9 oct. 2011

Sensaciones que olvidé

Sólo, tú y tus pensamientos, en una habitación oscura, iluminada tan sólo por la pantalla de ese portátil, que se encuentra reproduciendo canción tras canción desde hace horas reposando sobre una silla, la típica silla de oficina con sus ruedas. La luz de las farolas de la calle intenta colarse por tu ventana pero te has asegurado de cerrarlas bien…

El sonido de los voces de adolescentes que se han sentado en el portal de la lado a matar las horas de un sábado noche, acompañados con sus litronas y botellas de vete a saber qué… Y en vez de molestarte en pedir silencio, simplemente coges los cascos, los enchufas al portátil y aumentas el volumen, dado que estaba al mínimo para no despertar a tu compañero de piso.

Miras el techo, respiras profundamente y resoplas, miras a tu izquierda y solo encuentras una almohada, si no fuera porque podrían tomarte por un loco pensarías que es un cuerpo de mujer, que te da la espalda mientras duerme plácidamente. Un parpadeo irregular llama tu atención, el led del televisor ha empezado su baile diario, se apaga y enciende a su propia voluntad. Sabes que no dudará más de unos minutos, pero te hipnotiza igual que cada noche.

Tus pensamientos siguen ahí, y aunque no quieras parece que les va a hacer caso, apoyas tus manos sobre la nuca, vuelves a mirar al techo y cierras los ojos, unos segundos más tarde estás inmiscuido en una conversación contigo mismo:

  •           ¿Cómo te sientes, no deberías dormir?
  •          Sí, ciertamente debería estar durmiendo…
  •           Entonces, ¿cuál es el problema?
  •           ¿No deberías saberlo tú? Igual tú eres el problema…
  •           ¿Yo? ¡Venga ya, hombre! Sí lo llego a saber no pregunto y me quedo calladito…
  •           No hace falta que te hagas la víctima conmigo, nos conocemos desde hace muchos años
  •           Demasiados… debería prejubilarme como siga así… Lo dicho, que nos desviamos del tema, ¿Qué te ha hecho llamarme esta vez?
  •          Realmente no lo sé, quizás simplemente quería saborear una vez más esta sensación… esta extraña sensación!
  •           Mentiría si te dijera que te comprendo… tantos años juntos y realmente a veces creo que no te conozco, empecemos de cero, ¿Qué sensación? ¿Por qué extraña?
  •           Después de tantos años… se me hace extraño querer a alguien de esta manera, necesitar, sentir esa ternura, esa realidad que ya puedo tocar con las manos…
  •           ¿Y ahora estás así por esto, maldito enfermo? No, no espera ya sé el porqué de esta sensación, tú que te creías un Dios, y ahora te ves como un mortal más, un potro cojo encerrado en un establo dando coces… Jaaa! Pues ya era hora, hermano! Ya era hora que alguien te bajara de esa nube de poder, que abriera esas puertas clausuradas a cal y canto, que ya empezaba esto a oler a cerrado. ¿Y ahora por qué sonríes?
  •           Porque a veces, y no te hagas ilusiones con lo que te voy a decir. A veces tienes razón…


Das otra pasada a la habitación, que te acoge, de nuevo, vuelves a mirar esa almohada a tu lado, vuelves a resoplar, sonríes... de tu boca sale un buenas noches, y sin más cierras los ojos, la música sigue sonando pero se va difuminando cada vez más en tus oídos, hasta no oírla. 

Por fin duermes, a mi también se me hace raro verte feliz, pero me alegra tanto verte así después de tanto tiempo, de tantos problemas, de tanta lucha… por fin te veo una sonrisa mientras duermes, por fin veo tu mano abierta y no tu puño cerrado. Disfruta de este momento sin mirar atrás… que tengas suerte, pues tu suerte es la mía, y así recurras menos a mí, aunque sabes que siempre estaré aquí, tu querido pensamiento.



Cuando la noche me exilie
Cuando el fuego signifique 
que estoy contigo!
Y estoy contigo... 

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