13 abr. 2013

A ti te tenía que decir un par de cosas...

Susurras por las noches en mis oídos, gritas durante el día, te estremeces cuando pasamos juntos esas mañanas, tardes o noche haciendo lo que más nos gusta los dos. Me enseñas que soy tan pequeño a tu lado, tan insignificante pero a la vez tan importante. 

Tanto que agradecerte y tan pocas palabras se me ocurren ahora mismo, me desvivo por hacer cuanto pueda por ti, y sé que me lo agradeces, esas pequeñas heridas que dejas no son nada comparado con el placer que llegas a otorgarme. Creo que no sabes el bien que puedes llegar a hacerme, tanto a mi como a mis compañeros de viaje, no sabes la complicidad que gracias a ti podemos llegar a tener.

Una mirada de satisfacción, un gesto de rabia cuando algo no sale bien, resoplar después de estar agotado...  te podría estar diciendo esto y más. De hecho no es la primera vez que te escribo, y como algunos saben, tienes un poder inimaginable. 

Tu que has salvado mi vida por enésima vez, que pones una nota de luz, una melodía de alivio y una armonía de felicidad, tu que suenas a cada instante en mi cabeza, en mis oídos, en mi corazón. Tú que nunca me abandonas, que te conviertes en un escudo en mis batallas, en una coraza en las noches más largas... Simplemente estás por encima de todo y de nadie, y como decía aquella canción: "Solo los grandes pudieron sacar de tus entrañas algo inmortal, y mientras suene tu voz, nota a nota mi alma poseerás".

Gracias por darme una segunda oportunidad y seguir sintiéndome parte de ti, nunca seré de los mejores pero no me faltarán ganas, te lo prometo. Querida música, tu y tu poder sois mi musa, ahora deja que sea yo quien te devuelva el favor, y juntos consigamos un sabor mucho más dulce que el que esta vida nos ofrece.

Firmado: 

Ese loco guitarrista que intenta sacarle una sonrisa al mundo