13 ago. 2011

Holocausto: Presagios


1 de Abril de 2012, la noche nos abrazaba, más espesa de lo normal su oscuridad besaba el cielo, repleto de nubes. Parecía que iba a ser una larga noche, larga y aburrida noche. Sin embargo J estaba intranquilo, no le gustaba el tiempo, creía que era un presagio de que algo iba a pasar, así que decidió quedarse despierto, aunque me tocaba a mí hacer guardia.

Estuvimos hablando durante horas, inmersos en conversaciones de lo que más raras, incluso hablando de lo que sentíamos, y lo que haríamos si conseguíamos salir de esa situación. Bueno lo que J haría, ya que yo no tenía ningún motivo más que su amistad para seguir viviendo. Un ruido muy poco familiar nos hizo salir de esa anestesiante conversación, los dos agarramos nuestras armas con firmeza y miramos por cada recoveco, por el cual nos pudiera atacar.

Sin embargo el ruido venía de dentro, debajo de una manta, un ruido como de rasgado. J apuntó mientras que yo apartaba la manta de un tirón. Y para nuestra sorpresa mayúscula, solo encontramos esa radio de campaña, las ondas nos saludaban. Una voz femenina venía desde el otro lado. Una voz que extrañamente nos sonaba familiar. Contesté rápidamente, y entablamos una conversación para saber quién era y dónde se encontraba.  Su nombre E, su acompañante, N, se encontraba herido y necesitaban ayuda. Juraban tener algo sumamente importante pero que por precaución no podía decir.

E y N, se encontraban a las afueras de la ciudad, al otro lado del puente. Era demasiado arriesgado, era acercarnos demasiado al enemigo. J y yo estuvimos debatiendo que hacer, nos parecía igual de peligroso a los dos, sin embargo J me recordó el presentimiento que había tenido, y no sabía el porqué pero algo le decía que teníamos que ayudarles. Siempre confiaba ciegamente en él, así que le miré, pulsé el botón de la radio y les dije que no se movieran de ahí.



Nos armamos hasta los dientes, miramos que hubiera gasolina suficiente en la carraca que usábamos para transportarnos de un lugar a otro, no queríamos quedarnos tirados a medio camino, y mucho menos con la plaga de zombies que rodeaba la zona del puente. El ruido y las luces que emitían esa ciudad en medio del mar les atraía como la miel a los osos. En parte era bueno para nosotros que vivíamos en un pueblucho entre montañas, dónde la oscuridad nos mantenía a salvo y el silencio era nuestra mejor baza.

No tardamos mucho en llegar a la zona, le dije a J que debíamos dejar el coche cubierto en alguna zona, si por lo que fuera lo perdíamos… estábamos casi muertos. Lo dejamos cubierto de unas cuantas ramas, un camuflaje que en esa noche era casi perfecto. Y seguimos a pie, por el camino eliminamos a unos cuantos podridos, hasta llegar a la zona conflictiva. Con los prismáticos se podía ver como miles de podridos estaban caminando sin cesar por el puente, lenta y pesadamente, ensimismados por las luces que emitía la ciudad. Y en medio de esa muchedumbre no muerta, un jodido tanque.

J y yo nos miramos sin saber qué hacer, ese tanque se nos escapaba a nuestras posibilidades bélicas… De pronto desde la escotilla de arriba, pude ver como se asomaba una persona, volví a mirar por los prismáticos, y descubrí quien era E, que hacía ella ahí, ni idea, como había conseguido un tanque tampoco, y porque no lo estaba usando para barrer a los zombies menos aún. Pero cuando le dije a J que mirara por los prismáticos, los dos sabíamos que debíamos llegar hasta ahí.


Can you feel that?
Oh Shit...

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