15 ago. 2011

Holocausto: Fuegos Artificiales


2 de abril de 2012, fue una ardua tarea pero les sacamos de ese embrollo. Un tanque sin gasolina en medio de una multitud de zombies y soldados disparando desde el otro lado del puente. Parecía que lo que llevaban aquellos dos era sumamente importante, sino para que se habrían molestado en seguirles…

Con todo lo que habíamos vivido juntos, J y yo sabíamos que no había mejor forma de pasar desapercibidos entre los zombies, que camuflando nuestro olor a humano. La primera vez que realizamos tal acto, los dos vomitamos como dos malditas colegialas, untarse el cuerpo con la sangre de los podridos y llevar pedazos de vísceras metidos en los bolsillos o en una mochila, no es realmente agradable. Pero funciona.

Así fue como pudimos llegar hasta el tanque sin ser detectados, nos arrastramos por debajo de las enormes urugas que elevaban la cabina y conseguimos entrar por abajo. Cuando entramos en la cabina descubrí quien era N. No podía imaginar cómo había llegado hasta ahí, pero me alegraba tanto de verle, habíamos crecido juntos, era uno de mis mejores amigos, y ahí estaba vivo y coleando, bueno coleando no tanto ya que tenía una herida bastante fea en la pierna provocada por una bala.

No fue fácil cargar con él, y mucho menos que aceptaran embadurnarse con las vísceras que llevábamos en una mochila. Por suerte entendieron que la situación era a vida o muerte, si querían salir de ahí necesitaban pasar por ese trámite, un asqueroso y maloliente trámite. Por suerte para nosotros, los dos nos demostraron que nuestra manera de vomitar la primera vez no era única. Sendos potados llenaron el tanque creando un olor nauseabundo entre la sangre, las vísceras y lo que recién acaban de sacar de sus estómagos. Tuvimos que salir casi a la fuerza de allí dentro.




Caminamos entre los podridos, tambaleándonos de lado a lado, siguiendo su ritmo lento y pesado, de fondo podíamos observar fogonazos de esas armas que disparaban al otro lado del puente. Por suerte entre todo el tumulto de zombies, era imposible que nos distinguieran, sin embargo antes de marcharnos dejé un recadito en el tanque. Era una pena, pero fue una fuente de distracción mucho más duradera y divertida. Cuando llegamos a la altura de dónde teníamos el coche, saqué un pequeño mando… Miré una vez más atrás y apreté el botón.

El tanque explotó en mil pedazos, haciendo añicos una gran parte del puente, y matando a un buen centenar de podridos.  J, E y N se quedaron atónitos ante la situación, una sonrisa se dibujó en mi cara y nos subimos al coche como si nada hubiera pasado. Salimos de ahí cagando leches. No tardamos en llegar a nuestra humilde morada, rápidamente sacamos un poco de agua del pozo para curar lo mejor posible la herida de N, y sobre todo quitarnos la pestilencia de encima.

La primera en usarla fue E, estaba ansiosa por quitarse la pestilencia de encima, rápidamente se quedó en ropa interior frente a nosotros. J y yo no podíamos apartar la vista de ese cuerpo femenino semidesnudo ante nosotros, en un holocausto de tal magnitud el contacto humano era mínimo desde hacia tiempo y mucho menos con una mujer. En ese momento pudimos asegurar que no estábamos tan muertos como creíamos.

J se aseguró de curar bien la herida de N, sacando la bala que estaba alojada en su gemelo, después de todo el dolor que había estado soportando con la herida más el esfuerzo que tuvo que hacer durante la cura, N cayó rendido, en un profundo sueño. Por el momento le íbamos a dejar descansar, pero necesitábamos algunas respuestas.


Oh Mama I´m fear for my life


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