24 jul. 2011

Y cuando crees que ya está... no está

Cada día que pasa le cuesta más levantarse, pasan las horas y sigue huyendo de esa situación que le ahoga, que estrangula su cuello hasta dejarle sin aire. Sin duda alguna está perdiendo esta batalla, esta guerra se le está escapando de las manos. Un simple mortal que no es capaz de sacar fuerzas, un simple humano que ha perdido el norte.

Pasan las horas, el teléfono no suena… No esperaba más. Él sabía tan bien como yo que su suerte no había cambiado, por unas meras horas en las que perdido en su mundo de dolor había encontrado un resquicio, un pequeño soplo de aire rodeado de gente que le hacía reír, le contaba sus historias… aunque a él poco le importaba ya.

Mira a su alrededor, coge ese instrumento que tantas veces le ha sacado de la agonía, empieza a tocar esa melodía de guitarra que tantas noches a ahogado sus penas. Pero hoy no, su cabeza apoyada en el cuerpo de su guitarra, sus manos acariciando las cuerdas, creando una melodía que tan solo consigue que sus ojos, perdidos sin saber ni a donde enfocan, se llenen de lágrimas.

No hay nada ya, nada que pueda sacarle del trance, esta caída vertiginosa empieza a ser cada vez más veloz. Y se pregunta una y otra vez el paradero de la única persona que hoy podía sacarle del trance. Esa dama de la oscuridad que con una sonrisa podía hacer más en unas horas que cualquier bufón durante años… Nadie a su alrededor, completamente solo, y solo puede agradecer con palabras a otra persona, que sentada en la lejanía, tras una pantalla de ordenador, intenta sacarle una sonrisa. Y él se lo agradece, pero tanto ella como él saben que no es la persona que está buscando.

Un trago de amargura para un día nada bueno, y sigue dándole vueltas a la cabeza, no entiende que ha hecho para merecer esto, no entiende a esas personas que primero usan el sí y en el momento de la verdad es un no. Aunque esta vez, no ha habido ni contestación, el simple vacío. En algún momento de la noche, de esa larga y última guardia que le queda, le encantaría abrir los ojos y toparse de frente con esa mirada azul eléctrica que tanto desea.  Pero tanto él como yo sabemos que eso no pasará… y tendrá que conformarse con llegar a casa un día más, intentado que su familia no se dé cuenta de nada, meterse en la cama y seguir sin dormir… Y seguir sin entender nada de nada. Mirar sin ver, oír sin escuchar.




Perdiéndose en el Dolor
Buscándome... ¿Para qué?

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