19 ago. 2011

Y la fórmula funciona...


Es curioso ese síntoma que crea ese deporte en mí, ya comenté por aquí una vez, que cuando práctico mi deporte favorito siento una sensación de libertad que consigue que me deshaga por unos instantes de todas mis preocupaciones. Aunque llevaba unos cuantos partidos que no conseguía que eso pasara, por desgracia.

Pero ayer después de muchos días, incluso semanas, cabizbajo, sin ganas de mucho, y comiéndome la cabeza más que viviendo, el fútbol me hizo sentirme algo más distraído y despreocupado, me hizo sentir ese instante de felicidad que tanta falta me hacía. Lógicamente es algo efímero que durará unos días… es difícil que se prolongue mucho más.

Sin embargo, esa sensación de plenitud me la dio el simple hecho de jugar un partido con los amigos, disfrutar del momento, sentirme libre, sentirme vivo. Y eso se notó en mi juego, en mi forma de moverme entre líneas, a la hora de definir de cara a portería, o dar un pase de gol sin mirar.

Supongo que para el que vea el fútbol como un deporte zafio, de bárbaros, que se dedican a correr detrás de un balón como unos pollos descabezados. No comprenderá esa sensación, cosa que entiendo sin problemas. Para gustos colores, y para tetas sujetadores.

De hecho a mí esa sensación de felicidad me cogió de sorpresa, que se marque una sonrisa en mi cara sin que tenga que forzarla, es un tanto raro, algo que se consigue en contadas ocasiones, cosa que como pude observar yo mismo, se dejó ver en mis pies mucho más sueltos, en mi cabeza mucho más atrevido que en partidos atrás, en mi mente.

Tal vez os parezca una tontería, pero era algo que tenía dentro y quería compartir, es una lástima que no pueda jugar de esta forma más a menudo… de hecho es una lástima que se haya perdido el mundo mi talento, egos a parte. Ya sabéis que no tengo abuela, así que me lo tengo que decir yo mismo.




Dame vida, dame
Dame un momento, dame

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