5 jun. 2012

Holocausto: Traición (Parte Final)


4 de Mayo de 2012, después de los acontecimientos en el refugio, N aún afligido por la perdida me contó todo había pasado en nuestra ausencia. Resulta que el día que J se volvió loco y tuvieron administrarle un prototipo de la cura, inestable, podía acabar con su vida o podía parar momentáneamente el virus.

Si bien era cierto que J había sido mordido en varias ocasiones y aún no había mutado, era extraño y por eso N necesitaba más muestras de su sangre, era la clave para conseguir una cura estable. Al ser portador del virus, era peligroso que estuviera suelto por ahí. El simple contacto de su saliva con la de otro ser humano, hacía que este se contaminara en pocas horas, llegando a transformarse en zombie mucho más rápido de lo normal.

Eso explicaba sucesos como que la chica de Nueva Esperanza desatara el caos después de yacer con J. Además el día de su locura máxima, J atacó a E, haciendo que ella se contaminara, de ahí que N tuviera que crear una cura rápida para evitar que se transformara. Algo impuro que hacía que cada pocas horas tuviera que meterse una dosis intravenosa.

Le pedí disculpas a N, por todo lo que le había causado ese último disparo, y aunque se le notaba que aún estaba cabreado, comprendía que me había ocultado información y se había arriesgado a que eso pasara. Además posiblemente habría hecho lo mismo que yo en mi situación. Decidió acompañarme, había llegado a un momento en el que su investigación estaba en punto muerto, necesitaba la otra parte de la formula, y sabía que donde fuera yo, estaría J.

Salimos al amanecer, nos armamos bien, algo me decía que había hecho demasiado ruido y el camino de vuelta no sería de rositas. Y así fue, fuimos atacados por varios zombies antes de que pudiésemos llegar al coche, volví a la sensación de angustia, de pensar que teníamos un grupo de podridos encima nuestro a cada esquina. Conseguimos llegar al coche sin un rasguño, con más de un susto, pero sanos y salvos al fin y al cabo.

Recorrimos el camino que había hecho con Z anteriormente, las mismas estampas desoladoras nos encogían el corazón, pasamos de largo otra en Nueva Esperanza, los cuerpos apilados parecía que habían crecido. Y por fin llegamos al puente, la zona estaba más descongestionada de zombies de lo habitual, por suerte para nosotros. Guié a N hasta la Zodiac y llegamos a la otra orilla sin problemas. La furgoneta de N seguía esperando ahí.



Escondí a N en la parte trasera y pasamos por la pequeña “aduana”, por suerte los guardias estaban demasiados dormidos para preguntarse que coño hacía yo con la tarjeta de Z y su furgoneta, de hecho vieron el bulto que formaba N y pensaron que Z estaría herida. Nos abrieron paso sin más, una vez dentro paramos cerca de la batcueva, le indiqué el camino que debía seguir. N se quedó sorprendido, no entendía porque no iba con él.

Le pedí un par de muestras de su formula, sabía que hacer con ellas, pero mi plan no aceptaba compañeros. N dio 2 de las 3 últimas, la otra se la quedó él, era la única forma de asegurarse que quedaba un rayo de esperanza si mi plan fallaba.

Eran las 9 de la mañana, el viento soplaba cálido, el calor empezaba a notarse ya la época que creía estar, y mi camino a la gloria me esperaba. Gracias a la tarjeta de Z llegué hasta el gran edificio, toqué a las puertas, cientos de cámaras me enfocaban, otros tantos soldados me apuntaban desde sus puestos, y una voz ronca de mediana edad me preguntó que quería, quien era.

Respondí rápido, llevaba la cura, llevaba la parte de la fórmula que sabía que a ellos le faltaba, quería ofrecérsela. La voz titubeó unos instantes pero al final me dejaron pasar, un par de soldados me escoltaban por ese pasillo largo que llevaba a un ascensor. Era increíble como estaba decorado ese edificio. Con la pobreza que se denotaba en las calles, la destrucción del holocausto, ese edificio estaba lleno de cuadros renacentistas, sillas y sillones por todo, una alfombra roja que llevaba hasta la misma puerta del ascensor. Todo un lujo para la vista.

Llegué ante los expectantes dueños de todo eso, una mesa ovalada de caoba nos separaba, en medio de ellos el de la voz ronca, no sabía quien era ni le podía recordar de haberle visto antes, pero parecía el mandatario, el jefe de la manada. Respire profundamente, mi discurso debía convencerles, mis palabras debían ser aceptadas por esa cámara de carroñeros.

Y así fue como después de más de una hora de preguntas, muchos preguntaban donde la había conseguido, les comenté que había eliminado al científico que se escapó con su deseada fórmula. Tuve que escudarme en que era amigo de Z y me había encomendado la misión de recuperar ese fragmento tan valioso por su muerte… Todos ser vieron sorprendidos al ver que Z había muerto. Después de debatir quisieron una prueba de que decía la verdad.

Ante mí unos soldados trajeron un zombie, putrefacto, esquelético, y por otra parte una chica, encapuchada. Cuando le quitaron la capucha pude reconocer a esa chica, había significado tanto en un pasado para mí, y la tenía nuevamente delante, ella con lágrimas en los ojos me miraba, esos ojos azules electrizantes me destruían por dentro, sabía lo que iba a pasar pero no podía dar marcha atrás.

Lanzaron el zombie sobre la chica, cayendo los dos al suelo, los dos maniatados, los dos luchando pero el zombie se hizo con ella, le mordió primero un hombro, luego en parte del cuello, sin embargo no dejaron que la matara, le detuvieron de un disparo, pero ella ya estaba infectada, el virus corría por sus venas. La sentaron delante mía, el proceso de zombificación fue más rápido de que creía y en menos de 10 minutos la tenía convertida en podrido más, intentando morderme.

Saqué rápidamente la muestra, pinché la aguja en su cuello y le administré toda la dosis, en cuestión de minutos, volvió en si, volvió a ser la persona que era, yo sabía que eso no duraría mucho pero valía para demostrar que funciona. Me acerqué rogándole que perdonara mi alma, que mi vida no valía nada con todas las que podíamos salvar.

Todos se levantaron atónitos, querían la muestra, querían la formula, accedí pero antes quería una copia de su formula para ver que no me engañaban y quería poder acceder a los laboratorios, me dieron todo lo que quise, y quería llevarme a la chica conmigo. En cuestión de horas había recogido todo el material necesario, tenía la otra parte de la formula. No hable con ella, éramos dos extraños pero le debía la vida.

Cuando los síntomas volvieron a aparecer aproveche para crear un caos en el laboratorio, ella se transformó mucho más rápido que E, se lanzó sobre los científicos mientras yo salía por la puerta. Pero no quedé a salvo de esa situación, no sabía como salir de ahí, había provocado otro pequeño holocausto en el edificio, y tuve la mala suerte de encontrarme nuevamente con ella. Los sentimientos de culpa me pudieron, y aunque tenía las manos ocupadas podría haber hecho más… No lo hice, acabé mordido, parte de mi antebrazo estaba en su boca, la empujé contra la pared y salí corriendo.

Conseguí salir del edificio, me suministré la dosis necesaria para poder llegar a la batcueva de nuevo, y darle todo lo que necesitaba a N, escribir estas últimas palabras y creo… que… morir…





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