16 ago. 2011

Holocausto: Doblan las Campanas


4 de abril de 2012, habían pasado 2 días desde nuestro apoteósico rescate, N seguía durmiendo plácidamente en mi cama. E había estado a su lado cuidándole, de forma realmente extraña, vamos que parecían algo más que amigos. J y yo habíamos estado intentando sacarle información, lo único que conseguimos averiguar que habían estado trabajando en algo juntos desde hacía unos meses… Demasiado secreto en sus palabras.

Durante esos dos días el ataque de podridos había menguado de manera considerable, se podía hasta vivir en harmonía. Tal vez la explosión había conseguido llamar a ese gran número de podridos e intentaban llegar hasta la ciudad.  Seguí charlando con E, me contó que la ciudad era casi peor que vivir en nuestras condiciones. Si bien es cierto que estaban completamente protegidos de la plaga, vivían como ratas, amontonados en pequeños zulos. Trabajando en las calles para el beneficio de los peces gordos. Tan solo los nobles tenían privilegios y vivían en el corazón de la ciudad flotante como verdaderos reyes. Cosa que me enfurecía.

Dentro de lo que cabe las noticias eran buenas, una pequeña cantidad de nuestros amigos seguían vivos, por lo menos sabía que V seguía viva. Era la única que quedaba del grupo inicial, a parte de J y un servidor. Por lo que me contó E, las mujeres de los barrios bajos eran tratadas como esclavas y los hombres como mercenarios… El mundo se ha vuelto jodidamente loco allí dentro, doy gracias de estar fuera de esos muros.




Nuestra conversación cesó en el instante en que oímos unas pequeñas campanas, J y yo habíamos colocados pequeñas trampas, y un sistema que nos avisara que teníamos visita. Miré a E y no hizo falta decir nada más. Se escondió en el cuarto junto a N, sin hacer ruido. Subí por las escaleras hasta la terraza, J tomó su posición habitual de defensa. Desde donde estaba los dos nos veíamos perfectamente, nos teníamos cubiertos el uno al otro.

Miré con los prismáticos, un pequeño grupo de podridos estaba caminando por en medio del pueblo. Era raro que a plena luz del día estuvieran por ahí, monté el silenciador a mi rifle mientras le hacía señas a mi compañero de batalla. 5 podridos al este de su posición, J parecía intranquilo, no entendí su reacción… Salió como una exhalación hacía el grupo de podridos, haciendo un escándalo. Los podridos corrieron hacía él, les combatió con el machete en mano, tuve que moverme, no tenía a tiro a ninguno debido a esa estupidez.

Salté al tejado contiguo, corrí unos cuantos metros hasta el borde y por suerte llegué a tiempo, después de verle desmembrar a uno de los podridos, uno de los restantes saltó sobre él, le iba a coger por detrás. Solo un segundo más tarde, y solo Dios sabe lo que hubiera pasado, pero llegué a tiempo para disparar y reventarle la cabeza a ese animal apunto de cazar a su presa.  Otro disparo certero en uno de los podridos que aún se movía en el suelo. Sin embargo en la cara de J no había signo alguno de bienestar al a ver sido salvado. Seguía con esa cara mustia.

Bajé de aquel tejado como pude y me acerqué lentamente, cerciorándome de que estábamos solos. Cuando llegué J estaba regando los cuerpos con un poco de gasolina para quemarlos, como hacíamos habitualmente. Le puse una mano en el hombro y enseguida se apartó, le miré extrañado, y sentí una sensación que jamás había sentido viniendo de él, un mal rollo que se vio in crescendo cuando con un tu no lo entenderías me apartó de un empujón, tirándome al suelo. Y se fue a paso rápido… ¿qué cojones le pasaba?



Me he girado a ver todo lo que dejo atrás
Pensar que he crecido aquí, entre vuestra mezquindad


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