18 abr. 2011

Holocausto: Desterrados II

3 de Diciembre de 2010, después de pasar la noche en el bosque, sanos y salvos, el sol empezó a asomar por el horizonte. No sabíamos la hora en la que nos podíamos encontrar,  durante la caída J había perdido su preciado reloj. Y yo nunca he sido de llevar relojes… una vez que la luz empezó a incidir con fuerza pude ver todas las heridas que se había hecho J.

Varias magulladuras por todo el abdomen, cientos de pequeños cortes por todo el cuerpo, un corte en la cena que habíamos podido cortar la hemorragia gracias al agua del arroyo. Nunca me había sentido tan aliviado de no ser él, después de todo lo que habíamos pasado, tan solo tenía unos pequeños cortes superfluos en los brazos, y algunos  en las manos tras todo el trabajo que había realizado para crear las armas.

Estaba todo tranquilo, no había indicios de zombies a las cercanías, tampoco habíamos podido pegar ojo, esta vez queríamos estar los dos en pie por si había que salir corriendo. Durante las horas que pasamos en silencio no paraba de pensar en el momento en que vi como J era arrastrado a una muerte casi segura por el precipicio. Y me preguntaba que habría hecho yo en ese momento, me hubiera rendido o habría seguido luchando, es algo que nunca podré saber.

Cuando la niebla de la mañana se escampó, J y yo decidimos que era hora de movernos, volver a la carretera, encontrar algún método para salir de la zona e intentar llegar hasta la ciudad. J quería volver a subir por donde habíamos bajado. Pero razonando que por ahí podríamos encontrarnos con podridos, le comenté deberíamos seguir caminando a través del bosque, ya que no habíamos visto indicios de podridos.
Una vez elegido el camino nos pusimos en marcha, los dos caminábamos pesadamente, entre sus golpes y el cansancio de ambos, debíamos reservar energías por si acaso. Si no hubiera sido por el miedo a ser atacados, podríamos haber asegurado de que estábamos dando un paseo por uno de los paisajes más bonitos que nuestros ojos habían visto.

No podía asegurar cuanto habíamos caminado, ni en tiempo ni kilómetros, pero parecía que el sol estaba picando con mucha más fuerza, el sudor empezaba a escocer en las heridas de J. Podía verle la cara, pero dado a que siempre le digo que es una princesa cuando le duele algo, se estaba haciendo el duro. Saqué una botella de agua de mi mochila que había rellenado en el arroyo y se la di para que se refrescara o al menos limpiara sus heridas.

Mientras se paraba para adecentarse las heridas, yo me subí a un árbol. J no daba crédito a lo que estaba haciendo, pero todo tenía una lógica explicación, y funcionó. A lo lejos en medio de una explanada, pude divisar una pequeña casa de madera, de la chimenea salía humo. Miré a J con una cara de satisfacción y le marqué el nuevo rumbo a seguir.

Sin prisa pero sin pausa fuimos hasta su localización, durante el camino una macabra escena nos sobre cogía el corazón. Una veintena de trampas de Oso, colocadas estratégicamente para que destrozaran literalmente la cabeza de cualquiera que cayera sobre ellas. Y parecía que funcionaba, el mismo número de podridos muertos.

Encontramos casquillos de armas, y cartuchos de escopeta vacíos, alguno que otro podrido colgado de los árboles, eso parecía una verdadera masacre.  Ahora comprendíamos porque esa zona estaba libre de infectados. El olor realmente era nauseabundo, no parecía que fuera reciente la caza del infectado.
J y yo pensamos en que tal vez en esa casa encontraríamos al autor de esta dantesca escena, y podría echarnos una mano a salir de nuestra situación. Así que llegamos hasta la casa, nada más llegar a la puerta toqué con los nudillos... No contestó nadie. J se asomó por la ventana y no vio nadie dentro. Giré el pomo de la puerta y ésta se abrió dejándonos entrar sin problemas a la casa.

La casa parecía el museo de cualquier cazador, totalmente limpia, se notaba que quien viviera ahí era un ser ordenado.  Y de repente oí un sonido familiar de mi mochila, venía del bolsillo donde guardaba el móvil y una carcajada salió de mi boca pude observar un mensaje tan claro: “Daddy, estás bien? QUE COÑO ESTÁ PASANDO EN MALLORCA??”.


No hay comentarios: