1 jun. 2011

Holocausto: Atardecer

25 de Diciembre de 2010, un día en esta maldita ciudad y me parece un siglo, no paramos de correr de un lado para otro. Disparos, hombres abatidos, zombies que no quieren morirse… y no hay rastro de D. Hemos estado rastreando las zonas menos concurridas, buscando sin suerte varios útiles de supervivencia.

De momento solo hemos encontrado guerra, muerte. Es triste ver como los hombres se matan unos a otros. Desde que empezó el Holocausto parece que el mundo se ha vuelto loco, incomunicados hacia fuera de la isla, no sabemos si está pasando lo mismo en el resto del mundo, los humanos buscan la manera de sobre vivir, los podridos la de alimentarse de carne fresca, los militares parece que se divierten cumpliendo las órdenes que Jk nos comentó.

Maldita sea D, dónde cojones estás… no me queda mucho tiempo en la ciudad cuando empiece el atardecer saldremos por donde hemos venido.



A veces un rayo de sol aparece cuando menos te lo esperas,  a escasos minutos de dejar la ciudad, el pelotón de reconocimiento que capitaneaba encontró lo que estaba buscando. En un pequeño edificio de una planta, con el techo derruido, los cristales de las ventanas rotos, el sonido de un cuerpo golpeado saliendo de dentro. Se podía oír de lejos como la sangre salpicaba contra el suelo.

En el silencio de la ciudad, golpe tras golpe se oía con el eco del viento. El cuerpo machacado por tremenda paliza ya no mediaba palabra, ni un gemido de dolor, ni un grito que rompiera el cielo. Apostado en una de las ventanas, apuntando con mi arma… mi alma cayó al suelo como un bote de cristal, rompiéndose en mil pedazos. Pude observar como varios militares tenían atado a D a uno de los pilares que aún se aguantaban en pie de ese recinto.

Un grupo de unos 4 militares se turnaba para golpear el cuerpo semidesnudo de D, golpes de todos los colores, su cabeza aún se aguantaba firme. Después de un puñetazo, escupió sangre y les volvió a mirar. Parecía que D estaba disfrutando con todo esto, después de un culetazo en el estómago, D se rió en voz baja. Era increíble, o había perdido completamente la cabeza o ya no era humano…

Después de ver todo esto completamente paralizado, salí del shock justo a tiempo, uno de los soldados se había hartado del maltrato físico y estaba a punto de acabar con la vida de D, le había metido una pistola en la boca, jaló el gatillo… y disparé, una nube de balas detrás de mí acabaron con el resto de soldados. Cuando cayeron todos, entre corriendo, me acerqué hasta D, su cabeza había perdido toda la fuerza de hacía unos minutos, cuando le desatamos su cuerpo se desplomó hacia delante, le cogí en mis brazos. Estaba ensangrentado, magullado, llegaba golpes en cualquier sitio de su cuerpo, pero por suerte aún respiraba. Descansa hermano ahora ya estás a salvo...

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