22 abr. 2011

Holocausto: Nueva Esperanza II

6 de Diciembre 2010, No entendíamos nada de lo que estaba pasado, pero un golpe de suerte hizo que no nos mataran. Cuando el ejército nos dio el aviso para que parásemos, viendo que nos estaban apuntando no me dio ninguna sensación de seguridad. Pise el freno y dimos marcha atrás… a los pocos minutos una moto del ejército nos alcanzó, intenté una maniobra de escape, pero el soldado nos apuntó. J, me hizo parar el tractor en seco, el soldado se bajó de la moto, nos estuvo apuntando unos segundos, y de repente bajó el arma, se quitó el casco y enseguida le reconocí. Era Jk, un amigo desde hacía muchos años…

Estábamos lo suficientemente lejos para que no nos vieran, nos bajamos del trato y Jk nos comentó que estaba pasando. Se había declarado el Estado de Sitio, por el cual las fuerzas armadas tenían todo el poder sobre la ciudad. Tenían la orden de disparar a cualquier persona o zombie que se acercara a la ciudad, creasen peligro o no… Eso lo decidían ellos. Después nos contó que en Nueva Esperanza se había establecido un campamento base de lo que vendrían a ser los rebeldes, se defendían entre ellos con cualquier tipo de arma, e intentaban incursiones a la ciudad o poblados cercanos para conseguir alimentos. Muchos habían muerto otros habían caído a manos de los podridos o ellos mismos.

J y yo decidimos unirnos a la rebelión, nos parecía ridículo lo que estaba haciendo el ejército, y queríamos ayudar. Aunque realmente no sabía si podríamos… Jk trazó un plan, quería que le golpeáramos, nos lleváramos su moto y su arma. Ni J, ni yo queríamos, pero nos obligó necesitaba una excusa para dejarnos escapar y que no le pegaran un tiro a él. No pudimos hacer otra cosa, le dejamos un par de morados por todo el cuerpo, le robamos el arma y salimos por patas. Esta vez le tocaba conducir a J, las motos y yo no nos llevamos precisamente bien, de hecho el camino fue casi una tortura para mí más que un placer.

En pocos minutos estábamos en Nueva Esperanza… que nos podía deparar ese lugar, solo lo sabríamos al entrar.



8 de Diciembre de 2010, estoy escribiendo esto después de haber dormido casi 24 horas seguidas, aunque ahora me toca una nueva guardia. Nueva Esperanza se parece mucho a la pequeña comunidad que teníamos montada en aquel pequeño restaurante donde tantas guardias hice, solo que aquí soy uno más…

Aunque somos muchos, se respira un ambiente casi familiar, muchos de los que está aquí han perdido a sus seres queridos, y por tanto lo han perdido todo desde que los militares tomaron el mando. El nombre del lugar está bien elegido, nadie pierde la esperanza de que esto acabará, de que volverán a tener una familia a quien cuidar. Otros están seguros que sus familiares han encontrado otro sitio como este.

Me siento un extraño entre tanta gente, no consigo pensar en positivo como ellos, J está en su salsa. De hecho hemos podido reencontrarnos con la panadera, lo primero que hizo fue darme una galleta con la mano abierta en toda la cara, luego me abrazó y me amenazó diciéndome que no me volviera a hacer el valiente. Luego vio a J, se sonrojó y sonrió de oreja a oreja, me hizo mucha gracia ese momento, así que he decidido dejarles su tiempo. Que acaben lo que no pudieron hacer en su momento. Aunque he de tener siempre un ojo encima de J, han pasado muchos días y no se ha transformado un podrido… Cosa que me causa miedo, no quiero ni imaginarme qué pasar si se transformara aquí en medio, y no estuviera pendiente de él.


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