10 jul. 2011

Murphy apierta... y a veces ahoga

Todos o la gran mayoría, conocemos la dichosa Ley de Murphy, esa maldita ley en que si algo puede salir mal… acaba saliendo peor si o si. Si se cae esa jugosa  tostada con su mantequilla y su mermelada, esa misma tostada que estas deseando llevarte a la boca, sabes que siempre caerá por la cara untada.

Cuando pienso en todas las cosas que están pasando en mi vida, es fácil recurrir a la frase de que las desgracias nunca llegan solas. Cuando parece que las cosas se arreglan, solo lo parece. Es más los astros se alinean para que la gente se monte películas y acabe metido en movidas que yo nunca me he buscado.
Pero si Murphy siempre está presente en la vida cotidiana de todos, en el día en el que celebre mi cumpleaños, hace un alto. Abandona a los demás y se centra en mi, sea lo que sea que haga para celebrarlo, acaba teniendo consecuencias.

Por suerte o desgracia, no siempre tiene que ser sobre mi persona, aunque lógicamente me afecta a mí directamente. Ver que las personas que he decidido que estén en mi vida, que lo estén celebrando conmigo, lo están pasando mal, sin duda me afecta. Desde una simple broma hasta una movida más seria. He llegado a presenciar hasta tortazos…

Hace varios años que ya no pensaba celebrar más esta fiesta anual, por el mismo motivo que os mencionado. Pero después de dos años sin hacer nada, volví a retomar la idea… y parece que Murphy no se olvidó de mí… En fin, este año por lo menos he acabado mejor que los otros.

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