cabo había jugado a muchos videojuegos. 

Pasamos por la entrada a la universidad, un cartel nos llamó la atención, Bienvenidos a Nueva Esperanza, se leía en letras grandes. No paramos… teníamos un objetivo y habíamos perdido demasiado tiempo.
Cuando llegamos a la entrada de la ciudad, desde lejos podíamos observar 2 furgonetas del ejército que cortaban el paso. La situación debía estar jodida para tener al ejército apostado ahí… cuando nos acercamos a una distancia que para nosotros parecía una eternidad, una voz potente guiada por un megáfono nos instó a que nos paráramos o abrirían fuego…

19 abr 2011

Holocausto: Mayday, Mayday!!!

4 de Diciembre de 2010, en mis largas noches de guardia me preguntaba qué podría haber más peligroso que un zombie hambriento. Ese día lo descubrí, un cazador al que le habían invadido su casa.

Cuando entramos en la pequeña cabaña, no encontramos rastros de mucha tecnología, una pequeña radio de campaña reposaba sobre el escritorio. Un centenar de hojas escritas a mano relataban hazañas heroicas sobre verdaderas carnicerías y poco más. J buscó un poco de alimento no enlatado en la cocina y un poco de agua potable. Yo cansado por todo lo que estaba pasando y las noches que llevaba sin dormir, me senté en un cómodo sillón… poco a poco mis parpados se fueron cerrando hasta que quedé dormido en un sueño profundo.

No sé cuanto dormí pero lo cierto es que mi despertar no fue mucho más plácido que otros días, una escopeta de doble cañón a escasos centímetros de mi cara. Un hombre sureño, un verdadero armario de 2 por 2, me estaba apuntando a la cabeza. Rápidamente sin hacer movimientos bruscos miré alrededor buscando a J. Le encontré adormilado, amordazado y atado a una de las sillas de la cocina.

Respiré profundamente y con voz firme incité al cazador a que me matara, realmente no tenía nada que perder. El cazador jaló el gatillo y segundos después me quitó el arma de la cara. Después de esa nueva experiencia frente a la muerte, el cazador se presentó. Me explicó que había tenido que amordazar a J ya que al verlo lleno de sangre y con tantas heridas pensó que era uno de los podridos que se había colado en casa. No me tomé muy bien que le amordazara de esa manera y le inste primero a que me soltara, y segundo a que explicara por qué a mí no me amordazó.

Su respuesta causó un choque en mi mente que me dejó inmóvil durante unos minutos. Había estado examinando el cuerpo de J por las heridas y el mío. Debía estar tan cansado que ni me di cuenta, y en mí no había encontrado nada raro. Sin embargo había una marca de dientes que podía significar que un infectado había mordido a J. Cuando salí del shock, me explicó que nada era seguro, pero prefería no arriesgarse, ya había matados a otros mordidos por zombies y no era nada agradable.

Empezaba a caer la noche y J seguía dormido, la droga que le había inyectado dejarle sedado durante buena parte del día, también era un indicativo para saber si estaba infectado. Encendió la chimenea y me hizo cargo de la radio, repitiendo el mensaje que había escrito en uno de los folios. Un mensaje de auxilio, intentado comunicarnos con otro ser humano. Después de varias horas repitiendo el mensaje llegó la hora de cenar… me sentía frustrado por no poder desatar a J, de hecho en una ocasión lo intenté, pero nuevamente sentí como me apuntaban en la nuca. R, era increíblemente ágil y sigiloso para ser un hombre tan grande.

Ya cenando, intenté saber qué hacía allí y por qué no había salido del bosque, con su habilidad podría haber llegado a la civilización. Tenía las ideas claras, ahí estaba el solo con la naturaleza, sabía que podía morir, pero nadie le aseguraba que un núcleo urbanita le ofreciera más protección contra los podridos que dónde habitaba.  Sin percatarme de nada, la cara de R cambió, se puso serio y se levantó llevando consigo su escopeta, me miró y me señaló un pequeño armario cerca de la chimenea.


Me acerqué, abrí la fina puerta de madera, dentro había 4 escopetas más, y varias cajas de cartuchos. Le miré, y no hizo falta decir nada más. Cogí una escopeta corredera, una caja de cartuchos y seguí a R. Sin duda su oído era finísimo, en cuanto salimos por la puerta el tintinar de unas campanillas se escuchaba levemente. R cerró la puerta con llave y me hizo seguirle hasta una escalera que llevaba al techo de la cabaña. Subí, esa sería mi posición, lanzó la escalera al suelo para que nadie inteligente pudiera subir por ella hasta a mí.

Él empezó a moverse entre los arbustos inspeccionando la zona. Unos segundos después oí el primer disparo, gracias a la luz del fogonazo pude observar unos 10 podridos que se acercaban lentamente hasta la casa, con un gesto R me indico que cubriera la parte trasera. Me acerqué hasta ahí, me aposté para poder disparar con más comodidad. Mientras oía disparos de la parte delantera, podía ver gracias a los fogonazos de luz donde venían los zombies. Apunté… y bingo! El primero cayó como una mosca. Después de varios disparos y de creerme el rey del mundo. Me levanté y disparé a los últimos podridos. Graso error.

El retroceso de la escopeta me hizo perder el equilibrio y caí del tejado como un saco de patatas, me hice añicos la espalda, el arma cayó unos cuantos metros alejada de mí. Y entre la conmoción del golpe podía oír unos pies arrastrándose hacía mí, cada vez estaban más cerca, me arrastré gritando de dolor, ya que no podía levantarme, cada brazada que daba para llegar hasta el arma era una agonía. Cuando estaba a punto alcanzarla, noté como unas manos afiladas me agarraban el gemelo tirando de mí, me giré y ahí estaba un podrido, tirando de mí, arrodillándose lentamente para morder su manjar preferido.

Saqué fuerzas de donde no las había y le golpeé con mi otra pierna, eso me dio unos segundos de vida para alcanzar por fin la escopeta. Cuando la tenía ya en mis manos, me giré, justo a tiempo para meterle le cañón al zombie que se había lanzado sobre mí. Sus ojos clavados en mí, sus manos intentado golpearme sin suerte. Respiré profundamente y disparé… todo habría acabado si no me hubiera quedado sin balas, después del último disparo debía haber recargado. Uno segundos después oí un disparo y la cabeza del podrido reventó en mil pedazos, llenándome la cara de sangre. R, había llegado a tiempo para salvarme la vida, nunca se lo podré agradecer… 

18 abr 2011

Holocausto: Desterrados II

3 de Diciembre de 2010, después de pasar la noche en el bosque, sanos y salvos, el sol empezó a asomar por el horizonte. No sabíamos la hora en la que nos podíamos encontrar,  durante la caída J había perdido su preciado reloj. Y yo nunca he sido de llevar relojes… una vez que la luz empezó a incidir con fuerza pude ver todas las heridas que se había hecho J.

Varias magulladuras por todo el abdomen, cientos de pequeños cortes por todo el cuerpo, un corte en la cena que habíamos podido cortar la hemorragia gracias al agua del arroyo. Nunca me había sentido tan aliviado de no ser él, después de todo lo que habíamos pasado, tan solo tenía unos pequeños cortes superfluos en los brazos, y algunos  en las manos tras todo el trabajo que había realizado para crear las armas.

Estaba todo tranquilo, no había indicios de zombies a las cercanías, tampoco habíamos podido pegar ojo, esta vez queríamos estar los dos en pie por si había que salir corriendo. Durante las horas que pasamos en silencio no paraba de pensar en el momento en que vi como J era arrastrado a una muerte casi segura por el precipicio. Y me preguntaba que habría hecho yo en ese momento, me hubiera rendido o habría seguido luchando, es algo que nunca podré saber.

Cuando la niebla de la mañana se escampó, J y yo decidimos que era hora de movernos, volver a la carretera, encontrar algún método para salir de la zona e intentar llegar hasta la ciudad. J quería volver a subir por donde habíamos bajado. Pero razonando que por ahí podríamos encontrarnos con podridos, le comenté deberíamos seguir caminando a través del bosque, ya que no habíamos visto indicios de podridos.
Una vez elegido el camino nos pusimos en marcha, los dos caminábamos pesadamente, entre sus golpes y el cansancio de ambos, debíamos reservar energías por si acaso. Si no hubiera sido por el miedo a ser atacados, podríamos haber asegurado de que estábamos dando un paseo por uno de los paisajes más bonitos que nuestros ojos habían visto.

No podía asegurar cuanto habíamos caminado, ni en tiempo ni kilómetros, pero parecía que el sol estaba picando con mucha más fuerza, el sudor empezaba a escocer en las heridas de J. Podía verle la cara, pero dado a que siempre le digo que es una princesa cuando le duele algo, se estaba haciendo el duro. Saqué una botella de agua de mi mochila que había rellenado en el arroyo y se la di para que se refrescara o al menos limpiara sus heridas.

Mientras se paraba para adecentarse las heridas, yo me subí a un árbol. J no daba crédito a lo que estaba haciendo, pero todo tenía una lógica explicación, y funcionó. A lo lejos en medio de una explanada, pude divisar una pequeña casa de madera, de la chimenea salía humo. Miré a J con una cara de satisfacción y le marqué el nuevo rumbo a seguir.

Sin prisa pero sin pausa fuimos hasta su localización, durante el camino una macabra escena nos sobre cogía el corazón. Una veintena de trampas de Oso, colocadas estratégicamente para que destrozaran literalmente la cabeza de cualquiera que cayera sobre ellas. Y parecía que funcionaba, el mismo número de podridos muertos.

Encontramos casquillos de armas, y cartuchos de escopeta vacíos, alguno que otro podrido colgado de los árboles, eso parecía una verdadera masacre.  Ahora comprendíamos porque esa zona estaba libre de infectados. El olor realmente era nauseabundo, no parecía que fuera reciente la caza del infectado.
J y yo pensamos en que tal vez en esa casa encontraríamos al autor de esta dantesca escena, y podría echarnos una mano a salir de nuestra situación. Así que llegamos hasta la casa, nada más llegar a la puerta toqué con los nudillos... No contestó nadie. J se asomó por la ventana y no vio nadie dentro. Giré el pomo de la puerta y ésta se abrió dejándonos entrar sin problemas a la casa.

La casa parecía el museo de cualquier cazador, totalmente limpia, se notaba que quien viviera ahí era un ser ordenado.  Y de repente oí un sonido familiar de mi mochila, venía del bolsillo donde guardaba el móvil y una carcajada salió de mi boca pude observar un mensaje tan claro: “Daddy, estás bien? QUE COÑO ESTÁ PASANDO EN MALLORCA??”.