26 nov. 2011

Odio y lástima...

Una madrugada, de un viernes cualquiera, de una noche que pretendía sacarte de la monotonía y llevarte a vivir sensaciones perdidas, una madrugada impía dónde las almas desoladas se juntan para brindar sin más… te das cuenta que oficialmente estás destruido.

Estás escribiendo esto con no sé cuantos grados de alcohol en tu cuenta, pero eso da igual, porque esta noche has recibido una lección de ti mismo que no pensabas que fuera así. Cuando ese día fatídico pasó, lloraste como un niño, viste como tu vida se perdía en cuestión de segundos, de palabras, de vaciar tus sentimientos y dejarte sumido en un mundo de tinieblas.

Cuando todo eso pasó, decidiste sin más escupir ese sentimiento, esa forma de vivir, esa necesita supra humana. Decidiste vomitar esa bilis de fe que te había hecho feliz… todo ese compendio que te hacía débil e indefenso, fue sacado lenta y dolorosamente de tu piel, tus entrañas, tu mente, tus ideas… Y creíste que estaba todo arreglado. Qué podías pasar página y no dudar de tus pasos.

Verte nuevamente restablecido tan rápido fue increíble, ese día fatídico fue el único en que tus lágrimas viajaron por tus ojos, sintiéndose poderosas en tus mejillas y acabando ahogadas en tu barba. Y aunque sabías que la echabas de menos, y que te apetecía decirle tantas cosas, eras fuerte y pasabas de ello. No pensabas, simplemente intentabas vivir tú día a día sin más…

Pero esa madrugada te diste cuenta que no habías cerrado todas las puertas, que no habías pasado todas las páginas, que no habías apagado todas las luces de la esperanza. Esa noche sabías que no eras tú mismo, que a ti no se te atragantaban situaciones en las que pudieras recibir un no, que a ti te daba igual si alguien venía y te giraba la cara, que tu ser descarado se había apagado, que tu melancolía te atrapaba en ese taburete de bar, y aunque en el juego de las miradas habías tenido las de ganar… esta batalla la habías perdido.

Te miraste al espejo y no te reconociste, te abrazaste a un recuerdo y una lágrima besos tus labios nuevamente, intentaste dormirte y simplemente fuiste capaz de escribir estas palabras. Y aún te preguntas por qué todo tuvo que acabar de un día para otro, por qué cambiaste y dejaste sacar ese cuerpo endeble y lleno de amargas yagas, por qué no escondiste tus cicatrices y te dedicaste a ser ese yo que tantos temen y sin embargo les agrada… 


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