26 nov. 2011

Odio y lástima...

Una madrugada, de un viernes cualquiera, de una noche que pretendía sacarte de la monotonía y llevarte a vivir sensaciones perdidas, una madrugada impía dónde las almas desoladas se juntan para brindar sin más… te das cuenta que oficialmente estás destruido.

Estás escribiendo esto con no sé cuantos grados de alcohol en tu cuenta, pero eso da igual, porque esta noche has recibido una lección de ti mismo que no pensabas que fuera así. Cuando ese día fatídico pasó, lloraste como un niño, viste como tu vida se perdía en cuestión de segundos, de palabras, de vaciar tus sentimientos y dejarte sumido en un mundo de tinieblas.

Cuando todo eso pasó, decidiste sin más escupir ese sentimiento, esa forma de vivir, esa necesita supra humana. Decidiste vomitar esa bilis de fe que te había hecho feliz… todo ese compendio que te hacía débil e indefenso, fue sacado lenta y dolorosamente de tu piel, tus entrañas, tu mente, tus ideas… Y creíste que estaba todo arreglado. Qué podías pasar página y no dudar de tus pasos.

Verte nuevamente restablecido tan rápido fue increíble, ese día fatídico fue el único en que tus lágrimas viajaron por tus ojos, sintiéndose poderosas en tus mejillas y acabando ahogadas en tu barba. Y aunque sabías que la echabas de menos, y que te apetecía decirle tantas cosas, eras fuerte y pasabas de ello. No pensabas, simplemente intentabas vivir tú día a día sin más…

Pero esa madrugada te diste cuenta que no habías cerrado todas las puertas, que no habías pasado todas las páginas, que no habías apagado todas las luces de la esperanza. Esa noche sabías que no eras tú mismo, que a ti no se te atragantaban situaciones en las que pudieras recibir un no, que a ti te daba igual si alguien venía y te giraba la cara, que tu ser descarado se había apagado, que tu melancolía te atrapaba en ese taburete de bar, y aunque en el juego de las miradas habías tenido las de ganar… esta batalla la habías perdido.

Te miraste al espejo y no te reconociste, te abrazaste a un recuerdo y una lágrima besos tus labios nuevamente, intentaste dormirte y simplemente fuiste capaz de escribir estas palabras. Y aún te preguntas por qué todo tuvo que acabar de un día para otro, por qué cambiaste y dejaste sacar ese cuerpo endeble y lleno de amargas yagas, por qué no escondiste tus cicatrices y te dedicaste a ser ese yo que tantos temen y sin embargo les agrada… 


21 nov. 2011

Hoy busco... Dormir a gusto.

Después de leer varios textos, propios y de varios autores, escuchar ciertas canciones y fijarte en cada detalle de la letra, acabas dándote cuenta de algo tan simple, que además seguro que sabes, que está ahí pero no le dabas importancia.

El verso o la prosa no carece de sentimiento, nadie relata nada sin querer transmitir algo… de hecho cuando alguien escribe por el simple hecho de teclear sin más, te das cuenta de que sus palabras no te llenan como otras veces.

Y es que los mejores textos, las mejores palabras, las obras de las que te puedes sentir más orgulloso nacen sin más cuando los sentimientos están a flor de piel. Dos estados completamente diferentes pero con un mismo significado. El hombre enamorado y/o el hombre destrozado con el corazón roto.

Cuando te da por leer algo de hace unos meses, cuando conseguiste quitarte la coraza que te protege, cuando te empapas de ese sentimiento y ves sin ascos eso llamado amor… Te das cuenta que escribes, sin duda de forma positiva y escribes como si escribieras para esa persona, como si estuvieras desnudando tu alma para que ella te conozca, enfocas tus ilusiones, tus miedos desaparecen, tu sonrisa se asoma en cada palabra que escribes en ese folio en blanco.

Sin embargo, cuando todo eso acaba, cuando sientes que te han arrebatado un trozo de tu vida, cuando ves que tu mundo se desmorona una vez más… Sacas a relucir tú mejor pluma, escribes triste, aletargado, sin ganas pero teniendo un poco de verborrea, todo lo que tocas se convierte en oro, en cuanto a literatura nos referimos. La sombra del dolor le da alas a tu imaginación, y aunque lo que escribas no sea lo más positivo, te das cuenta que es bueno, y a ti te sirve para desahogarte, escupir esa bilis de fe, intentando sacar de tu vida esos sentimientos… Es cruel pero así es, o por lo menos a mí me pasa.

Como ya dije una vez no se me suele dar muy bien escribir algo alegre, no es muy difícil saber el porqué, esa vida tan difícil que me tocó vivir tiene gran parte de su culpa. Pero tal vez eso sea un don, ya que si como digo tengo razón en cuanto a esos dos momentos épicos para escribir, yo vivo en uno de ellos perpetuamente. Por lo tanto aunque triste es un don, es una forma de sacar algo positivo de todo esto no¿?





Hiervo el miedo que me hizo callar
No podéis hacerme creer que 
soy culpable de tanto daño.

Sueño que os puedo ver caer...
Sueño que aún nos queda tiempo
Para ver arder la realidad



19 nov. 2011

Y la ilusión hecha trizas...

Hoy es uno de esos días extraños, de esos en que tienes muchísimas ganas de decir tantas cosas y realmente no dices nada. Tienes una bola acumulada en tu garganta que quiere ser expulsada, resbalando por tu lengua y saliendo como una exhalación por tu boca. Y sin embargo no dices nada…

Pasan las horas, y por suerte para ti las pasas con un par de personas geniales, de hecho de las más importantes de tu vida, a los que puedes considerar tus mejores amigos. Ese hermano que te escucha a cualquier hora cuando lo necesitas, ese primo que sin más se planta en tu casa y te hace compañía, al que has visto crecer y del cual te sientes tan orgulloso, te ves reflejado en él… y lo mejor es que él se ve como una prolongación mucho más joven de ti.

Esa amiga, de la cual todos siempre han pensado que sois algo más, que aunque esté trabajando siempre tiene un abrazo preparado para animarte, y aunque pasen los días y no os veáis tanto como quisierais te das cuenta que nada ha cambiado. Y ese amigo, que por suerte también es compañero de trabajo, que siempre se queda un rato a hacerte compañía cuando estás de noche… Que te saca de casa cuando te encierras en tu mundo y no quieres hacer nada más que dormir.

Esas personas a las que les dirías y darías tanto, les contarías tanto, tantísimo en tan poco tiempo… y sin embargo hoy tus palabras se han quedado resguardadas en tu mente, esa mente rota que siempre ha sido tu mayor enemiga, ese lugar solitario dónde se cuecen todas tus ideas. Pero hoy no eres capaz, hoy simplemente te sientas frente a ellos con una tez seria, les escuchas, no importa lo que cuenten a ti te parece lo más interesante que has escuchado en tu vida… Pero sin embargo no eres capaz de cambiar tu expresión, una mueca de una sonrisa es lo máximo que sale de ti.

Y te da rabia, tanta rabia que quieres gritar… pero tampoco puedes, porqué actúas así te preguntas, tu sabes el porqué, sabes qué aún no has podido pasar página, que el puzle de tu vida se ha complicado una vez más, cuando parecía que habías encontrado las instrucciones, cuando parecía que habías encauzado el camino. Todo se ha desplomado, y si lo piensas fríamente realmente no te duele. Simplemente no entiendes, y el no entender es lo que te tiene en este estado vegetativo.

Deja de pensar te dices una vez más, pero eso es tan difícil hoy como definirle colores a un ciego.




la gente se olvidó de reír 
y al Sol le cuesta tanto salir... 







17 nov. 2011

La cuenta, gracias!

Un sonido martilleante le sacaba de sus sueños, miraba de reojo la mesilla cerca de su cama, las 7 de la mañana, de un día cualquiera, de un mes cualquiera y un año indiferente. El sol entraba por su ventana, y él aún no entendía que hacía despierto a esas horas. Se levantó pensadamente, camino hasta el lavabo, se miró al espejo y abrió los ojos de par en par para verse mejor.

Sus ojeras pronunciadas se hacían protagonistas en su cara, su barba descuidada desde hacía unas semanas restaba importancia al resto de su expresión. Se enjuagó la boca con un poco de elixir bucal mientras meaba como si no hubiera un mañana. El placer que recorría su cuerpo en ese momento era totalmente indescriptible, mejor que un orgasmo tras meses a pan y agua.

Escupió en el lavamanos, se secó la cara y volvió a su habitación, encima de esa vieja silla que se aguantaba en pie de milagro vio su motivo de estar despierto a esas horas. Su uniforme de trabajo descansaba sobre los hombros de la silla. Se cercioró de que el olor varonil no fuera demasiado apestoso. Una mueca le hizo saber que debería haber puesto una lavadora la noche anterior.

Sin embargo se vistió, se acercó hasta la nevera en la cocina, esa nevera daba tanta pena, casi huérfana, varias latas de cerveza, alguna de ella incluso abierta, un triste plátano tan negro como mugriento y un cartón de leche del cual pegó un buen trago. Miró su reloj, no entendía como con tan poco hecho había pasado el tiempo tan rápido, llegaría tarde una vez más, el sermón del jefe una vez más, y volvería a casa solo, amargado y sin ganas de seguir en esta insípida vida… O tal vez no.

Sus dudas no se habían hecho esperar, en cuanto entró por la puerta de la cafetería el jefe le reprochó una vez, los gritos de esa mañana se habían magnificado por toda la cafetería, su compañera, esa de la cual llevaba años enamorado, le miraba con la misma cara de decepción de siempre. Y él le sonreía una vez más, tal vez era la única por la razón de seguir existiendo, verla día a día embutida en una falda corta que dejaba ver sus piernas larguísimas, con el tamaño perfecto, esos muslos bien formados que se juntaban en un culo perfecto. Su cintura de avispa daba paso a un pecho proporcionado, ni demasiado grande ni demasiado pequeño.

Las horas pasaban lentas, un café para la mesa dos, una ración de patatas y una cerveza para la mesa cuatro. Su vida pasaba entre la plancha cuando el jefe estaba de cháchara con cualquier clienta, a servir mesa e incluso despachar y cobrar. Vamos lo que un camarero de cualquier barucho de poca monta haría…

La hora de la merienda, los funcionarios puntuales como siempre a la hora del bocadillo, pedían por doquier, ella servía mesas, él encerrado ahora en la cocina entre vapores y calor, sudaba para conseguir llevar todos los pedidos a tiempo. Su jefe gritaba una vez más, él asentía con la cabeza, ella miraba con pena como un chico indefenso dejaba que un don nadie le vociferara sin más. Al fin al cabo a ella le daba tanta lástima como él se daba a si mismo.

Cuando todo había pasado y el bar estaba medio vacío, ella se acercó a él, le puso la mano en el hombro y le sonrío. Levantó la cabeza y una sonrisa se marcó en su cara, ella le tocó la cara y le hizo un gesto claro, quería que esa barba no estuviera de esa forma.

Y llegó su hora de descanso, salió del bar en una dirección diferente a la de cada día, se acercó hasta el babero más cercano, sin más ordenó que le afeitara. Cuando terminó su hora de descanso volvió a aparecer por el bar, con la barba completamente rasurada, ella le recibió totalmente sorprendida, rieron, no le había visto nunca de esa forma…

Sus miradas se habían cruzado más de lo habitual durante ese día, al igual que los gritos de su jefe habían ido a más. Pero aún no estaba todo dicho. A media tarde, cuando el sol se iba escondiendo, entró una pareja de jóvenes, parecían nerviosos sin embargo se sentaron en la barra y pidieron un par de cervezas.

Después de servírselas, se fue al baño, volvía a mear como si nunca antes lo hubiera hecho, sin embargo tuvo que cortar ese momento de placer, un grito que venía de la cafetería, un vaso roto en mil pedazos… Algo no iba bien, salió del baño y se encontró con la situación, los dos jóvenes habían tomado de rehén a su ninfa, uno de ellos llevaba una pistola en la mano, el otro apuntaba directamente al cuello de la bella camarera con una navaja.

Levantó las manos y se paró en seco, los jóvenes alterados querían que se tirara al suelo, ella le decía que les hiciera caso, él intentaba calmarles, les explicó que la caja que habían hecho era una mierda que podían llevársela y nadie les diría nada, pero que la dejaran en paz… El jefe gritaba nuevamente, estaba vez para decirle que se tumbara en el suelo, ni él sabía por qué estaba haciendo esto, pero hizo caso omiso.

Dio un paso hacia delante, las manos al aire, mirando fijamente a los 2 atracadores, parecían más nerviosos aún, la situación era realmente tensa, otro paso más, el que tenía retenida a su pequeña razón de existir dio un paso atrás con él. Otro paso más, todo fue tan rápido que nadie puedo hacer nada para detenerlo, en cuestión de segundos una bala atravesaba su pecho, el dolor punzante de la bala atravesando carne, músculo, hueso, alojándose en sus órganos le hacía caer de rodillas.

El otro furtivo soltó a la chica, tan asombrado como todo el que estaba viviendo la situación dentro del bar, la empujó hacia delante y salió corriendo tirando del pistolero, el daño era irreversible, un reguero de sangre empezaba a brotar de la herida, y ella corrió en su auxilio. Le abrazó y le tumbo encima de su pecho, su mirada perdida en el techo del local, la luz le cegaba, pero pudo reconocer su rostro, sus ojos azules, sus labios rosados, su nariz achatada… ella le apretaba la mano, mientras sus ojos se llevaban de lágrimas.

Le gritaba que no se fuera, que se quedara con ella, que fuera fuerte… Cada vez oía la voz más lejana, apagándose como una radio que se queda sin pilas, sin embargo sonreía, con su último aliento consiguió acariciar el rostro de su amada, llevándose con el dedo índice una lágrima, acercándola a su boca y dejándola reposar sobre sus labios. Sus ojos se iban cerrando poco a poco, su respiración se hacía más lenta y pesada, la bala alojada en su pulmón, tan cerca del corazón como lo estaba ella.

Ella se acercó a sus labios, le besó, podía notar la respiración agitada sobre su cara, podía notar el frescor de las lágrimas que seguían brotando de su preciosos ojos, pero ya no podía saborear sus labios rosados, el sabor a cobre le ocupaba toda la boca… sin embargo sonrió, hasta que su cabeza se desplomó sobre el pecho de ella. Nunca más tendría que poner el despertador de las 7, nunca más oiría los berridos de su jefe… pero siempre tendría ese último momento con ella en la mente, fuera donde fuera, moría pero feliz por una vez en la vida. 




Or maybe I'm just blind...
So Love me when I´m gone...


16 nov. 2011

Un chupito de Realidad... Danger! Danger!

A lo largo de mi vida he conocido mucha gente, si he de ser sincero tantísima que no podía recordar a cada uno de ellos. Entre mi mala memoria y todas las caras que han formado parte de mi ser, aunque haya sido por unos simples minutos, es difícil acordarse de todos. Y más si alguno de ellos no ha dejado su huella en ti.

Siempre me he caracterizado por ser extrovertido y no tener problemas en conocer gente nueva, abrirme y crear un nuevo vínculo es fácil para mí. Eso no quiere decir que sea también fácil romperlo, ni mucho menos.

De todos he aprendido algo, una lección ya sea para bien o para mal, me han enseñado cosas triviales que me han hecho reír, llorar, sentir, querer… Miles de sentimientos. Me ha gustado rodearme de gente que comprendiera que muy posiblemente no soy como ellos, no soy como el resto ya que tengo un trasfondo muy triste, que poca gente puede llegar a comprender. Pero sin embargo me han aceptado, y al igual que yo les he aceptado a ellos.

Me gusta la gente que tiene algo que decir, que tiene algo que contar, que me haga reír de manera inteligente, que ponga a prueba mi capacidad intelectual, que haga que me esfuerce por conocerle más… Pero sobre todo me gusta la gente que va de cara, que no necesita esconderse tras un diván y clavarte un cuchillo por la espalda. Eso hace que te puedas llevar grandes sorpresas y cómo no decepciones.

Hace no mucho me hizo pensar en todo esto, en la gente que me rodea, en la gente que veo en el día a día, esos que se pueden considerar mi grupo de amigos, y toquemos madera para que no se rompa en muchos años, y si puede ser en toda la vida mucho mejor. Durante esa conversación me insinuaron que no comprendían que hacía con según que gente, pues me veían por encima de ellos, por mi forma de ser, mi forma de hacer las cosas, de pensar…

Digamos que estábamos en planos diferentes, cosa que no es mala ni mucho menos, ninguno es mejor que el otro. Mi primera respuesta fue sencilla, esa gente saca el niño que llevo dentro, y hace que vea la vida un poco más alegre de lo normal. Aparta al Dako serio para enseñarle que con un poco de ilusión todo se lleva mejor. No me considero pesimista, si realista… y por lo que me ha tocado vivir, y sigo viviendo, a veces hace muy difícil ver el vaso medio lleno.

Esa fue mi primera respuesta, la que salió sin más de mi corazón, y que espero que nadie se tome a mal. Sin embargo dada mi forma de ser, soy un tipo que se fija mucho en los detalles, desde una simple frase, hasta un punto y coma dónde no debería estar, una simple foto… De estas cosas se me suelen escapar pocas, y eso me ha dado a entender porque quiero tanto a esta gente que me rodea.

Si es cierto que sacan el niño que nunca pude sacar cuando era un enano, si es cierto que me hacen ver la vida de otra manera, pero también es cierto que son gente que van de cara, esa que tanto me gusta, que te cogen y te dicen cuando algo no le gusta, “Mira Dako eres un poco gilipollas… si lo vuelves a hacer pues igual te reviento”. Y yo eso lo respeto al máximo, porque si peco de algo es de una excesiva sinceridad. Si te tengo que decir guapo/a te lo digo pero si te tengo que decir gilipollas tampoco me corto.

Y entonces ves esos detalles, de gente que tiene otras formas de hacer las cosas, y que creen estar a otro nivel, y piensas… “Pues va a ser que no, va a ser que no estás a otro nivel… estás al mismo o incluso uno más bajo, ese en cual se te puede considerar un/a niñato/a”.

A mí esa gente me ha decepcionado, con esto no estoy diciendo que sea un ataque directo a mi persona. Ahí es cuando te das cuenta que la naturaleza del ser humano es verdaderamente extraña, que el tío que te puede parecer más niño puede ser una eminencia, y que el que por su forma de ser y expresarte te parece alguien culto, inteligente… se convierte en segundos en la persona más tonta del mundo.

Ojo, imagino que mucha gente le habrá pasado lo mismo conmigo, no nos vamos a engañar, yo no soy ningún santo, sino más bien un hijo de la gran puta. Pero sin embargo me gusta hacer las cosas bien, me gusta tener ese toque de humildad que te da la oportunidad de explicarte o que la otra persona se explique. Y sé que este texto puede levantar ampollas, lo sé, de hecho últimamente lo que escribo me parece que puede afectar a más de uno…

Sin embargo escribo como lo siento y me siento, o como simplemente me hacen sentirme las circunstancias, sin ánimo de herir a nadie pero diciendo la verdad como siempre. Y al que no le guste pues será porqué algo de lo que he dicho le ha escocido, se ha sentido identificado con la parte que no me gusta. Ahí ya no puedo hacer nada amigo… Simplemente pedirte disculpas por sacarte de tu mundo mágico, del país de gominola de la calle de la piruleta, y darte una dosis de realidad, de darte un momento para mirarte frente al espejo y preguntarte a ti mismo si estás haciendo las cosas bien.



Vivir al niño de mayor la tonta excusa es 
Cesar mi orgullo perdedor y mñn aquí estaré
No tengo siempre la razón, eso lo he de entender 
Si quiero más de ti, un poco más de ti


11 nov. 2011

Cambia y deja salir a La Bestia

¿Me recuerdas?

Si… ¿dónde has estado todo este tiempo?

Donde tú has querido que estuviera, escondido bajo un cúmulo de sentimientos innecesarios.

Dijiste que nunca me abandonarías…

Y no lo he hecho, fuiste tu quien cavaste mi tumba y me echaste como estiércol esa mierda sentimental que ha brotado en tu vida.

Aún así has vuelto… te debo caer muy bien.

En realidad me das pena, me da pena ver en lo que te has convertido, lágrimas, amor, sentimientos… Mis enseñanzas una vez más desvalijadas, siempre te has querido librar de mí, y nunca te has dado cuenta de lo bien que nos iba cuando seguías la trayectoria marcada.

¿Bien? Si la moneda siempre ha salido cruz… si la suerte nunca ha estado mi lado, si la vida ha sido siempre una cuesta arriba de pendiente máxima.

Si… ¿Quién ha dicho que fuera fácil? No, no lo era, pero no eras ese pingajo que eres ahora, mírate, destruido el castillo de naipes, ese que nos costó tanto montar, y la coraza? Esa donde rebotan los problemas y se hacían más pequeños, y el pozo sin fondo que conseguimos crear en tu mente? Desbordado…

Cállate!… por favor

¿Qué me calle? Afróntalo, mírate al espejo y dime si te gusta lo que ves: Ojeras, rojos esos ojos dónde el fuego no prende, cabizbajo, esa barba descuidada, esos labios con ese gesto tan triste… Solo por hablar de la cara, quieres verte así? Si es así, volveré a esconderme y que te vaya bonito. Pero no he venido para perder el tiempo, y ahora qué? Ansiedad, insomnio…

Eso nunca se ha marchado, ansiedad es esa vieja compañera de viaje y qué te voy a contar del insomnio que no sepas tú…

Pues te lo metes por el culo, vamos a luchar contra eso y más, eso si vas a tener que vomitar esos sentimientos y volver a ser el frío calculador, volveremos a tener ese nombre compuesto que tanto nos ha gustado, volveremos a ese Dako la Bestia, juntos… Qué te parece?

Una idea sublime, no hace falta decir nada más… Déjame volver a acostumbrarme a ello, déjame que me beba un par de cervezas y verás tú!

Esa es la actitud muchacho, escúpelo… lo necesitas

9 nov. 2011

C´mon... Give me Five, campeón!!!

Últimamente mi mente está jugando conmigo, con mis sentimientos y mi manera de ver las cosas, tengo muchas ideas en la cabeza, ideas para realizar tal cosa, ideas que conllevan a más comerse la olla, ideas que sé que nunca llegarán a buen puerto.

Igual por eso estoy más irascible de lo normal, y aunque llevo meses así, me he dado cuenta que en las últimas semanas me paso más tiempo cabreado con el mundo que viviendo la vida. Me cabrean nimiedades que en otra época ni me habrían hecho cosquillas, de hecho lo habría mirado por encima del hombro y con un "allá tú" lo habría dejado pasar.

Y ahora no, ahora me enfrasco en buscar una puta solución que no existe... Y eso hace que me cabree más, porque no me gusta verme así, le estoy poniendo demasiada pasión a cosas que ni lo merecen, otorgándole demasiada importancia a personas que no oportan en el día a día de mi vida, a gestos despectivos que me dan risa y sin embargo pienso en el "¿por qué cojones hace esto?". Que se sienta identificado quien quiera con mis palabras, lo que está claro que yo sé perfectamente quien podría, quien no se dará ni cuenta y quien se sentirá y no debería.

Pero el ser humano es así, irracional cual animal cuando está herido, muerde sin más la mano que le da de comer, se acuerda de quien no se tiene que acordar... Y no digo que yo sea diferente, pero me gusta pensar las cosas antes de decirlas, buscar la manera y la situación. Siempre afronto a los problemas de cara, y me partiría el alma por ayudar a los míos.

De hecho estoy escribiendo estas líneas y estoy pensando en borrarlo todo, ya que pienso en por qué necesito expresarme de esta forma. Igual he llegado a ese límite en el que solo me apetece gritar, gritarle al mundo que se pare que yo me bajo, gritarle a la vida que ya está bien de tanta tontería, gritarme a mi mismo que deje de estar cabreado por todo y por nada, gritarle a los que están ahí que muchas gracias por ayudarme, que aunque crean que no hacen nada con sus palabras y visitas para no hacer nada más que estar tirados en un sofá toda la tarde, hacen mucho más de lo que podría agraderles.

Ya que hay días en que tan solo me apetece gritar y golpear la pared una y otra vez hasta que mi puño se hinche, mis nudillos esten despellejados, sangrando, sintiendo como en las muñecas los huesos se me van astillando... Hay días así, y gracias a ellos no lo hago, y aunque sigan esas malditas ideas en mi cabeza,  y siga pensando en que coño pasa, sus palabras hacen que me sosiegue.


1 nov. 2011

Entre los sueños y la realidad

Llueve sin perdón, el viento frío se ha instalado en ese día, pero a él le da igual, camina bajo la lluvia sin más protección que su empapada ropa. El sonido de las gotas rebota por toda la calle, ve gente corriendo de un lado a otro, protegiéndose debajo de cornisas y balcones, compartiendo paraguas.

Ese niño pequeño alentando por la madre a que corra para no mojarse, cuando ya va calado hasta los huesos, le saca una pequeña mueca, lo más parecido a una sonrisa. Esa madre cruza una mirada con él, con una sonrisa en la cara coge la mano del niño y él les cede el paso sin más. Ella agradecida asiente y siguen corriendo.

Sus pasos no van a ninguna parte, su mente no necesita trazar un plan, un camino, un destino al que llegar. Sigue caminando bajo el relámpago que acaba de cruzar la calle, se aparta el pelo de la cara, lo coloca ese mechón rebelde tras su oreja y vuelve a mirar. Se fija en cada detalle, en cada situación, el transportista intentado que la carga que tiene que entregar se moje lo menos posible, aquel camarero que hecho un pincel sale a guardar las sillas de la terraza…. Tarde piensa él.

Sigue caminando, cada vez más lejos de casa, cada vez más cerca de nada, el cielo parece enfadado, los truenos se hacen cada vez más fuertes, la lluvia empieza a caer con mucha más furia, los coches no paran de hacer ruido con sus pitos… La gente tiene prisa, y no entienden que tan solo es agua.

Un soplo de aire frío le golpea la cara como la bofetada más seca que jamás haya recibido, sin embargo a él no le duele, no en este momento, nada puede molestarte, la gente no entiende por qué camino a ese ritmo, por en medio de la calle, sin protegerse al menos bajo los balcones de los edificios… Nadie comprende sin más, esa situación.

Y él simplemente sonríe, simplemente camina, simplemente ve, oye y calla… De ese trance solo le saca una visión, un pequeño coche que se acerca en dirección contraria, que reconoce al instante, y que cuando está a su altura se para y pita varias veces, gira su cabeza y lo ve, allí está ella sin más, con un gesto de hombros sabe que simplemente le está preguntando “¿qué haces, tonto?”, él le devuelve el gesto, se encoge de hombros sin saber realmente que responder.

La muchacha baja la ventanilla arriesgándose a que se le moje el interior del coche y con un “vamos sube, corre!”, le invita a tomar asiento a su lado. Mira al cielo, mira su reflejo en los cristales tintados del coche y piensa en que ya está bien por hoy… Se sube al coche, y sonríe, ella sonríe, se miran, ríen, se entienden sin hablar. El cielo empieza a despejarse tan rápido como desaparece la lluvia, el sol sale con más fuerza que nunca…

Y entonces despierta, despierta con una sonrisa, se ríe en voz alta, y reconoce al instante el significado de ese sueño… y simplemente revisa las horas que quedan para verla una vez más, y sentirse feliz, entrar en su burbuja y vivir.




Me gusta darte un beso cuando estás dormida
Por las mañanas te levantas mucho más agradecida