1 nov. 2011

Entre los sueños y la realidad

Llueve sin perdón, el viento frío se ha instalado en ese día, pero a él le da igual, camina bajo la lluvia sin más protección que su empapada ropa. El sonido de las gotas rebota por toda la calle, ve gente corriendo de un lado a otro, protegiéndose debajo de cornisas y balcones, compartiendo paraguas.

Ese niño pequeño alentando por la madre a que corra para no mojarse, cuando ya va calado hasta los huesos, le saca una pequeña mueca, lo más parecido a una sonrisa. Esa madre cruza una mirada con él, con una sonrisa en la cara coge la mano del niño y él les cede el paso sin más. Ella agradecida asiente y siguen corriendo.

Sus pasos no van a ninguna parte, su mente no necesita trazar un plan, un camino, un destino al que llegar. Sigue caminando bajo el relámpago que acaba de cruzar la calle, se aparta el pelo de la cara, lo coloca ese mechón rebelde tras su oreja y vuelve a mirar. Se fija en cada detalle, en cada situación, el transportista intentado que la carga que tiene que entregar se moje lo menos posible, aquel camarero que hecho un pincel sale a guardar las sillas de la terraza…. Tarde piensa él.

Sigue caminando, cada vez más lejos de casa, cada vez más cerca de nada, el cielo parece enfadado, los truenos se hacen cada vez más fuertes, la lluvia empieza a caer con mucha más furia, los coches no paran de hacer ruido con sus pitos… La gente tiene prisa, y no entienden que tan solo es agua.

Un soplo de aire frío le golpea la cara como la bofetada más seca que jamás haya recibido, sin embargo a él no le duele, no en este momento, nada puede molestarte, la gente no entiende por qué camino a ese ritmo, por en medio de la calle, sin protegerse al menos bajo los balcones de los edificios… Nadie comprende sin más, esa situación.

Y él simplemente sonríe, simplemente camina, simplemente ve, oye y calla… De ese trance solo le saca una visión, un pequeño coche que se acerca en dirección contraria, que reconoce al instante, y que cuando está a su altura se para y pita varias veces, gira su cabeza y lo ve, allí está ella sin más, con un gesto de hombros sabe que simplemente le está preguntando “¿qué haces, tonto?”, él le devuelve el gesto, se encoge de hombros sin saber realmente que responder.

La muchacha baja la ventanilla arriesgándose a que se le moje el interior del coche y con un “vamos sube, corre!”, le invita a tomar asiento a su lado. Mira al cielo, mira su reflejo en los cristales tintados del coche y piensa en que ya está bien por hoy… Se sube al coche, y sonríe, ella sonríe, se miran, ríen, se entienden sin hablar. El cielo empieza a despejarse tan rápido como desaparece la lluvia, el sol sale con más fuerza que nunca…

Y entonces despierta, despierta con una sonrisa, se ríe en voz alta, y reconoce al instante el significado de ese sueño… y simplemente revisa las horas que quedan para verla una vez más, y sentirse feliz, entrar en su burbuja y vivir.




Me gusta darte un beso cuando estás dormida
Por las mañanas te levantas mucho más agradecida


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