14 abr. 2011

Holocausto

22 de Noviembre de 2010, han pasado exactamente 17 días desde que empezó el holocausto zombie. Nadie sabe cómo ni qué ha hecho que los muertos revivan y están hambrientos.  Son las 3 de la madrugada y estoy escribiendo esto en un pequeño blog de notas que he podido rescatar en nuestra escapada matinal en busca de alimentos. Aprovecho estos momentos de guardia para no caer sucumbido en el sueño, escribiendo las pocas líneas que soy capaz de pensar sin desmoronarme.

Hace 18 días estaba tan plácidamente acampando con un par de amigos en medio de la naturaleza, y hoy estoy en un pequeño pueblo a las afueras de mi ciudad, vigilando que los apestosos zombies no encuentren un hueco por donde pasar y devorarnos a todos. Siempre había pensado que si pasaba algo así, estaría preparado para ello… demasiados libros, películas, historias. Y ahora sé que por mucho que esté preparado para sobrevivir, no he sido capaz de proteger a todos mis amigos. Del grupo solo quedamos 2, nos sorprendió un reducido grupo en medio del bosque… estaban tan hambrientos que su fuerza parecía inhumana, se abalanzaron sobre la tienda de campaña. Solo pudimos salir de ahí 2, y correr con todas nuestras fuerzas, para los demás era demasiado tarde.

Podía oír sus gritos, sus llantos, podía sentir como desgarraban la carne de sus huesos y la masticaban sin piedad. Durante unos segundos mi orgullo, me hizo pararme y querer volver atrás, no podía dejarles ahí. Pero J estaba ahí, me arrastró con él con lágrimas en los ojos. Llegamos hasta el coche casi sin aliento y no paramos hasta llegar al pueblo más cercano.

Aquello era un caos, infectados por todas partes, coches ardiendo en medio de la calle, gente huyendo, niños perdidos de su familia. Un tumulto de infectados intentó parar el coche, de repente golpes y más golpes, hasta que consiguieron romper parte de la luna trasera. J empezó arroyarlos hasta que una maldita farola imposible de divisar por el disturbio nos paró en seco. Destrozando literalmente el morro del coche… por suerte para nosotros los airbags nos salvaron la vida.

Salimos del coche, buscando entre la multitud un lugar donde escondernos, se podía oír disparos y la voz de un hombre tosco dando indicaciones de donde ponernos a salvo.  Y aquí es donde paramos, una pequeña cafetería que por suerte no está mal reforzada. En un principio éramos una veintena de personas… ahora tan solo quedamos 6.

Los más osados, salieron a primera mañana buscando suerte y encontrar un modo de comunicarse con otros, saber si podíamos recibir ayuda era primordial. Nunca se imaginaron que los podridos aún estaban con energías, pudimos verlo desde una ventana trasera de la cafetería, los acorralaron y se los zamparon delante de nuestras narices. Durante estos 17 días he comprendido que hacerse el valiente solo te lleva a una muerte asegurada. En estos pocos días hemos aprendido a convivir y a trabajar como un equipo. Las reglas son simples, nadie sale solo, no se vuelve atrás a por ningún rezagado, tan solo nos llevamos lo imprescindible para sobrevivir.

Puede ser cruel el no volver atrás a por nadie… pero ya nos pasó factura cuando aún éramos 10, S, una simpática cajera de supermercado. Cuando volvíamos de una incursión en dicho establecimiento con reservas de alimentos, se torció el tobillo en la carrera, su novio no la iba a dejar atrás… Los demás cedimos, volvimos para ayudarla. Segundos después la horda de zombies estaba encima de nosotros, S y su novio fueron los primeros en caer, dos chicos más al ver cómo estaban a punto de cogerlos tiraron de ellos para ayudarles. Lo único que consiguieron es tirarse a la horda encima. Así es como acabamos siendo 6, he de decir que el siguiente podría haber sido yo, ya que mi idea fue la misma que la de aquellos dos chicos, por suerte y para desgracia de ellos. Llevaba demasiado peso, demasiada mercancía vital, para soltarla y llegar a tiempo.

No hemos tenido contacto con nadie más durante estas dos semanas, nadie ha llegado hasta el pueblo y nadie ha salido. De los que quedamos la mayoría aún se motivan pensando que cuando salgamos de aquí verán a sus seres queridos. Yo lo doy por perdido, si han llegado hasta aquí, los núcleos urbanos serán los más arrasados. Y si no fuera así seguro que habrían mandado ayuda.



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