22 jul. 2011

Desborde mental

Otra noche más despierto, la música no para de sonar en ese pequeño zulo, y sin embargo sus oídos parecen no escuchar. Su mente lejos de dónde está su cuerpo ahora, busca una forma de recuperar esa protección que ha perdido.

Después de tantos años soportando la vida, la mala que le ha tocado vivir, su mente había conseguido crear unos muros, una presa realmente resistente donde cualquier cosa podría entrar, pero no salir. Y mucho menos afectarle.

Y ahora su pequeño mundo onírico se ha roto, la presa se ha desbordado, su voz tiembla al hablar, su mente no consiguió cerrar esas pequeñas fugas que ahora se han convertido en una verdadera tormenta. La lluvia ácida le moja la cara, arde en su piel y le muestra todo ese dolor contenido.

Sus ojos no pueden mirar hacia otro lado, sus amargas lágrimas acuden a cualquier hora, besándole sus mejillas, llegando hasta el cuello y perdiéndose en esa espesa barba que le acompañada en su día a día. No entiende cómo ha podido llegar a esta situación, no sabe cómo ha podido caer en los errores del pasado, no quiere seguir viviendo esta agonía… pero también reconoce que él solo no va a conseguir salir de ahí.

Esa oscuridad que le araña la espalda, esa agonía que le canta al oído, esa soledad que le abraza, ese frío que acaricia su cuerpo tumbado en ese tempano de hielo que es hoy su cama. Y la luz le abandona, no tiene fuerzas ni para fingir una falsa sonrisa, no tiene motivaciones para seguir viviendo un día a día que cada vez pesa más. Sus pasos se ahogan en arenas movedizas, sus brazos no luchan por salir. Y su mente se ha quebrado partiendo su alma en dos… y yo me pregunto: ¿Quién de vosotros tendrá el valor suficiente de ayudarle?



Cadenas que mis penas arrastran por la arena. 
Sálvame.

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