19 nov. 2011

Y la ilusión hecha trizas...

Hoy es uno de esos días extraños, de esos en que tienes muchísimas ganas de decir tantas cosas y realmente no dices nada. Tienes una bola acumulada en tu garganta que quiere ser expulsada, resbalando por tu lengua y saliendo como una exhalación por tu boca. Y sin embargo no dices nada…

Pasan las horas, y por suerte para ti las pasas con un par de personas geniales, de hecho de las más importantes de tu vida, a los que puedes considerar tus mejores amigos. Ese hermano que te escucha a cualquier hora cuando lo necesitas, ese primo que sin más se planta en tu casa y te hace compañía, al que has visto crecer y del cual te sientes tan orgulloso, te ves reflejado en él… y lo mejor es que él se ve como una prolongación mucho más joven de ti.

Esa amiga, de la cual todos siempre han pensado que sois algo más, que aunque esté trabajando siempre tiene un abrazo preparado para animarte, y aunque pasen los días y no os veáis tanto como quisierais te das cuenta que nada ha cambiado. Y ese amigo, que por suerte también es compañero de trabajo, que siempre se queda un rato a hacerte compañía cuando estás de noche… Que te saca de casa cuando te encierras en tu mundo y no quieres hacer nada más que dormir.

Esas personas a las que les dirías y darías tanto, les contarías tanto, tantísimo en tan poco tiempo… y sin embargo hoy tus palabras se han quedado resguardadas en tu mente, esa mente rota que siempre ha sido tu mayor enemiga, ese lugar solitario dónde se cuecen todas tus ideas. Pero hoy no eres capaz, hoy simplemente te sientas frente a ellos con una tez seria, les escuchas, no importa lo que cuenten a ti te parece lo más interesante que has escuchado en tu vida… Pero sin embargo no eres capaz de cambiar tu expresión, una mueca de una sonrisa es lo máximo que sale de ti.

Y te da rabia, tanta rabia que quieres gritar… pero tampoco puedes, porqué actúas así te preguntas, tu sabes el porqué, sabes qué aún no has podido pasar página, que el puzle de tu vida se ha complicado una vez más, cuando parecía que habías encontrado las instrucciones, cuando parecía que habías encauzado el camino. Todo se ha desplomado, y si lo piensas fríamente realmente no te duele. Simplemente no entiendes, y el no entender es lo que te tiene en este estado vegetativo.

Deja de pensar te dices una vez más, pero eso es tan difícil hoy como definirle colores a un ciego.




la gente se olvidó de reír 
y al Sol le cuesta tanto salir... 







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