17 sept. 2011

No quiero esperar más...

Hoy es uno de esos días de esperar, de estar atento al teléfono, de que una llamada pueda darte un poco de esperanza… aunque realmente sepas que esa esperanza es totalmente efímera, que durará un tiempo limitado.
Hoy es uno de esos días en que necesitas un abrazo, y no una palmada en la espalda, de esos en que piensas y te atemoriza lo frágil que puede ser la vida de otra persona que te importa, en estos momentos.

Es uno de esos días en que piensas, y le das vueltas y vueltas a cada pensamiento, en que por muy realista que seas y que sepas que es ley de vida. Desearías tener todo el positivismo del mundo y que cuando descuelgues el teléfono sean buenas noticias. Que por arte de magia esa enfermedad ha remitido, pero sabes que eso no pasará.

Solo queda esperar, encontrar un poco de aliento en algún amigo, tu pareja (si es que la tienes), algún familiar que comparte esa misma espera, esa misma situación. Ni la música te ayuda, y mucho menos saber que tienes que estar encerrado 8 horas en la oficina…

La espera se hace eterna, agónica… dónde aflora ese tic nervioso de la pierna, que hace que no pares de moverte aunque estés sentado. Lo único que te apetece es golpear con fuerza la pared, una y otra vez. Situaciones que ya has vivido por desgracia otras veces, pero que es imposible acostumbrarse a ella, y tener miedo una vez más a visitar el hospital, dónde se te caería el alma a los pies con solo verle postrado sobre esa cama, esperando…

Hay días como hoy, que solo me sé expresar de esta manera, escribiendo, desnudando el alma ante un folio en blanco. Tan fuerte, tan frágil...



Entre tanta gente sobran tantas voces


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